12 de enero de 2019
12.01.2019
Espacio abierto

Ni un paso atrás

"Nos deben preocupar los comportamientos que, bajo mensajes falsos y confundiendo datos, persiguen acabar con derechos y libertades que tanto costó, a tantísima gente, conseguir"

12.01.2019 | 04:00

Asistimos a un tiempo oscuro, donde vemos que los derechos y libertades que tanto costó conseguir no están brindados. Una especie de fantasma del miedo sobrevuela nuestras sociedades con mensajes falsos, manipulados y malintencionados, intentando enfrentar a la ciudadanía.

Así lo estamos viendo en los últimos meses en el panorama político, donde el auge de fuerzas políticas con mensajes de odio nos retrocede a épocas oscuras de nuestra historia reciente, que creíamos haber superado.

Un panorama político que es nuevo en España (después de décadas) pero no lo es en otros lugares del mundo. Los mensajes de odio y xenofobia, alimentados por partidos ultranacionalistas calan como el agua ante la sociedad. Los vemos a lo largo y a lo ancho del mundo. En países como Italia, Estados Unidos, Hungría, Austria, Brasil y Francia, entre otros. Y ahora también en España. Si bien es cierto que esta situación se debe a diferentes contextos, el motivo principal que lo provoca es el mismo: el miedo al diferente y al pobre.

Esta situación, de rechazo al 'diferente', se ha puesto más de manifiesto ante las crisis migratorias en los distintos lugares del mundo donde se han producido, especialmente en Europa, y ante la mala gestión por parte de los Gobiernos por incumplir con los tratados internacionales y en brindar protección y derechos a las personas que la han podido necesitar.

En Europa vemos como los mensajes xenófobos han calado en distintos países, aupado por discursos de miedo promovidos por grupos ultranacionalistas, llegando en algunos casos al Gobierno. Como ejemplos tenemos Italia, donde el ministro del Interior, Matteo Salvini, ha cerrado los puertos a las ONG que salvan vidas en el Mediterráneo al tiempo que aplica políticas criminatorias hacia las ONG y las personas. En Hungría, el primer ministro, Viktor Orbán, rechazó también la acogida de refugiados, y promovió un referéndum sobre el sistema de cuotas de reubicación obligatoria de refugiados decidido por la UE. En Estados Unidos, el presidente, Donald Trump, descendió en varias ocasiones el número máximo de refugiados que puede acoger el país. También criminalizó la caravana migrante que desde Centroamérica marchaba hacia EE UU en busca de seguridad y una vida digna, y donde en la actualidad sigue cometiendo graves violaciones de Derechos Humanos hacia las personas que buscan refugio en su país.

En otros países como Brasil, Francia y Austria también promueven, desde los partidos ultranacionalistas (algunos desde el poder) el control y blindaje de las fronteras, como si de una invasión extraterrestre se tratase, y en un contexto donde actualmente, el número de personas desplazadas a la fuerza en todo el mundo, ha alcanzado una cifra récord de 68,5 millones.

Pero no solo estamos viviendo un retroceso de derechos en materia de migraciones con discursos xenófobos y aporófobos. También vemos como los derechos de las mujeres y otros colectivos que tradicionalmente han sido vulnerados como el colectivo LGTBI también están siendo atacados por estos grupos ultranacionalistas. Mensajes que también calan en las sociedades con falsos datos que ponen en entredicho problemáticas que durante décadas, mejor o peor, se han ido afrontando y combatiendo.

Esta realidad espantosa, y que comento de forma global, está aterrizando en España, donde vemos como el discurso del partido ultranacionalista Vox, está lejos de la convivencia, el respeto, y de garantizar los mismos derechos a todas las personas. Como prueba de ello vemos las exigencias puestas encima de la mesa para apoyar un Gobierno en Andalucía, donde se recogen una serie de ofensivas que pasaban por deportar a 52.000 personas migrantes mostrando un profundo desconocimiento a la hora de hablar de las causas que fuerzan a estas personas a migrar, así como no dudan en criminalizar, desde la ignorancia, la indudable labor de las ONG que trabajan en prestar ayuda humanitaria a las personas que llegan en patera y en su integración. Llaman 'efecto llamada' a lo que es 'efecto expulsión' provocado por las bombas, las desigualdades y la pobreza que sufren en sus países.

Al igual que quieren hacer con leyes tan importantes como las de Igualdad y Violencia de Género, queriendo eliminarlas porque no reconocen la existencia de una violencia específica hacia las mujeres por el hecho de serlo, anulando de esta forma todos los acuerdos internacionales, en el marco de Naciones Unidas o la Unión Europea y cargándose también el apoyo a organizaciones de apoyo a las mujeres. Llaman 'violencia doméstica' a lo que todos sabemos que es violencia machista. Algo similar podría apuntarse desde la óptica del colectivo LGTBI, donde también quieren cargarse unos derechos y libertades que tanto nos ha costado conseguir.

Por ello, a la sociedad nos debe preocupar estos comportamientos, que bajo el mensaje falso y confundiendo datos, persiguen acabar con derechos y libertades que tanto costó, a tantísima gente, conseguir. Como nos debe preocupar que existan movimientos que promuevan el miedo al diferente y al pobre.

Por ello, no debemos permitir que la violencia, el odio y la xenofobia, atente contra los derechos y libertades de las personas más vulnerables. Por ello, ante los derechos y libertades de todas y todos, no permitamos ni un paso atrás.

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