02 de enero de 2018
02.01.2018
Retiro lo dicho

No hay wifi, hablen entre ustedes

02.01.2018 | 04:00
Eduardo Lagar

Cuando Obama encontró a Harry, el príncipe inglés, en una entrevista el miércoles pasado para BBC radio, el expresidente estadounidense volvió a hacer evidente, por contraste, la increíble simpleza intelectual de su sucesor en el cargo, Donald Trump, más preocupado por la guerra de mentira de Kim Jong-Un que por las nuevas armas de destrucción masiva que ya están destruyendo nuestro mundo.

Obama sí parece que está sintonizado con los nuevos tiempos y, entre sus preocupaciones, mencionó a su joven amigo Harry el enorme peligro que ve en la polarización social que está generando el uso de las redes sociales. En una más que probable alusión a Trump –tuitero incendiario desde la soledad cocacolizada de sus tardes de rodríguez en la Casa Blanca–, Obama consideró que «los líderes debemos encontrar formas para poder recrear un espacio común en Internet».

El ventilador de trolas ultras en que se convirtió Facebook durante la campaña electoral de EE UU benefició a Trump, a quien le sobran caracteres de los 140 de Twitter para desarrollar todo su ideario político.

El expresidente norteamericano –nada sospechoso de ser un antisistema– sabe que en Internet ya no hay ´espacio común´ que valga, que todo son trincheras sangrientas y que este 2017 enterramos para siempre –y así lo reconoce hasta el padre de la web, el ingeniero Tim Berners-Lee– aquella utópica plaza común para entablar una saludable conversación global. Obama ve en las redes sociales el mejor camino para regresar al pensamiento tribal, al linchamiento compulsivo, a un comportamiento reactivo sustentado sólo en opiniones pescadas en las propias redes y que nos facilita un algoritmo pensado para repetirnos, por boca de otras personas, lo que nosotros ya pensábamos. Sin espacio para la autocrítica. Obama parece que está muy en la línea de activistas como Eli Pariser, cuyo libro, El filtro burbuja, traducido este año en España, detalla cómo la implacable acción de los algoritmos pensados para satisfacer nuestros deseos acaban encerrándonos en compartimentos estancos que impiden la construcción de esa cosa común llamada sociedad. O lo que también este año escribió la profesora del MIT, Sherry Turkle, quien en En defensa de la conversación abordó el nacimiento de este nuevo mundo donde todos estamos conectados a la irreflexión más profunda.

Obama le dijo a Harry que las redes, el gran palacio de la justicia rápida, no son el lugar para debatir asuntos complejos, pues, además, la distancia tecnológica acentúa la visceralidad. También le dijo que hay que volver al mundo real y retomar esa conversación cara a cara que, según Turkle, sustenta la democracia, pero también el amor. «Reúnanse en un pub (...) Encuéntrense en un lugar de oración, en un vecindario y conózcanse», aconsejó Obama. Si queda algún líder suelto por ahí, debería hacer obligatorio en todo espacio público este cartel que afortunadamente hay en algunos bares de España: «No tenemos Wifi, hablen entre ustedes».

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