09 de mayo de 2018
09.05.2018
Desde mi picoesquina

Necesaria unidad popular

09.05.2018 | 04:00
Necesaria unidad popular

Nadie se le escapa, por evidente, que el régimen surgido de la Transición está haciendo hoy agua por todas partes. También es evidente que las contradicciones del sistema han alentado unas movilizaciones sociales que, desde los recortes de José Luis Rodríguez Zapatero en 2010, han oscilado cíclicamente entre periodos de máxima actividad y de aparente letargo. Estamos asistiendo en esta fase a uno de esos momentos álgidos de las luchas en la calle, protagonizadas por las reivindicaciones de personas pensionistas y jubiladas; por las movilizaciones de las mujeres por la igualdad efectiva de derechos con los hombres, y que tuvieron su máximo exponente, como es sabido, el pasado 8 de marzo; por las Mareas en defensa de la Sanidad y Educación; por las Marchas de la Dignidad, etc.

La lucha de clases se ha reactivado y no es casual. A la pérdida de derechos civiles, la Ley Mordaza, la fractura entre el Ejecutivo y el Poder Judicial, la inexistente separación de poderes, el paro, los salarios de miseria, etc., se suma el hecho de que la crisis ha sido un pretexto para propiciar el mayor trasvase de rentas de los salarios hacia el capital registrado en los últimos años. A este respecto, según el INE, las remuneraciones de las personas asalariadas han caído casi un 3% desde 2008; mientras, las rentas de las sociedades no financieras alcanzaron los 267.800 millones de euros, un 58,3% más que en 2008. Está claro que la moderación salarial ha supuesto la mejora de la productividad y competitividad de las empresas, pero ello no se ha traducido, sino todo lo contrario, en mejoras salariales y sociales.

Es el momento, pues, de la izquierda. Es el momento de construir la unidad popular, desde abajo y para los/as de abajo. Pero, como todo proceso histórico, la empresa se presenta difícil y complicada, por dos motivos: la compleja composición de la formación social española y las distintas salidas que se ofrecen desde las formaciones políticas de izquierda. Veamos.

Ese concepto de unidad popular viene siendo defendido por Izquierda Unida (IU) y Podemos, y tuvo su concreción en las distintas formas de confluencia que dieron el poder municipal a estas y otras formaciones políticas en los llamados Ayuntamientos del cambio y en las candidaturas de Unidos Podemos en las últimas elecciones legislativas. En lo que toca a IU, la XI Asamblea Federal de 4 y 5 de junio de 2016 aprobó dar pasos en esa dirección, en la idea de que «la IU resultante de la XI Asamblea debe ser una organización en transición hacia un nuevo movimiento anticapitalista, ecologista y feminista que esté volcado en los conflictos sociales y que sea, ante todo, un verdadero movimiento político y social». El objetivo inmediato era configurar un bloque político y social de carácter alternativo y rupturista, tendente hacia un proceso constituyente. Pero en IU coexisten en estos momentos dos posturas: la de quienes desean caminar en esa dirección y quienes estratégicamente se sitúan en un plano reformista, constituyéndose en la 'izquierda del sistema'. El debate ruptura o reforma, pues, está condicionando la posibilidad de configurar unas potentes candidaturas producto de la confluencia. El paso dado por IU Madrid, aliándose con Anticapitalistas y otros colectivos y sin contar, por ahora, con Podemos, es ilustrativo de lo expuesto.

En los últimos días, además, un borrador de la dirección federal de IU para modificar ciertos aspectos estatutarios ha motivado que más de 500 personas, entre ellas más de 300 cargos, hayan firmado ya un Manifiesto por una IU soberana, democrática y al servicio de la ciudanía, en el que acusan a la dirección de pretender disolver la estructura federal de IU con su propuesta de modelo organizativo no federal, sino centralizado. Por su parte, Gaspar Llamazares, líder de Izquierda Abierta y diputado regional por Asturias, acusa a Alberto Garzón de querer convertir a IU en un movimiento de extrema izquierda, una especie de corriente comunista dentro de Podemos.

Podemos, el otro socio de Unidos Podemos, no está exento de las tensiones internas, surgidas a raíz de cierta tendencia centralizadora que se observa en su funcionamiento interno, en detrimento de los Círculos y los territorios, a lo que se suma estos últimos días el anuncio de un proceso de primarias para consolidar la candidatura Errejón-Espinar de cara a las elecciones autonómicas de 2019, lo que está en el origen de la renuncia de la corriente de Anticapitalistas a participar en las mismas.

Todos los procesos de cambio son, pues, lentos, complejos y no exentos de dificultades. Empero, la gravedad de la situación política y social que vivimos exige de IU, Podemos, Equo y otros actores generosidad, altura de miras, transparencia y vocación de orientar su acción, en estos meses que restan hasta las elecciones de 2019, a lo que realmente espera la ciudadanía: procesos de confluencia no cupulares, respetando la autonomía de territorios y federaciones; discusión programática y elaboración de propuestas con el más amplio consenso y apertura a los colectivos sociales en lucha; y finalmente elaboración de listas electorales tipo 'cremallera', tras un proceso de primarias transparente, con radicalidad democrática, con generosidad, en un plano de igualdad entre todas las organizaciones políticas y colectivos sociales concurrentes.

Tengo para mí que el camino a seguir lo han marcado las ilusionantes experiencias municipalistas de varios puntos de España, en los denominados Ayuntamientos del cambio. Y, en Murcia, el ejemplo de lo que ha supuesto el trabajo de Cambiemos Murcia, con un funcionamiento abierto, democrático y participativo, creo que también debe tenerse muy en cuenta.

La unidad popular es hoy, más que nunca, necesaria e inaplazable. Porque hay que desalojar del poder a la derecha y sus políticas.

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