06 de mayo de 2018
06.05.2018
El espejo

El éxito de unos muslos

Afloran, sin intención, los recuerdos de la infancia, las correrías bajo las pérgolas de la vieja plaza de Santa Isabel, a la vera de la Fama

06.05.2018 | 04:00
El éxito de unos muslos

Estamos en Murcia y en primavera, las jacarandas, tan del gusto del amigo y poeta José Ángel Castillo, ya comienzan a vestir de azul y el azahar perfuma el aire de la ciudad. Sentado en la terraza (terrazas, la última manía del Ayuntamiento) de la cafetería venida a más Jota Ele. Afloran, sin intención, los recuerdos de la infancia, las correrías bajo las pérgolas de la vieja plaza de Santa Isabel, a la vera de la Fama; de una de ellas, ya que Murcia siempre ha sido generosa en rendirle homenaje: Planes, González Moreno y vuelta a la réplica angelical de San Miguel, la que hoy ocupa el lugar que nunca debió de abandonar.

Desciende de su scooter, con el obligado casco en una mano y bolsa en la otra, cual caballero medieval, el ilustre gastrónomo Fran González Belando, gasta barba cana, y al darle un repaso general a su aspecto físico los recuerdos toman forma. El manido 'parece que fuera ayer' hace acto de presencia y lo vuelvo a ver de imberbe mozo en los sagrados mostradores de la Confitería Alonso, esquina de Platería con Gran Vía, tras la escisión de tan afamada y dulce basílica de excelsos merengues de fresa, los que guardaban como oro en paño el secreto de una fresa murciana auténtica, puro sabor de dioses. O aquellos otros merengues de café con el crujiente primer bocado que llevaba a la delicia tostada llegada desde el cafetal: tocinillos de cielo, auténticos besos para el paladar, sin dejar en la estacada las murcianas pastillas de café con leche, enemigas de empastes dentales, obsequio obligado en los viajes que las madres ocultaban en lo más profundo de los cajones de la cómoda.

Fue en el 85 cuando Fran dio un paso decisivo en la vida, al revitalizar bajo su batuta el Jota Ele y llegar a convertirse en reputado restaurador, gracias a su empeño, a su imaginación, laboriosidad y buen hacer. El Jota Ele tiene mucho de arte, gracias a la labor oculta de María Ángeles, costilla de González Belando, y afamada galerista de la tierra.

A diario, barra, mesas y terraza se ven concurridas por lo más 'in', por la Murcia más pera que hace realidad aquello de 'dime lo que comes y te diré quien eres'. Lo que se come y se bebe en Jota Ele es pura golosina y tomaré las palabras de mi admirado Ismael Galiana en su prólogo del incunable de Juan García Abellán en su Murcia entre bocado y trago: En Murcia no escasea la materia prima, ennoblecedora de cualquier festín? algo que Fran González hace realidad y lleva a la mesa cada día, reinventándose. Raimundo González o los hermanos Abellán son ilustres predecesores de las habilidades culinarias de Fran y su Jota Ele.

Puede que tuviera su primer éxito al incluir en la carta los divinos muslámenes, los muslitos de codorniz a la soja, los que hoy confraternizan con el excelente pulpo, la fresca quisquilla de mis amores, los insuperables buñuelos de bacalao al anzuelo, las alcachofas naturales abrazadas al jamón ibérico o la paletilla asada de cabrito segureño los que hacen que la boca se convierta en agua y muestren en la cara de la segunda generación de restauradores de Jota Ele, de María Ángeles González Sánchez, el orgullo y la satisfacción de los logros alcanzados por su padre en el enriquecimiento y promoción de la gastronomía de nuestra tierra.

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