02 de abril de 2018
02.04.2018
Pensando en voz alta

Asombro político

02.04.2018 | 04:00
Asombro político

Nada día que amanece doy gracias por tener por delante una jornada más para asombrarme. Pensaba que ya estaba a vuelta de todo. Pero ni mucho menos, sigo emocionándome y enfadando con una gran parte del mundo que me rodea, sobre todo con aquello que tiene que ver con acciones políticas. Se considera que los inicios de la política se remontan al neolítico, ni más ni menos, cuando la sociedad comienza a organizarse en un sistema jerárquico y ciertos individuos adquieren poder sobre el resto.

Antes, el poder simplemente residía en el que tenía mayor fortaleza física o en el más inteligente. Confucio relacionó el buen desempeño como gobernante con la aptitud ética, considerando que sólo un hombre virtuoso debe tener autoridad. Platón argumentó que todos los sistemas políticos son corruptos por naturaleza y que el gobierno debería recaer en una clase educada para esa actividad. Aristóteles aseguró que la política es intrínseca a la naturaleza del hombre, que es necesaria para vivir en plenitud moral y que toda forma de gobierno puede tener una vertiente correcta y otra incorrecta. Nicolás Maquiavelo aseveró que el fin justifica los medios, resumiendo una postura consistente en acceder a posiciones de poder mediante la utilización de subterfugios.

Para mí la política es un pesebre donde acuden aquellos que quieren vivir del cuento a costa de los contribuyentes, que son los que pagan sus magros sueldos, y reírse de ellos; porque eso es lo que deben hacer cuando se reparten cargos y prebendas amparándose, dicen, en el bien general. Siempre hago las mismas preguntas y nadie me responde: ¿Qué formación se ha de tener? ¿Hay que tener estudios? O simplemente ser flexibles y saber doblar el espinazo en el momento oportuno y alargar el brazo para recoger el sobre correspondiente por los servicios prestados.

Asombro me ha producido el nombramiento del nuevo presidente de la Autoridad Portuaria de Cartagena, previa destitución fulminante de quien estaba al frente. No sé las razones del relevo, supongo que el contentar a alguien. Automáticamente pienso que la persona aupada a tan alta instancia tendrá unos méritos y una formación extraordinaria. Busco, rastreo por las redes y me topo con lo siguiente: en una información referente al currículum de los concejales de la Corporación Municipal 2011-2015 de Cartagena, referido al equipo de gobierno-PP, encuentro que el flamante presidente de la Autoridad Portuaria aparece tal que así: « Joaquín Segado Martínez. Nacido en Cartagena el 29 de agosto de 1978. Está casado y tiene dos hijas. Ingresó en el PP en el año 1996. Desde entonces ha ocupado diversos cargos tanto en las Nuevas Generaciones, como en el propio PP. Entre 1999 y 2003 fue presidente del Consejo de la Juventud de Cartagena, labor que abandonó tras su elección como concejal del Ayuntamiento de Cartagena. Desde junio de 2003 hasta abril de 2006 ostentó las concejalías de Juventud, Empleo y Nuevas Tecnologías, además de una delegación de Relaciones Vecinales. En abril de 2006 abandona el Ayuntamiento para incorporarse al Gobierno regional como secretario autonómico de Desarrollo Sostenible y Protección del Medio Ambiente, cargo que ocupó hasta su inclusión nuevamente en la candidatura del PP al Ayuntamiento de Cartagena en abril de 2007. En la última legislatura ha sido portavoz del Grupo Municipal Popular, además de concejal delegado de Urbanismo y Desarrollo Sostenible».

Al leer dicho currículum echo algo de menos, supongo que ustedes también. Efectivamente, no se hace mención a ningún tipo de formación académica. No sé si la modestia le impide hacer alarde de sus conocimientos o es una persona que, según currículum, entró en el partido con 18 años y aquí me las den todas. Presidente de la Autoridad Portuaria, ni más ni menos, sin formación académica. Será que no se necesita; si la tiene, por favor, muéstrela. Dirán que es un cargo político, pero de una mala acción política se pueden derivar daños irreparables. Creo que, entre todos le vamos a aflojar, anualmente, 90.000 euros del ala. Estudiar ¿para qué? Mejor medrar.

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