29 de noviembre de 2018
29.11.2018
La Opinión de Murcia
Así lo llevo

La cicatriz

Me gustan tus ojos pequeños, tristes y risueños, pero no es por eso

29.11.2018 | 04:00
La cicatriz

Me gustan tus ojos pequeños, tristes y risueños, pero no es por eso. Me gustan tus labios oscuros y cómo descansa el superior sobre el de abajo, pero tampoco es por eso. Me gustan tus dientes blancos, chiquitos, desordenados, pero por eso no es. Me gustan esos surcos bajo tus mejillas que se sonrojan con facilidad, pero no, no es por eso. Me gusta tu pelo fuerte, abundante, oscuro y brillante, pero no es por eso. Me gusta tu frente, esa frente que parece que siempre está pensando, pero no es por eso. Me gusta cómo te pasas la mano sobre ella y por toda la cara cuando estás cansado o tienes calor, pero por eso tampoco.

Me gustan tus brazos, sin apenas vello, tus codos huesudos, secos, tus manos grandes y las venas que las adornan hasta los brazos, pero no es por eso. Adoro tu pecho, tus pezones perfectos, tu abdomen suave, tu ombligo raro, tu espalda ancha y esos dos agujeros de la zona lumbar, pero por eso tampoco es.

Me gusta tu culo prieto, tus piernas delgadas y firmes, tus gemelos duros, tus rodillas huesudas y esos dedos largos y delgados de tus pies. Y me encanta lo bien que sabes, pero no, por eso tampoco es. Me gusta como piensas, cómo actúas, que me acompañes y conocer tu opinión. Me gustan tus ideas, tus chistes malos, tu voz, tu risa y tu timidez.

Y me gusta tu forma de caminar, que me llames siempre, que me llames tanto, aunque a mí me parezca tan poco y me gusta cómo me tocas, cómo me besas, cómo me acaricias, pero que por eso tampoco es.

Me encanta que nos descojonemos en el parque, en la cama o por teléfono, pero ya te digo que por eso no es. Y me mosquea que me hagas rabiar y no poder dejar de sonreír y me encanta, me encanta también.

Adoro que me emociones, que me hagas tan feliz, que me mimes, que me cuides, haber vuelto a creer, a querer, a sentir lo que no sabía ni que existía, pero insisto, por eso no es.

Te quiero, por todo eso y por nada en concreto. Te quiero por mil motivos y por ninguno, por lo que no se puede explicar.

¿Sabes que una sola gota puede derramar un vaso? ¿Sabes que una sola gota, sutilmente y a base de insistir, puede atravesar un cráneo o romper una roca? ¿Sabes que hay personas heridas que pierden la vida en una última gota de sangre derramada? ¿Sabes que hay cicatrices que marcan la piel, que atraviesan el alma y que rompen el corazón?

Hay personas que causan un daño tan callado que es apenas perceptible para el resto e incluso para uno mismo y, sin embargo, puede resultar mortal aunque sigas vivo.

Pero también existen personas capaces de reparar cualquier daño, capaces incluso, de sanar las heridas que otros causaron.

Quizá a mí me hicieron algún tipo de daño. Y quizá tú lo estás reparando. Yo solo sé que contigo ya no noto la cicatriz, ya casi no duele y, tal vez, por eso me gustes también.
Te quiero.

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