16 de septiembre de 2018
16.09.2018
Tribuna Libre

Títulos como campos de batalla

16.09.2018 | 04:00

¿Alguien tiene un título universitario brillante, con referencias en ´google scholar´ y ganado en buena lid, sin que medie ninguna tutela o batalla departamental? Probablemente no. Me salta de nuevo una sensación ya demasiado familiar en el espacio público en los últimos años. La sensación de sentirme idiota porque me tratan como un idiota. Una investigación periodística descubrió que Pablo Casado lucía en su pecho de español de bien un master irregularmente concedido. En cualquier país normalito esa investigación abierta le hubiera cerrado el paso a la cumbre del Partido Popular, pero bah. Estaban Casado y su entusiasta muchachada cada vez más nerviosos –el asunto había pasado al Tribunal Supremo -- cuando el mismo medio descubre irregularidades en otro master de la ministra de Sanidad. La ministra se declara inocente, el presidente la apoya, la ministra dimite, el presidente, en un tuit de despedida, proclama que la ministra restituyó la sanidad universal, como si firmar una orden ministerial fuera un acto heroico que deberán recordar las próximas mil generaciones así en la tierra como en el cielo. Como se puede comprobar, esto vende, por lo que el mejor vendedor de alfombras intercambiables de dentro y fuera de Cataluña, Albert Rivera, recordó viejos chismes sobre la tesis doctoral de Pedro Sánchez. Los medios de la estricta derecha se lanzaron a la yugular: el presidente había plagiado su tesis. Era un falso doctor. Era un impostor intolerable. Debería dimitir.

El periódico digital La Marea publicó un reportaje sobre la tesis doctoral de Sánchez hace un par de años. Es un magnífico trabajo y ahí está todo. Si Sánchez no la ha publicado es, simplemente, porque se trata de una tesis muy flojita, a ratos penosa, al borde de la indigencia intelectual y el mínimo esfuerzo expositivo. Ni es un fruto de una investigación con una metodología críticamente expuesta ni demuestra ninguna aptitud investigadora. Como cientos de tesis doctorales que se presentan (y son aprobadas) en este país. Las pruebas o indicios de supuestos plagios denunciados en un artículo del ABC se me antojan bastante endebles. Una cosa es asumir en tu discurso interpretativo una categorización de otro investigador – o un concepto teórico concreto-- y otra muy distinta fusilarla. Es la tesis de un joven político al que probablemente –como afirmaba el ahora presidente – le gustaba dar clases, pero no desarrollar una investigación o segregar literatura académica. Y frangolla en un par de años, en los ratos que le deja libre su ambición política, un texto que le sirva para conseguir el título de doctor en una universidad privada.

Todo esta escandalera no es más que crapuloso y ruin oportunismo político. La política española –y en concreto la acción de los partidos y de sus élites – merece un debate público en múltiples aspectos: la burocratización de las organizaciones y la oligarquización de sus aparatos de dirección, su financiación y autonomía, el descrédito del servicio público, la desconexión entre representantes y representados y una crisis de legitimación todavía larvada, pero en absoluto insignificante. Es curioso descubrir que España es uno de los países europeos con más titulados universitarios entre sus cargos representativos: más que en Dinamarca o en Suecia. Quizás sea más descansado obtener una licenciatura en Derecho en España que en Holanda. Tal vez en el imaginario español los títulos universitarios sigan asimilándose a los certificados de limpieza de sangre que se expedían en los tiempos del hambriento Imperio de los Austrias, sin los cuales no se podía hacer carrera ni en la Corte ni en las colonias. Para las clases medias españolas las licenciaturas y doctorados hablan de un estatus social exitoso más que de un conjunto ordenado de conocimientos y habilidades socialmente útiles.

Lo importante no es que el presidente Sánchez haya recibido la máxima calificación académica por una tesis mediocre, sino que carece de un proyecto político y legislativo viable que le permitan agotar la legislatura más allá de un marketing palabrero cada día más chamuscado. Peor que recibir un master semiregalado es que Casado acuda al miedo y a la mentira para remozar el discurso de la derecha española más carpetovetónica. Picamos una y otra vez comprándoles esta estúpida mercancía averiada y ciegos y sordos hacia lo que ocurre y no ocurre en la calle.

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