04 de enero de 2019
04.01.2019
Mamá está que se sale

Señorío de Mary Poppins

"Lo siento por los críticos, porque quizá al decir esto haya cometido una herejía, pero la cara de mi hijo Antonio y el aplauso final de todo el cine avalan mi opinión"

04.01.2019 | 04:00

Si no has visto ya El Regreso de Mary Poppins, ya estás tardando. Me ha encantado. Me esperaba un bodrio, porque había leído una crítica que la ponía a caer de un burro, y claro, la fui a ver con otros ojos. Lo siento por los críticos, porque quizá al decir esto haya cometido una herejía, pero la cara de mi hijo Antonio (que no cerró los ojos, ni la boca, en toda la película) y el aplauso final de todo el cine avalan mi opinión.

La Mary Poppins de ahora la interpreta una tal Emily Blunt, que por lo visto es famosísima, lo cual no me extraña, porque lo hace de miedo. Eso sí, su despegue artístico se ve que me pilló con la maternidad en general, porque ni me sonaba, oye. Encima empezaron a decirme películas en las que salía la chica, y ni con eso me suena haberla visto nunca, ni a ella ni a sus películas. Luego dice Samanta Villar que la maternidad requiere esfuerzos estratosféricos. Y tanto. Yo antes me sabía la cartelera de memoria, y ahora no sé ni los cines que abren.

En lo que no sé si Emily Blunt igualará a Julie Andrews, es en el señorío que ésta mostró aquel año. ¿Sabías que interpretó a Mary Poppins de rebote? Increíble, ¿verdad?, pues hija, el destino. Julie Andrews había estado varios años interpretando a la Eliza de My Fair Lady en Broadway, cantando, bailando, y rompiendo todos los récords de la época en representaciones y en asistencia de público. El mérito no fue sólo eso: el personaje inicial venía de la novela Pigmalión, y fue ella, Julie Andrews, quien le fue dando forma a la Eliza 'en vivo', creando la estética y los modos que definían al personaje.

La adaptación cinematográfica no se hizo esperar, y sin embargo, mientras el intérprete masculino, Rex Harrison, fue indiscutible, como protagonista femenina, ella parecía no estar a la altura, y buscaron a otra. Por lo visto no era lo suficientemente fotogénica (una forma eufemística de llamarte fea en la cara, vaya) y el papel al final fue para Audrey Hepburn.

¿Cómo fue esto? Cosas de la industria. Audrey Hepburn dijo que aceptó el papel porque, de no haberlo aceptado ella, se lo habrían ofrecido a Liz Taylor. Y así, perdida ya toda opción para ser Eliza en el cine, quiso el destino que pensaran en Julie Andrews para Mary Poppins. Y luego el tiempo puso, con un poco de azúcar, cada cosa en su lugar.

En aquel 1965 las nominaciones a los Oscar fueron, casi en su totalidad, copados por esas dos grandes películas: My Fair Lady y Mary Poppins. Y fíjate, ninguna de las doce nominaciones que tuvo la primera fue a la mejor actriz. (A mí eso me da igual, sigue siendo de todas formas una de mis películas favoritas, y para mí Audrey Hepbur tiene el Oscar, el aplauso, la carcajada, la lágrima, y la admiración por ella y por su Eliza). El Oscar a la mejor actriz lo ganó (nunca mejor dicho) Julie Andrews por Mary Poppins. Cómo lo bordaría, que cincuenta años más tarde, aún hay quien se rasga las vestiduras porque alguien se atreva a volver a interpretarla.

Pero a lo que voy: ¿sabes qué hizo Julie Andrews al ganar el Oscar? En vez de tirárselo a la cabeza a Audrey Hepburn, por usurpadora, ellas se fotografiaron juntas y sonrientes, admirando cada una el trabajo de la otra, conscientes de que hay cosas que no se pueden cambiar. Donde otro habría augurado una pelea de gatas, se encontró a dos pedazos de señoras, además de dos monstruos como actrices. Mujeres así nos deben inspirar, cada vez que nos den un revolcón: seamos señoras, además de mujeres. Feliz año a todos.

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