07 de enero de 2018
07.01.2018
Tribuna

La legalización de la 'maría', una guerra perdida

10.01.2018 | 20:41
La legalización de la 'maría', una guerra perdida

El sueño hippie se ha hecho realidad, medio siglo después del ´verano del amor´. Los lobbys y, por qué no decirlo, el afán recaudatorio, han pesado más que las consideraciones de salud pública. California, que fue pionera hace unos años en el uso medicinal del cannabis, abre ahora brecha permitiendo su venta con fines recreativos. Los californianos mayores de edad podrán comprar marihuana para hacerse unos canutos e incluso cultivar hasta seis plantas en casa. Pero hay alguna que otra limitación. Por ejemplo, no se podrá adquirir diariamente más de una onza –28 gramos– y tampoco se podrá exhibir la droga como si de un cigarrillo se tratase. De hecho, si les pillan con bolsitas abiertas en el interior del coche –salvo en la guantera del salpicadero– pueden ser sancionados. Y tampoco se podrá fumar a menos de 300 metros de una escuela o una guardería.

La despenalización trae por otro lado algunos problemas de orden, digamos, financiero. Los bancos americanos, sujetos a la legislación federal, no pueden aceptar dinero que venga de la venta de drogas ilegales –y la marihuana sigue siéndolo en la mayor parte de Estados Unidos–, por lo que se están planteando algunas soluciones, como que sea el propio Estado de California quien ingrese los beneficios de este comercio o que se cree un banco ex profeso para guardar el dinero de la marihuana.

Que no será poco, por cierto. Se dice que el negocio legal de la marihuana moverá 7.600 millones de dólares, y que puede reportar en impuestos la friolera de 1.000 millones. Aunque hay otras cifras que indican que, en unos años, la industria de la marihuana puede generar 400.000 empleos y unos 40.000 millones. Son estos beneficios económicos los que esgrimía hace unos meses Podemos en España, que veía en la industria del cannabis una forma de revitalizar las zonas rurales.

Los vendedores de marihuana pueden estar frotándose las manos, pero los médicos que tratan a diario con los problemas de las drogas se echan las manos a la cabeza. Como dice el psicólogo experto en adicciones Eduardo Carreño, «la marihuana no es una sustancia inocua y produce una retahíla de problemas afectivos, psicóticos, de conducta o incluso alimenticios». Sin olvidar los problemas de dependencia y otros efectos secundarios de índole física.

Y es que, además, una medida como la despenalización, no trae consigo la eliminación del ´circuito ilegal´ de la droga. Seguirá habiendo ´trapicheo´ para aquellos consumidores a los que no esté permitida la venta legal, como los menores de edad. El típico ´camello´ de instituto seguirá haciendo estragos. Pero Carreño se hace otras preguntas. ¿Cómo se abastecerá los negocios ´legales´ para responder a la se supone elevada oferta que tendrán? Tendrán que seguir recurriendo al circuito ilegal.

Una medida como la californiana choca además con los ingentes esfuerzos que se están haciendo para reducir el consumo de tabaco, principal causante de enfermedades cardiovasculares y cancerosas. «Y la marihuana es mucho más tóxica que el tabaco», rubrica Carreño.

La venta para uso recreativo abre la puerta al consumo descontrolado, con su corolario de consecuencias nocivas para la salud pública, todo lo contrario de lo que ocurre con la dispensación terapéutica o los preparados farmacéuticos, por otro lado ya previstos por la ley en España. El problema de la despenalización californiana es que sobre todo lanza un mensaje poco esperanzador. Y es que la guerra contra las drogas, que no deja de ser una lucha en beneficio de la salud pública, está irremediablemente perdida.

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