15 de junio de 2018
15.06.2018
Espacio abierto
Política y poder 

Demasiada ironía para ser mentira

"Es tal el dislate social generado que, más que soluciones puntuales en forma de dimisiones, mociones instrumentales y otras ironías practicadas, lo que hay que ir pensando es en refundar nuestra democracia. El modelo no funciona"

14.06.2018 | 21:06
Demasiada ironía para ser mentira

"Ha regresado Torquemada", se podía escuchar hace pocas fechas en el Congreso de los Diputados. En relación a la susodicha frasecita, habría que iniciar un proceso reflexivo en relación a si, efectivamente, Torquemada ha regresado o acaso nunca ha dejado de estar presente.

El mencionado inquisidor ha pasado a la Historia de España como el más fanático y cruel de los inquisidores persiguiendo a los judíos para echarlos de España. Pero Torquemada no estaba solo. Si fue posible su obra es porque mantuvo colaboradores y éstos no le iban a la zaga: Se dice de dos de ellos, Alonso de Espina y Alfonso de Cartagena, que eran tanto o más fanáticos que él.

¿Y qué tenían en común Torquemada, Espina y Cartagena además del mencionado fanatismo? Pues que siendo los más fervientes perseguidores de los herejes judíos, todos procedían de familias judías reconvertidas al cristianismo. Menuda ironía, vital, ¿verdad? Y eso sí que tiene plena actualidad en el panorama político actual.

Los más independentistas de entre los independentistas catalanes tienen el común denominador de ser hijos de andaluces y murcianos. Los más fervientes defensores del comunismo y la lucha de clases se compran chaletes de 'a 600.000 euros'. Presentan mociones de censura los que elecciones tras elecciones ven caer en picado el apoyo recibido por los ciudadanos. Hay más: los más defensores de España tienen cuentas en paraísos fiscales; los que se las dan de ir defendiendo la huerta de Murcia, talan árboles en la huerta para construirse casoplones con piscinas sin registrar. Todos los políticos que anuncian ser liberales inundan las redes sociales vanagloriándose del ingente reparto de ridículas subvenciones improductivas destinadas a malgastar el dinero de todos y a consolidar el Estado Benefactor cuando es su partido el que las reparte y, por supuesto, hablando de liberales, me vienen a la cabeza varios casos concretos que reclaman ayudas públicas sin límite, cuando son ellos mismos los beneficiarios.

Hemos perdido el norte, si es que lo ha habido alguna vez. Es ya un mantra, por manida, la reclamación de que los políticos están donde están gracias a los ciudadanos y es su obligación mejorar la vida de los administrados, pero cuando miramos nuestros bolsillos cada vez los vemos más tocados. Puede ser que nos vaya mejor que hace unos años, si bien personalmente no me gusta que me digan que me bajan los impuestos cuando veo que el recibo del IBI es año tras año unos euros más alto, si observo que cada vez pago más en IRPF o si resulta que las subidas salariales son muy distintas dependiendo de si eres político, jubilado o trabajador por cuenta ajena (ya sea público o privado).

En definitiva, es tal el dislate social generado que, más que soluciones puntuales en forma de dimisiones, mociones instrumentales y otras ironías practicadas, lo que hay que ir pensando es en refundar nuestra democracia. El modelo no funciona, promueve la actuación, cuanto menos picaresca de los que tienen menos escrúpulos, además, beneficia sobremanera a quien no está dentro del sistema sino por encima y se establece reglas completamente distintas dependiendo de si perteneces a determinadas élites o tienes que verte abocado a permanecer, pese a tus capacidades, en un estrato social que no te correspondería en un escenario de competencia perfecta.

Necesitamos líderes cuya bandera sea la honestidad y cuya misión sea más bienestar para los españoles. Líderes humildes que dejen de ver la paja en el ojo ajeno sin ver la colaña en propio, líderes que hagan notar en los bolsillos de cada español que formar parte del sistema merece la pena. Debemos promover y exigir la llegada de líderes capaces, que establezcan, de una vez por todas, sistemas adecuados de gestión y control de lo público que permita medir adecuadamente su gestión para ser evaluada de manera inmediata y acaben, de una vez por todas, con los despilfarros generalizados y promotores de corruptelas.

Estoy seguro de la honradez de la mayoría de políticos. Los corruptos, sean del partido que sean, y los hay en todos los bandos, son unos pocos desalmados que no representan a la mayoría, pero no es menos cierto que uno de los colaboradores de Torquemada, concretamente el de Cartagena, habiendo sido traductor de textos de autores tales como Séneca y Aristóteles, ha pasado a la Historia más que como el gran filósofo que era, como uno de los más crueles y fanáticos inquisidores. El que tenga ojos que oiga.

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