12 de septiembre de 2018
12.09.2018
Estelas en la mar
Unidad de la izquierda 

¿Y si ahora fuera verdad?

"Vuelve a generar expectación que tome cuerpo esa especie de pacto de legislatura centrado en acuerdos que pongan patas arriba la política de recortes del PP"

11.09.2018 | 17:33
¿Y si ahora fuera verdad?

Queremos creer que estamos en el buen camino para que se cierren antes de final de año estos presupuestos sociales y se empiece a recuperar el Estado de bienestar destruido por la crisis y los recortes. Ya era hora de que estos temas urgentes entraran en la agenda política.

Salta a la vista que empieza a haber cierta sintonía en la izquierda. Al menos entre los dos grandes bloques que se reclaman progresistas e identificados con la justicia social. Y reconforta a muchos que, si no en todo (que no tienen por qué), al menos se vayan medio entendiendo en algunas cosas. Y alivia a esos mismos que después de años y décadas de desencuentros, de luchas cainitas, de darse la espalda cuando no puñaladas traperas, se llegue ahora a acuerdos, y esos acuerdos se rubriquen en un clima de hasta cierta camaradería.

Era lo que algunos, entre los que me encuentro, llevaban tiempo esperando, pidiendo, incluso exigiendo. Con poco éxito, es verdad. Pero sin renunciar a que tarde o temprano, aunque sólo fuera por la fuerza de los hechos, los pactos se terminaran imponiendo a escala nacional lo mismo que se han impuesto desde siempre en el ámbito local.

Sea como sea (no ahondemos en la herida ni el reparto de culpas) tanto Pedro Sánchez como Pablo Iglesias ( Errejón lleva más tiempo explorando esa vía) y Alberto Garzón, están acabando por aceptar lo obvio. Que si algo se quiere conseguir sólo puede ser mediante la unidad; y que tal como está el panorama electoral, o se coaligan de alguna manera o caerán todos. El bipartidismo toca a su fin y con él los Gobiernos monocolores. Así lo quieren los españoles. Por lo que no queda otra que articular acuerdos, llegar a consensos y gobernar en coalición. Y eso es lo que se empezó a fraguar el pasado miércoles entre el líder del PSOE y el de Unidos Podemos. De esos acuerdos y de que finalmente se aprueben los presupuestos depende en buena medida lo que queda de legislatura.

Vuelve por lo tanto a generar expectación que tome cuerpo esa especie de pacto de legislatura centrado en acuerdos que pongan patas arriba la política de recortes del PP. Vuelve a generar esperanza que se proponga una reforma de la fiscalidad, atendiendo el mandato constitucional de progresividad, esto es, haciendo que paguen más las rentas más altas (las superiores a 140.000 euros, por ejemplo). Que se plantee rebajar los impuestos a los autónomos mediante cuotas progresivas y reducir el IVA de los productos de primera necesidad. Que se quiera regular de una vez por todas el mercado del alquiler, blindando la protección de las viviendas sociales para evitar la especulación de los fondos buitre, y no sólo de éstos. Que se suban las pensiones. Que se acuerden medidas tendentes a mejorar la educación y la ya recuperada sanidad universal. Y por supuesto, también, ya que no sólo de pan vive el hombre, que se aborden cuestiones tan simbólicas como la memoria histórica.

Son todas ellas medidas urgentes, inaplazables. Que deberán contar con consensos que vayan más allá de quienes los han suscrito para que salgan adelante porque a nadie se le escapa que aun siendo el apoyo de Unidos Podemos condición necesaria, no es suficiente.

Queremos creer que estamos en el buen camino para que se cierren antes de final de año estos presupuestos sociales y se empiece a recuperar el Estado de bienestar destruido por la crisis y los recortes. Ya era hora de que estos temas urgentes entraran en la agenda política. Pero sabemos, porque no somos ingenuos, que hay nubarrones negros a la vista. La realidad es que estos acuerdos no podrán materializarse sin una mayoría suficiente que pasa por Cataluña. Y el llamado problema catalán es en estos momentos un avispero. Como lo ha sido en los últimos tiempos, por otra parte. Por lo que no hay que descartar que los nacionalistas antepongan la independencia a la justicia social. Ni que la derecha independentista y la del resto de España sigan en una dinámica de confrontación que les favorece electoralmente. Por no hablar de la otra 'confrontación': la 'virtuosa'. Ese difícil equilibrio de pugna y colaboración entre las distintas formaciones de la izquierda ante el endiablado calendario electoral que se avecina.

Vienen tiempos complicados, es cierto. Pero, ¿y si ahora fuera verdad?

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