08 de enero de 2019
08.01.2019
Amor a presión

El clan de Aguirre

07.01.2019 | 20:37
El clan de Aguirre

Son apuestos. Viriles. Proactivos. Excelente perfil comercial, si bien al primero te lo imaginas más vendiendo en El Corte Inglés y al segundo en una armería. Se saben el guión: ética del esfuerzo, darwinismo social, ley del «hombre hecho a sí mismo». Ambos «reconocen» que no pueden cuidar de sus hijos «tanto como les gustaría». Parecen familia, y en cierto sentido lo son: están donde están gracias a una misma madrina política, Esperanza Aguirre. A Pablo Casado la signora le dio el visto bueno en sus comienzos, si bien le ordenó renunciar a la gomina y viajar a Cuba a hacer, digamos, «geopolítica». A Santi Abascal, que tuvo más suerte aún, le puso doña Esperanza -sin misión previa de Carromero y Filemón- una serie de mamandurrias deluxe: la dirección de la Agencia Madrileña de Protección de Datos y la presidencia de la Fundación para el Mecenazgo y Patrocinio Social, el mismo día de cuya disolución se fundó Vox. Si no sabes para qué sirven estas tres organizaciones (además de para pagarle el sueldazo a su jefe), no pasa nada. No estás solo. Sigue leyendo.

Aguirre y sus hijos políticos, Pablo y Santiago, que no por nada tienen nombre de apóstol, son conocidos por una línea política, digamos, evangélica, si hablamos de la religión del capitalismo kamikaze. Privatizaciones de línea dura, recortes a la yugular, fobia al funcionariado y adoración por la iniciativa privada son como los mandamientos en cuanto les dejan un púlpito, pero es difícil imaginar misioneros con menos credibilidad en esto de pontificar para la Santa Empresa. Ninguno de los tres ha trabajado un solo día de su vida laboral fuera del pesebre de su partido y los cargos públicos de libre designación a disposición del PP.

Tampoco la ética del esfuerzo y la transparencia y austeridad en la gestión pública parecen ser el punto fuerte del clan de Esperanza, con la lideresa recientemente implicada por la UCO de la Guardia Civil en una de las subtramas de la Púnica, Pablo haciendo pasar por posgrados en Harvard cursillos de fin de semana en Aravaca y Santiago recibiendo en 2013 más de 183.000? de dinero público de la Comunidad de Madrid para una fundación sin actividad que le remuneraba con 82.491?.

Descartados el éxito empresarial, la brillantez académica y la pulcritud en el servicio público, ¿qué venden, los esperancitos? Pues qué va a ser. Lo que todos los malos políticos: humo. Mano dura contra enemigos imaginarios. Nostalgia. Nacionalcatolicismo. Niños de azul y niñas de rosa. Orden y disciplina (para el populacho). Banderas. Muchas, muchas banderas. Uno los ve ahí en sus fotos de Instagram poniendo cara de don Pelayo y ni se le pasa por la cabeza que se escaquearon de la mili como pudieron. Hagamos España grande otra vez, dicen, cuando lo único en lo que piensan es en destrozarse en las urnas y heredar el condado -rico, parece- de la derecha extrema patria. A la mamma se la ve orgullosa, por lo menos.

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