22 de enero de 2019
22.01.2019
Punto de vista

La chuleta

"Donde Casado dice familia por encima de todo, Vox dice eliminar derechos de las parejas homosexuales. Donde Casado dice vida, Vox dice aborto. Donde Casado dice liberar, Vox dice privatizar. Donde Casado dice artículo 155 permanente, Vox dice liquidar el Estado de las Autonomías. Cualquiera que esté en el secreto, sabe que están diciendo lo mismo"

21.01.2019 | 20:44
La chuleta

Leyendo el discurso de Casado en la convención del PP, tuve la impresión de estar ante uno de esos trabajos de máster que escribe uno de esos alumnos que no tiene mucho que decir. La estrategia de estos chicos es acumular pequeñas frases sin esquema y sin orden. Es como si estuvieran mirando de reojo cuántas páginas llevan ya. Al final le sacan gustillo a la cosa y quieren demostrar al profesor que van sobrados. Así entregan no los quince folios normales, sino que te largan los treinta. Esos son los que leyó Casado en un teleprompter en el discurso más desvertebrado y largo que se recuerda. Cada filosofía es expresión del tipo de hombre que se es, dijo uno. Si se aplica a la política, entonces la de Casado se parece mucho a la de esos listillos que se ha aprendido de memoria una chuleta para gustar al maestro.

Rajoy no habría escrito jamás un discurso tan largo y aburrido. Pero Aznar había cometido el sábado la contradicción performativa de asegurar, con un tono de tutor estirado, que Casado era un líder sin tutelas. Casado fue el único español que se lo tomó en serio. Así que intentó demostrarlo entregándose a un larguísimo discurso salido de su propia pluma, lo que se notó demasiado. Por supuesto, yo le recomendaría a Casado que leyese el gran libro de Dennett, Bombas de intuición y otras herramientas de pensamiento. Es también largo, pero muy sencillo y podría corregir sus paralogismos y falacias. Por ejemplo, en un momento dice: «Menos PP ha sido más separatismo». Desde un punto de vista estático ese es el estado de cosas. Hoy en Cataluña hay menos PP y más separatismo. Pero desde un punto de vista dinámico, la cosa es así: la política completamente errónea del PP ha conducido a su desaparición de Cataluña y a que el independentismo haya crecido mucho. El paralogismo consiste en presentar un estado de cosas verdadero, ocultando la premisa que lo explica. Parece que la primera parte de la frase (Menos PP) es la causa de la segunda (más independentismo). Pero no es así. Ambas son resultado de una premisa que se quiere ocultar y que tiene un nombre: Aznarismo.

Así que Casado, al aprenderse en su discurso las retahíla de lugares comunes de su mentor, se abraza a la premisa misma del mal del PP. Pero él, que no ha leído a Dennett, y no se atiene a la estructura lógica del argumento, no está en condiciones de percibirlo. Le pasa lo mismo a su jefe. Entusiasmado en su propio sentimiento de omnipotencia, ordenó a Vox y a Cs algo así como «Disuélvanse». Veremos si la tropa obedece, pero me temo que la cosa no va a ir por ahí. En realidad, lo único sensato que dijeron los líderes en sus comentarios posteriores, se lo escuchamos a Feijoo. «Si se lee con atención el discurso, se verá que el PP está donde estaba», dijo. Es verdad. La única diferencia es que Rajoy era más astuto y se lo callaba. Pensaba que siempre se realiza mejor una ideología que no se tiene que exponer.

Casado ha roto con esta estrategia del marianismo. En su discurso se aprecia esa voluntad de exponer el mismo ideario de Vox, pero sólo para los que están en el secreto. En este sentido, allí donde Rajoy se entregaba a comentarios castizos que permitían callar lo que todos sabían, Casado se ha ejercitado en el arte de exponer con palabras aparentemente normalizadas las ideas de Vox.

Donde Casado dice familia por encima de todo, Vox dice eliminar derechos de las parejas homosexuales. Donde Casado dice vida, Vox dice aborto. Donde Casado dice liberar, Vox dice privatizar. Donde Casado dice artículo 155 permanente, Vox dice liquidar el Estado de las Autonomías. Cualquiera que esté en el secreto, sabe que están diciendo lo mismo.

