11 de junio de 2018
11.06.2018
El castillete

Censura al Régimen

Las reformas que se precisan para hacer más civilizado este país, por modestas que se pretendan, no caben en las costuras de una democracia de tan baja calidad como la que padecemos

14.06.2018 | 21:38
Censura al Régimen

Afeaba Pedro Sánchez a algunas de las fuerzas políticas que el pasado 1 de junio le convirtieron en Presidente del Gobierno el hecho de que se refirieran al sistema político español como el 'Régimen del 78'. Sostenía el candidato socialista que nuestra democracia era homologable a las de los países de nuestro entorno. Quizá el flamante aspirante del PSOE a suceder a Rajoy no conocía una serie de hechos que ocurrieron precisamente el 30 de Mayo, un día antes del debate de la moción de censura. O si los conocía, les restaba importancia a la hora de contextualizarlos en este estado de cosas.

El primero de ellos se desarrolló en Congreso de los Diputados, donde se vivió un espectáculo jalonado de vergüenza e indignidad. Un gobierno presuntamente democrático, el del Partido Popular dos días antes de su caída, amparó a un torturador del franquismo (Billy el Niño), cuyas víctimas se cuentan por centenares, manteniéndole una condecoración y un plus económico adjunto a la misma. No existe ninguna democracia europea en la que significados represores, perpetradores de crímenes contra la humanidad, gocen de privilegios precisamente por su condición de tales. Tampoco creo que exista ninguna Fundación Adolf Hitler que reciba subvenciones públicas por hacer apología del terror, como aquí ocurre con la Fundación Francisco Franco. Ni un Ducado de Benito Mussolini, carencia que en este país suplimos otorgando el nombre de nuestro dictador a ese título nobiliario.

El segundo tuvo como escenario el Consejo General del Poder Judicial, máximo órgano de gobierno de los jueces, que impide a uno de los redactores de la sentencia de la Gürtel decidir sobre la prisión de 16 condenados, entre ellos la mujer de Bárcenas. Gracias a este veto, denunciado con contundencia por Jueces para la Democracia, aquélla elude la prisión bajo fianza a pesar de la condena de 15 años que se le había impuesto. El tercero tuvo lugar a las puertas de la cárcel de Archidona, donde ingresó Fran Molero para cumplir una condena de 5 años por haber participado en la manifestación 'Rodea el Congreso' de abril de 2013, sumándose así a la legión de procesados y encarcelados (sindicalistas, tuiteros, raperos,?) que está poniendo de manifiesto el despiadado ataque que se está produciendo contra las libertades de expresión y manifestación.

El cuarto se vivió en tierras de Holanda, donde sus autoridades declinaron proceder a la detención, solicitada por el juez Llarena, del exconseller catalán Lluis Puig, procesado en España por desobediencia y malversación. Es el enésimo plantón que autoridades políticas y judiciales europeas infligen, en relación a políticos del 'procés', a la justicia española. Lo descrito nos remite a una situación en la que parte de los aparatos de Estado están enfermos de neofranquismo, la Justicia no es independiente y la gente va a la cárcel por expresarse o manifestarse. Y ése es el caldo de cultivo sobre el que germina la corrupción, motivo central de la caída de Rajoy y consiguiente ascenso de Sánchez. Entendiendo por corrupción no sólo la mordida en la obra pública para financiar partidos políticos y a sus dirigentes, sino también la exacción sobre la ciudadanía que perpetran las oligarquías que nos roban con los sueldos, las pensiones y los precios que nos imponen. Porque los tres grandes problemas de este país (la deuda, la desigualdad y el desempleo) tienen su origen en la gigantesca transferencia de recursos que se está produciendo desde la gente a las élites, y que se soporta en un sistema crecientemente autoritario.

Por consiguiente, la censura no sólo ha de estar dirigida a un gobierno corrupto que ha robado, para reemplazarlo por otro que no robe, sino que se precisan cambios estructurales de gran calado que afronten la triple crisis institucional, social y territorial en que estamos inmersos. Las reformas que se precisan para hacer más civilizado este país, por modestas que se pretendan, no caben en las costuras de una democracia de tan baja calidad como la que padecemos. Hay que trascender el Régimen del 78.

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