30 de octubre de 2018
30.10.2018
La Opinión de Murcia
Desde mi picoesquina

Pueblo hermano oprimido

"El Hirak, como se denomina el movimiento de resistencia popular en el Rif, es reprimido sin contemplaciones por las autoridades marroquíes: el número de presos en las cárceles de ese país supera hoy los cuatrocientos"

29.10.2018 | 18:55
Pueblo hermano oprimido

África, tan cercana. Y tan lejana. En días despejados, desde las altas cumbres de Sierra Nevada, junto a los pueblos blancos de la costa tropical nos es dado intuir, a lo lejos, su silueta. Marruecos está a un paso de nosotros. Y en el norte, el Rif. Región pobre y atrasada, limitada al Este por la localidad de Nador y al Oeste por la región de Yebala, con ciudades tan sugerentes como Xaouen, la que crearan los moriscos granadinos que huyeron de la represión de las Alpujarras de 1499.

En el Rif sus habitantes son políglotas, pero su habla autóctona es el tamazigh bereber, cuya área lingüística se extendió desde Egipto hasta el archipiélago canario. La Historia del territorio que fue parte del Protectorado español en Marruecos de 1912 a 1956 está atravesada por un proceso de aculturación árabe con el objetivo de desnaturalizar las relaciones comunitarias y tribales de sus habitantes.

En la memoria colectiva del pueblo español, la existencia del Rif está ligada a los desastres militares protagonizados por un Ejército peninsular dispuesto a defender no sólo el territorio, sino las concesiones mineras de empresarios, aventureros, políticos y aristócratas ( Romanones, Güell, el marqués de Comilas) y también del propio monarca Alonso XIII. El profesor Víctor Morales Lezcano, en su obra El colonialismo hispanofrancés en Marruecos. 1898-1926, detecta hasta 23 empresas españolas operando en el Protectorado. El desastre del Barranco del Lobo, en 1909, que está en el origen de la Semana Trágica de Barcelona por la movilización de los reservistas por el Gobierno de Maura, y el Desastre de Annual, en 1921, en el que murieron 10.000 soldados españoles, son hitos importantes de esa presencia militar. El desembarco hispano-francés de Alhucemas, en 1925, puso fin a la efímera República del Rif (1921-1926), que concluyó con el exilio de su líder, Abdelkrim al Katabi, que murió en El Cairo en 1963.

La sangría humana producto de esas guerras (del reclutamiento forzoso se libraban quienes podían pagar el impuesto de redención de quintas, unos 6.000 reales de la época) corrió paralela a los pingües beneficios obtenidos por los accionistas de la Compañía Española de Minas del Rif: 2.100 millones de pesetas en forma de dividendos entre los años 1907 y 1967, año en que la compañía fue nacionalizada por Marruecos.

Independizado Marruecos en 1956, la región del Rif no escapó de las garras de la represión. Si en la guerra de 1921-1927 se dio el empleo de gases tóxicos por el Ejército español, en 1958, y tras la sublevación de las provincias del Rif contra Mohamev V, Muley Hassan (luego Hassan II) lanzó sobre el territorio napalm, con el resultado de 8.000 muertos. Y en 1984, el monarca reprimió duramente una manifestación estudiantil en protesta por la aplicación de los planes de ajuste estructural impuestos por el FMI.

La década de los 90 del pasado siglo fue la época de cambios en Marruecos y de su aparente democratización, lo que permitió la progresiva profundización de la asociación de ese país con la UE. Incluso, a la altura de 1999, se produjo el abrazo de Mohamed VI con el hijo de Abdelkrim. Pero a la violencia anterior se unió el desinterés del reino alauita por dotar de infraestructuras a esta región del Rif, cosa que quedó patente tras el terremoto de 2004, que asoló la zona de Alhucemas con un saldo de 4.000 muertos y 15.000 personas sin hogar.

El inicio de un nuevo ciclo de protestas en el Rif coincidió con la primavera árabe de 2011. Pero el punto de inflexión en la represión y la reactivación de las movilizaciones populares se dio con la muerte en noviembre de 2016 de Mohcine Friki, un vendedor de pescado que fue triturado por el mecanismo de un camión de recogida de basuras cuando se disponía a rescatar parte de la carga decomisada por la Policía de Alhucemas.

A partir de entonces, el Hirak, como se denomina el movimiento de resistencia popular en el Rif, es reprimido sin contemplaciones por las autoridades marroquíes: el número de presos en las cárceles de ese país supera hoy los cuatrocientos.

De todos estos temas, y de la situación geoestratégica de Marruecos en el contexto de la defensa del Estrecho, hablé en la noche del pasado sábado en el Moneo, invitado al acto organizado por la Plataforma de apoyo al Rif y moderado por la profesora Celina Gironés. Precedido por el recitado de Manoli Sevilla, del grupo de teatro de Edmundo Chacour, de poemas del argentino Juan Gelma y la nicaragüense Gioconda Belli, en la mesa de debate me acompañaban el abogado Fernando Losana y la abogada de Murcia Acoge, Noelia Martínez, que abordaron el tema de los Derechos Humanos y la cogida de inmigrantes respectivamente, y los rifeños Roda Benzaza y Ahmed Zefzafi, padre del activista Nasser Zefzafi, preso en las cárceles marroquíes. Especialmente emotivos fueron los testimonios de estos dos últimos, con intervenciones que motivaron un silencio sepulcral en el auditorio: largas detenciones, arbitrarias y sin garantías, ausencia de libertad de expresión, falta de infraestructuras educativas y sanitarias, etc., fueron algunas de las denuncias expresadas por estos hermanos del pueblo rifeño. Por ello, además de colegios, escuelas y una Universidad, los rifeños reclaman un hospital oncológico, pues el número de personas afectadas por cáncer, a consecuencia de los ataques a la población con armas químicas es muy elevado.

Nasser Zefzafi, líder del movimiento Hirak y propuesto para el premio Sajarov que concede el Parlamento Europeo, se ha visto desplazado por el cineasta ruso Olev Sentsov. Como dijo el abogado Losana, la diplomacia tuvo peso en la decisión: la enemistad con el vecino africano, llamado no sólo a contener los flujos migratorios sino el avance del yihadismo, no es deseada por una UE que sigue viendo en Marruecos, pese a su absoluta falta de respeto a los Derechos Humanos, un socio preferencial.

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