10 de abril de 2018
10.04.2018
Amor a presión

Salvar a la soldado Cifuentes

La crisis de confianza, de legitimidad, de régimen, en definitiva, no es algo que uno pueda ventilar cambiando un fiscal por otro, y ni mucho menos haciendo lo que han hecho (para la sorpresa de nadie) ante el escándalo de Cifuentes los partidos responsables de que siga en el poder

10.04.2018 | 04:00

Los sindicatos tuvieron su caso EREs; la monarquía, el Nóos; la banca, el de las tarjetas black, las preferentes, la CAM; la judicatura, el Dívar, el Moix, el PAS; los empresarios (a pachas con el PP), el Gürtel, el César, el Púnica, el Lezo; las fuerzas armadas, el del teniente Segura; la clase política, un largo (larguísimo) etcétera. Sin duda alguna, el caso Cifuentes es ya el gran agujero negro en la credibilidad de una de las pocas instituciones que habían salvado de puntillas la década negra de la 'Marca España', esto es la Universidad, y comparte con el resto un entramado muy familiar: un abuso de poder y una utilización política de los organismos del Estado, con el desparpajo y ausencia de escrúpulos de una caciquilla que dispone a capricho de los aperos de su propio cortijo, y a continuación un despechado enroque en la mentira al abrigo del partido protector.

En efecto, más allá del máster en sí, obtenido en unas condiciones de pura república bananera, el caudal de información que está extrayendo el caso abunda en el descrédito de la Universidad Rey Juan Carlos, una casa con más de cuatrocientos profesores visitantes/a dedo, totalmente cableada por el Gobierno regional del Partido Popular de Madrid y presta a saltarse las normas académicas más básicas a beneficio de cualquier politicucho de la familia adecuada. Inercias gremiales (y tal vez de otro tipo) impiden al conjunto de las universidades públicas repudiar con la contundencia necesaria lo ocurrido, de modo que la mancha de aceite se expande. Y con ella la duda, la impotencia y, finalmente, el sarcasmo.

Si aún no lo habéis hecho, echadle un vistazo a la evolución desde el principio de la crisis de los índices de confianza en las diferentes instituciones que viene publicando trimestralmente el CIS. No os atreveríais a tiraros por ahí con un monopatín, y lo sabéis. Este mes además se cumplen tres años desde que estas encuestas dejaron misteriosamente de preguntar por la percepción de la monarquía (la última vez que lo hicieron, la respuesta '0 sobre 10' había escalado al 21,7%). La crisis de confianza, de legitimidad, de régimen, en definitiva, no es algo que uno pueda ventilar cambiando un fiscal por otro, y ni mucho menos haciendo lo que han hecho (para la sorpresa de nadie) ante el escándalo de Cifuentes los partidos responsables de que siga en el poder: ovacionándola públicamente (caso del PP) y encargando una encuesta para evaluar la conveniencia de apartarla del cargo (Cs). A ver, Albert, si hasta en la del Abc gana la dimisión por goleada, ata cabos, hijo.

Ante tal degradación de la vida pública, no va a haber bisturí ni quimio; apenas una homeopatía estereotípica de declaraciones altisonantes y brindis al sol. Mientras, yo me acuerdo de aquel chiste atribuido a Gandhi («Señor Gandhi, ¿qué le parece la civilización occidental?». «Me parece una buena idea»), y a continuación del final de aquel fantástico poema de Chantal Maillard (de La herida en la lengua, Tusquets, 2015): «Mientras tanto Europa, la esclarecida Europa, / duerme como aquel monje su sueño de / trescientos años oyendo cantar a un pájaro. / Otros pájaros, oscuros, habrán de despertarla». Y sé a qué pájaros se refiere, Chantal, carroñeros, y la sonrisa se me borra de la cara.

De verdad espero que os merezca la pena, todo esto de salvar a la soldado Cifuentes, pero oh, por favor, al menos no nos vengáis otra vez con aquello de que es gratis.

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