12 de julio de 2018
12.07.2018
El Mirador

Verdad o mentira

12.07.2018 | 04:00
Verdad o mentira

Qué es la verdad y qué es la mentira? Ahí es nada. Yo, al menos, no me atrevo a soltar una definición categórica del concepto Verdad o el concepto Mentira. Existe la verdad oficial, la verdad dogmática (o impuesta), la verdad interesada, la verdad competente o la verdad impertinente. Incluso hay muchas más clases y naturalezas de verdades. Tantas como colectivos, tribus y hasta personas existen. Tú tienes tu verdad y yo tengo la mía. La verdad, por sí sola, independiente de la gente que la interpreta, lo cierto es que no tiene más valor que el que los seres humanos quieran otorgarle? Por ejemplo, si este concepto lo estuviéramos discutiendo en un ambiente religioso, la respuesta del que ostenta autoridad en la materia sería categórica: La Verdad es Dios? Dios es la verdad absoluta, pues en Dios no cabe la mentira. Correcto. Pero en los intérpretes de Dios sí que cabe la manipulación, la falsedad, el engaño. Así que?

Sea como fuere, el caso es que la mentira no puede existir sin la verdad. Lo falso necesita construirse sobre lo verdadero. Tanto consciente como inconscientemente. Un mito se erige sobre una base auténtica. Siempre. Las mentiras históricas han nacido de las verdades históricas. Invariablemente. No puede ser de otra manera. Por eso la sabiduría cierta del antiguo refrán, cuando reza que «no hay mayor mentira que una verdad a medias»? Es que, en esto se basa, precisamente, el moderno concepto de la 'postverdad'. En las medias verdades. La mentira empieza a vivir cuando parasita una verdad. La coloniza, la empozoña, se nutre de ella, y hace nacer una verdad falsa, deconstruida y reconstruida, como los platos de la nouvell couisine. Una postverdad, o como su propia semántica indica, un después de la verdadera verdad, un detrás de la verdad auténtica, viene la falsa. Mentira con apariencia de verdad. Luego solo hay que aplicarle aquel viejo principio que recomendaba el ministro de propaganda nazi, Göebbels, aquello de «repite una mentira de continuo hasta que se convierta en verdad». Después funciona lo que decía aquel filósofo griego (creo que Esquilo) de que «la verdad convertida en mentira reside mejor en el que cree en ella que en la auténtica realidad».

Pero pongamos un ejemplo para mejor entender el funcionamiento de la mentira sobre la verdad. Y si es actual, mucho mejor para poder comprenderlo. Hace unos meses, el independentismo catalán, con el inefable Puigdemont a la cabeza, se encargaron de difundir un estudio sobre la calidad democrática de los países, que hizo el semanario británico The Economist, y que suele publicar anualmente (por supuesto, desde su punto de vista british autoexiliado de Europa) y que no deja de estar condicionado por su situación tras el Brexit. Y dice que España estaba al borde de convertirse en una flawed democracy, o democracia imperfecta, por los últimos casos conocidos que ponen en duda la libertad de expresión. Vale. Nuestro país está a punto de dejar de ser una full democracy o democracia plena. De acuerdo. Pero lo que callan, ocultan, secuestran y omiten de ese informe es que The Economist considera que en el mundo solo hay diecisiete democracias plenas. España, el año pasado ocupaba el lugar 17, y este año ha bajado al puesto 19. Bien. Consideran ahora, sin embargo, que, según esa misma clasificación, Italia ocupa el lugar 21, no es una full democracy. Ni Japón, con el 23. Ni siquiera Francia, en el puesto 29. Ni EE UU tampoco? Pero es que, la propia Bélgica a donde huyó Puigdemont como modelo democrático, ¡ostenta el lugar 32 ! El fantasma de Waterloo (hoy en Alemania) carga contra una España falta de democracia desde un país trece puestos por debajo en esa misma calidad democrática.

¿Qué quiere esto decir? Pues lo que alegaba al principio: que la mentira anda íntimamente unida a la verdad. Que el embuste necesita disfrazarse de verdad para poder ser creíble. En este caso que acabo de exponer, de la forma más plausible, de la manera más fácil y tragable, simplemente lanzando una verdad parcial, mutilada, una noticia 'capada', y sacada de contexto, secuestrando la mayor parte de la información. En el affaire catalán se ha usado y abusado de estas técnicas de fabricación de mentiras, por sistema. Su Gobierno es una factoría de mentiras. Podríamos decir que la estrategia de su procés se basa prácticamente en ello, en acumular muchas mentiras alrededor de una mentira totémica.

Y ya solo digo un par de cosas más. Primera, la actual omnipresencia todopoderosa de los medios de comunicación (incluyo en esto a las redes, claro) nos está condenando a nadar en una sociedad inundada de mentiras (medias verdades) o posverdad. Y segunda, publique lo que publique The Economist, España no es una democracia completa ni perfecta. Solo hay que examinar la ley electoral para ver que es más partitocracia que democracia. Y es que no existen las democracias perfectas, solo hay unas mejores que otras, nada más. Pero el arte de la mentira es usado por todos los Gobiernos del mundo en mayor o menor grado. Lo único a lo que podemos aspirar es a que exista la infraestructura necesaria para hacerles frente y que no creen un mundo paralelo hecho de mentiras, donde la verdad muera asfixiada por su hermana gemela, pero falsa.

Y estamos viviendo unos tiempos en que se intenta deconstruir esa verdad, igual que hacen los chefs-excelencias con el gazpacho.

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