Casado espera que, de este modo, la gente de Vox vote con él y se una a los despistados que entienden que las palabras normalizadas implican ideas civilizadas. Pero el problema reside en esto: que a muchos votantes del PP ya les gusta oír las mismas ideas de Aznar, pero con las palabras de Vox. La retórica es pura libido. La gente goza con ella. Apuesto mi mano derecha a que con Casado sólo gozaron de verdad Aznar o Aguirre. Autogozo, se llama eso. Los de Vox seguro que tendrán una palabra en su retórica para este ejercicio.

El momento más sublime del discurso de Casado fue cuando recibió la inspiración poética. La musa fue generosa con él. Fue el momento en que afirmó «Somos el partido de los moderados y reformistas/ de los responsables inconformistas/ de los gestores cumplidores/ de los patriotas soñadores». Marco las cesuras prosódicas para que se lea con el adecuado ritmo. Es verdad que la cuarteta es de lo más elemental y ripioso, apenas una mínima evolución sobre la cuaderna vía o tetrástrofo monorrimo del buen Berceo, la composición poética más elemental. Sin embargo, fue lo más elevado que se pronunció allí, por mucho que, como todo lo demás, se entendiera poco. Luego ya decayó el ritmo con un sobrio enunciado: «Somos la fuerza tranquila pero implacable». Al final se diluyó completamente cuando afirmó «Somos el partido de la España de los balcones».

Por supuesto, Casado dejó claro el sentido de su pensamiento no cuando afirmó la ubicuidad divina («Estamos en todas partes» aseguró), sino cuando dijo que «el problema es la desunión de la inmensa mayoría que ama a España». Ya se sabe. El problema es la desunión de Vox, Cs y PP, los que aman España. ¿Los demás quiénes somos? No se sabe muy bien, porque el discurso de Casado fue un ejercicio de merodeo para no hablar con claridad. Eso sí: en un arranque se inventó un participio: 'naftalinada', dijo para referirse a la izquierda, lo que supone inventar el verbo 'naftalinar'. Si me apuran, ese es el olor que me sugirió su discurso. Luego fue a lo suyo. A prometer la mayor devolución de la libertad de España. Lo que de verdad signifique esa devolución de libertad lo sabrán a su tiempo los fondos buitre. Liberalización para Casado solo parece significar privatización. No concibe la libertad como una dimensión pública. En defensa de la gestión pública, de eso ni media palabra.

El discurso también tuvo su parte erudita. En un momento determinado dijo que los padres inspiradores de su ideario eran la Escuela de Salamanca, la de Chicago y la escuela austríaca, se supone de economía, no la escuestre. Es decir: Francisco Vitoria, Milton Friedman y Friedrich Hayek. Ignoro lo que sabrá Casado de estos señores. Como aquello se olvidó, nunca sabremos lo que aprobó y lo que no en sus estudios. Pero al menos estos eran gente que hablaba claro y sin el arte del circunloquio. Por ejemplo, Friedman dijo: «Hay una cortina de humo detrás de cada programa de Gobierno». Y en otro momento de su carrera dijo: «El hombre libre no se pregunta ni qué puede hacer su país por él, ni qué puede hacer él por su país». He aquí el credo del buen liberal. ¿Dónde lo ponemos, señor Casado? Si fuera español, ¿amaría a España? ¿O es que usted la ama también así, al modo liberal?

Por su parte, Hayek, en su escrito Por qué no soy conservador, dijo con todas sus letras: «Pienso con frecuencia que la nota que tipifica al liberal, distinguiéndole tanto del conservador como del socialista, es precisamente su postura de total inhibición ante las conductas que los demás adopten siguiendo sus creencias, siempre y cuando no invadan esferas de actuación ajenas legalmente amparadas». Casado sin embargo se pasó la noche diciendo que era «liberal-conservador». Las chuletas tienen esas cosas.

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