03 de mayo de 2018
03.05.2018
Otras orillas

Demolition Man

Esta película de los años noventa, tan inverosímil en su momento, parece estar a día de hoy cobrando vigencia

03.05.2018 | 04:00

Hace 25 años se estrenó una película de ciencia ficción naif, una humorada que a su vez proponía una seria reflexión sobre los bruscos cambios de la sociedad contemporánea: Demolition man. En este film se exponía una sociedad futura y altamente tecnificada que había abolido casi por completo el crimen y la violencia y que, paradójicamente, por ese mismo progreso y distanciamiento con lo instintivo, era incapaz de defenderse de un violento criminal del pasado. Los mecanismos de esta sociedad para luchar contra la violencia se basaban en unas estúpidas máquinas que multaban a aquellos viandantes que osaban maldecir o soltar un taco inapropiado. La música había sido reducida a canciones infantiles o anuncios publicitarios del siglo XX, y el sexo, al igual que todo contacto físico, había sido abolido.

Esta película de los años noventa, tan inverosímil en su momento, parece estar a día de hoy cobrando vigencia. Una profecía tenebrosa que se está cumpliendo. Vivimos en una sociedad cada vez más infantilizada en la que una excesiva moralidad mal entendida se materializa en atroz censura que mete en la cárcel a raperos cuyas letras son obscenas o contradictorias con el buen gusto imperante. Se ponen en tela de juicio novelas como Lolita y a este paso acabaremos por prohibirla. La tendencia de algunos colectivos a humanizar a los animales está transformando nuestra visión de la naturaleza en un gigantesco Disneyland en el que los conejitos y los gatos son adorados como superiores a los propios humanos.

Las leyes y la justicia, como ocurría en la susodicha película, son incapaces de defendernos. Acaban de juzgar a un grupo de jóvenes por violar a una chica y la legislación no es capaz de aclarar que aquello fuese una violación. No soy juez y no pretendo enmendar la plana al tribunal, pero la disonancia con la opinión pública y el sentido común es más que llamativa. Al mismo tiempo sale de prisión un violador sin rehabilitar, como él mismo declaró, que había sido condenado a 167 años de los que tan solo ha cumplido 20. ¿Por qué? ¿Por qué un violador potencial puede estar en la calle siendo un peligro para todas las mujeres y un rapero debe ir a la cárcel por «violación al Estatuto de Moralidad Verbal» (es un delito inventado en la película)? ¿Por qué no son capaces de echar a unos delincuentes que han usurpado tu vivienda mientras estabas de viaje?

Pronto nos prohibirán tomar café, ver películas porno, opinar fuera de casa o gritarnos. Pronto nuestro mundo será un gran parque temático y nosotros, pobres niños indefensos. Pronto nos daremos cuenta de que ya vivimos en el Mundo Feliz y habrá que, como en Demolition man, descongelar a Sylvester Stallone para que nos salve de nosotros mismos.

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