19 de octubre de 2018
19.10.2018
La Opinión de Murcia
La balanza inmóvil

Ay, mi peseta

18.10.2018 | 22:11
Ay, mi peseta

Ay, mi peseta, cuánto te añoro. Hoy y precisamente hoy, hace 150 años que legalmente la peseta fue establecida como la unidad monetaria en toda España, incluida, en aquella época, las Islas Baleares, las Islas Canarias. Ceuta y Melilla. Hoy diríamos, incluido el País Vasco y los Países Catalanes (uno solo es poco).

Cuando de la noche a la mañana o agonizando poco a poco, que tanto da, la pela se iba muriendo entre nuestros dedos, para dejar paso en un principio al ecu que después se denominó euro, la ruina se nos vino encima de golpe y porrazo. De costar las cosas cien pesetas, al día siguiente las mismas ya costaban 166,66 pesetas, un incremento brutal. Así que el ciudadano medio se vio abocado a perder un poder adquisitivo enorme e irrecuperable. Si a ello se le une la crisis mundial (aunque algunos quieran echarle la culpa solo a Zapatero), el congelado de sueldos para los funcionarios, el incremento de los impuestos y el aumento del dinero negro, el euro solo trajo malas consecuencias en la economía, salvo que fueras un empresario potente que te vino al pelo.

Decía que si para España fue una ruina el euro, en Grecia ya fue la repanocha. Guerrillas callejeras, lucha cuerpo a cuerpo entre policías y manifestantes, es decir entre el poder que quería controlar las calles y el pueblo arruinado por culpa del euro. Porque a ellos les pasó como a nosotros, que al igualarse todas las monedas con un mismo y único rasero a un mismo valor, cuando el dracma y la pela eran muchos más flojas que el franco y el marco alemán, pues eso, no llegaban ni a mitad del mes. Nosotros perdimos la peseta, tan bonita con sus céntimos y sobre todo sus dos reales con agujerito central para hacer collares. Pero ellos los griegos perdieron una moneda milenaria como era el dracma. De ahí que se pasara 'del dracma al drama' de la noche a la mañana. O de forma angustiosa y lenta como antes decía. No me extraña que se tiraran a la calle para ser rescatados por una Europa desconcertada. Ignoro a qué precio fue el rescate, aunque puedo imaginar que van a estar devolviendo dinero toda la vida cien generaciones futuras de helenos.

Aquí, en España, no se llegó a tanto porque como somos tan buenos les dimos el dinero a la Banca. Esa misma Banca que cobra 38 euros por tres de descubierto en cuenta. Esa misma Banca que colapsa los juzgados a pesar de perder el 97% de los pleitos. Esa misma Banca que amenazó en su momento con cargarse el sistema financiero del país si no se les inyectaba dinero. Y la clase política, cuyos miembros suelen ser después casualmente consejeros de esos bancos o de grandes empresas, les da el dinero que las personas físicas no tienen mientras se ven desahuciados y en la calle por esos mismos bancos.

No es de extrañar con este panorama que los británicos dijeran ahí os la den todas. Cuerpos amargos. Nosotros estaremos en una isla, pero los aislados sois vosotros, los que vivís en el continente. Circulamos por la izquierda para que vuestros coches no sirvan cuando vengáis aquí. Tenemos una moneda más fuerte que la vuestra, por eso ahora nos largamos de esa Europa comunitaria que lo único que hace es costarnos dinero.

A mí que nunca me ha caído muy bien esta gente, quizás por lo de Trafalgar y su adoración por Nelson, ahora los entiendo. Ya está bien de tonterías con el dinero, pensarán. Ahí os zurzan con vuestro euro, que yo me las piro y me pelo, guiso y como mi libra esterlina, aunque sea para gastármela en horteras pamelas.

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