19 de mayo de 2018
19.05.2018
Espacio abierto

Palestina: ¿Por qué nos cuesta tanto ponernos en su piel?

"La respuesta está en nuestra historia y al mismo tiempo subyace en nuestra actitud ante este drama humano, siendo un punto débil aprovechado por el sionismo al querer justificar sus barbaries contra los palestinos"

19.05.2018 | 04:00

Palestina en estos días, más aún que desde hace más de setenta años, está sufriendo lo que ninguna otra tierra ni otro pueblo hayan sufrido jamás. Antes ya padecía, como todos los países de su entorno de las atrocidades del colonialismo occidental; solo que sin respiro siquiera entró en unas maquinaciones del sionismo mundial con el claro objetivo de despojar el pueblo palestino de lo más valioso que tiene: su tierra y su gente.

De entrada contesto, desde mi punto de vista, a la pregunta de por qué nos cuesta –para no decir «nos es imposible»– ponernos en la piel de una persona palestina. Y la respuesta está en nuestra historia y al mismo tiempo subyace en nuestra actitud ante este drama humano, siendo un punto débil aprovechado por el sionismo al querer justificar sus barbaries cometidas contra los palestinos.

Las bandas sionistas desde sus planes tanto anteriores como posteriores a Herzl estaban dispuestos a utilizar lo que sea para conseguir sus objetivos; léase religión, ideología o la mentira pura y dura. No les importaba el Judaísmo (se declaran ateos cuando interesa), pero sí la instrumentalización del mismo.

Así mismo, nuestra historia ibérica verdadera tampoco les importa mucho; pero la expulsión de los íberos musulmanes y judíos era un filón inagotable tanto para el victimismo como para justificar ante el mundo las atrocidades que están llevando a cabo contra el pueblo palestino.

El mero hecho de hacer que todo el mundo hable del semitismo como algo de lo más tangible y comprensible es otra mentira histórica insostenible ante el menor análisis. Partiendo de que todos los que la utilizan tanto en positivo (¡tenemos departamentos universitarios del semitismo!) como en negativo («antisemitismo») entendieran y aceptasen que hubo un profeta (el más antiguo solo superado ¡por Adán!), que es Noé (paz y bendiciones sobre ambos), engendrase a Sém, ascendiente de semitas y Ár abuelo de todos los arios? Y si eso fuera poco, estos charlatanes pretenden hacernos creer que pueden distinguir, miles de generaciones o millones después, quiénes son el Ario y quienes son el Semita.

Si esto os parece ya una broma de mal gusto, preparaos a lo que sigue. Palestina, como cualquier tierra y pueblo, conoció un sinfín de culturas y religiones desde el principio de la historia de la humanidad; los tiempos avanzaban y la gente que allí convivían también hablaban idiomas y dejaban de hablar otros, rezaban a dioses y después a otros... Todo lo normal que pasa por todas las partes del mundo a lo largo de siglos y siglos. Pero, de repente hágase la luz, en esa tierra algunos de sus gentes abrazan la fe de Abraham y luego de sus descendientes Isaac y Yacov, siendo todos ellos meros profetas venerados y respetados por dedicarse a hacer el bien y no mirar con quién, ni raza ni etnia ni nada de lo que presumen en la actualidad sus pretendidos 'descendientes'.

Hasta ahora no hay motivo de alarma ninguno, pero cuando aparece un judío que predica de forma diferente a los mercaderes del templo, Jesús hijo de María, y le siguen un importante número de palestinos, eso no parece del agrado de los que presumen de la fe pura y verdadera que es la 'judía'. Y lo mismo vuelve a pasar cuando un enorme número de palestinos se hace musulmán.

Aquí ya aparecen las cruzadas para 'liberar' la tierra santa –como si el resto no lo fuere– de sus mismos habitantes, cuyo único pecado era abrazar otra fe. ¿Os recuerda eso algo de nuestra historia con moriscos, judíos y unitarios?

Pues esto que nos parece tan descabellado y lejano en la historia es lo que nos quieren vender de nuevo 'Los Mercaderes del Templo', que desde los únicos 70 años que durarían el reinado judío de David y Salomón en parte de Palestina han hecho prueba y causa para echar de esa tierra todo el que ha dejado de ser judío para formar, como pretendió España antes de llamarse así, un Estado uniconfesional en su apariencia mientras se dedicaría en su inconfesionable tarea de ser el gendarme de los intereses más sórdidos del neocolonialismo y el imperialismo en la zona.

Llegados ya a este punto de franqueza y con las cartas vueltas sobre la mesa enfrentémonos, pues, a los terribles sucesos que está padeciendo el pueblo palestino que, propios y extraños, hemos abandonado a su suerte ante un enemigo feroz y ávido por engullir del mismo modo a más tierras y despojar de ellas a más pueblos de la zona, léase Siria, Líbano, Iraq o Irán. Mientras, nuestros Estados occidentales cuyos intereses más urgentes, como los beneficios de venta de armas o el petróleo barato, les ciega total y absolutamente ante la catástrofe que se avecina y que llama a nuestras puertas ya y no deja lugar para la indiferencia o la connivencia con las atrocidades y crímenes de Israel.

La aparición de un personaje como el presidente estadounidense Trump en la escena no deja de ser la otra cara que utiliza el imperialismo, que no cesa en la defensa de sus sucios intereses y los de sus empresas; un Obama con un Nobel o un Trump con su tupé en el Muro de las Lamentaciones es una mera anécdota y no ha de hacernos perder de vista los que importa: ¡Otro Holocausto más delante de nuestras narices y no vamos a hacer nada por impedirlo!

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