04 de diciembre de 2018
04.12.2018
La Feliz Gobernación

Andazulía y Murzia

Para Ciudadanos, el cambio es en Andalucía acabar a toda costa con la etapa socialista; pero ese mismo concepto, aplicado a Murcia, conduce a relevar al PP

04.12.2018 | 04:00
Andazulía y Murzia

Cuando veas las barbas de Susana Díaz pelar, pon las de López Miras a remojar. Ciudadanos ha sacado a relucir en Andalucía la palabra 'cambio', repetida hasta la extenuación en este primer tramo poselectoral. En esa Comunidad, cambio significa echar al PSOE Eternal del poder. ¿Qué significaría cambio en Murcia? Sacar al PP de San Esteban, donde anida durante dos décadas y media. No hay otra lectura.
Ciudadanos tiene dentera de poder. En Cataluña ganó las elecciones en votos; por primera vez un partido de centroderecha no nacionalista, este sí un acontecimiento histórico. Pero ni siquiera han tenido la tentación de presentarse a la investidura, pues la mayoría de los escaños están en la otra acera. Esto les ha dejado una sensación de coitus interruptus.

En 2015, cuando accedieron a la mayoría de los Parlamentos y Ayuntamientos con distintos cupos de representatividad, decidieron voluntariamente no participar en la gobernación allí donde pudieran exigirla en todo o en parte. Pero después constataron que esa reserva era infructuosa, pues fuera del poder no hay vidilla. El protagonismo público y la posibilidad de asentarse pertenece al que es aupado, no a quienes lo aupan (véase el ayuntamiento de Murcia, sin ir más lejos). Y se propusieron que en 2019 no iban a hacer el primo: gobernarían allí donde tocara o se cobrarían con alcaldías, concejalías, presidencias o vicepresidencias autonómicas o consejerías su contribución a las mayorías a las que pudieran contribuir. Empezando por Andalucía, que es por donde ha arrancado el nuevo reparto del poder autonómico.

Ciudadanos quiere gobernar. En Andalucía, con PP y Vox, si hace falta; o con el voto del PSOE y la abstención de Podemos si es que fuera verdad que ambos partidos están tan inquietos por la ascendencia de Vox y quisieran poner coto a su influencia institucional. De cualquier modo, Ciudadanos no va a regalar nada esta vez. Pedro Sánchez, que accedió al poder con el apoyo de Bildu y ERC (poco amigos de la Constitución) más las derechas independentistas vasca y catalana (PNV y los exconvergentes), adelantó la posibilidad de asociarse con los impropios, de modo que Vox no es más que otro colaborador necesario con independencia de su ideología, y más cuando es una coda que antes estaba tranquilamente empotrada en el PP.

Los socialistas abrieron las puertas a la negociación con cualquier populismo no constitucionalista, así que mejor no se quejen de que sus adversarios hagan lo propio. Tampoco caben las jeremiadas de Podemos sobre la emergencia de las derechas, pues para este partido Susana Díaz también estaba en esa escala, y su lideresa regional aseguró en campaña que «antes muerta que pactar con el PSOE». Dicho todavía con más dramatismo que los portavoces de los partidos de derechas. A ver si ahora va a resultar que Podemos lamenta la defunción de Susana.
La lectura murciana de los resultados de Andalucía ofrece como primera consecuencia esa actitud de Ciudadanos: vienen a gobernar antes que a colaborar con otros en la gobernación. Y menos con el PP si trasladaran a Murcia el mismo lema que proclaman en Andalucía: el cambio.
Si nos remitimos a las cocinillas del CEMOP, el Gobierno de la Región a partir del próximo mes de mayo sería un pack PP/Ciudadanos. Y a la vista de que no habría otra alternativa posible, es probable que los naranjas no pudieran ponerse demasiado exquisitos por mucho que crecieran de cuatro a nueve diputados, pues el PP tendría 16. Pero en caso de que se desnivelara el cuidado equilibrio con que la encuesta liquida la posibilidad de la alternativa PSOE/Ciudadanos, éste último jugaría a dos bandas durante la negociación, exigiendo para sí tanto ante populares como ante socialistas la presidencia de la Comunidad. En tal caso, el PP se resistiría, pero tal vez en el PSOE vieran alguna ventaja en convertir a su líder regional en vicepresidente de un Gobierno liderado por Ciudadanos, pues obtendría dos premios: uno, echar al PP; dos, tocar poder después de veinticuatro años, aunque fuera de manera vicaria: media docena de consejerías siempre serían mejor que ninguna. Dicho de otra manera: en el PP no querrían pasar de la presidencia a la vicepresidencia, pero en el PSOE les importaría menos pasar de la nada a la vicepresidencia. Esta es la baza de Ciudadanos.

Me consta que su plan sería intentar obtener la presidencia de la Comunidad si pudiera negociar la constitución del Gobierno a dos bandas, tanto con el PP como con el PSOE. La actitud del candidato de Ciudadanos en Andalucía al anunciar, tras los resultados, su disposición a solicitar la investidura, avala la disposición previa de ese partido en Murcia: no se conformarán con ser bisagra, sino que exigirán el timón. Poco importa si son tercera fuerza política, pues Pedro Sánchez ya ha abierto legitimidad al nuevo modelo: gobierna el que es capaz de concertar una mayoría parlamentaria, da igual si es homogénea o no está integrada por los partidos mayoritarios. Así suele ser en los Parlamentos con representación multifraccionada (véase de nuevo la serie Borgen, tan instructiva).

De modo que si hay algún entusiasmo en el PP murciano por el resultado de las elecciones andaluzas y satisfacción por el final de etapa de Susana Díaz, debieran reflexionar sobre que Ciudadanos irá a por ellos en Murcia con tanta voluntad como en Andalucía contra los socialistas. A la vista está que la operación se produce con la palabra cambio. Y cambio, en Murcia, solo puede significar echar al PP. Las barbas, a remojar.

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