17 de diciembre de 2017
17.12.2017
Palabras

Cine, publicidad y navidades

17.12.2017 | 04:00
Pedro Guerrero

Desde hace unas semanas estamos invadidos por las navidades, aunque aún no han llegado oficialmente. Por ejemplo, si fuese cine de género llamaríamos a las simplezas que vemos tardes-noches estos días cine navideño. No es ese el caso, sino que el mismo cine, sea cual sea la trama se desarrolla en navidad, cine navideño estaría bien. Y claro, las tontunas se multiplican.

Al decir tontunas quiero decir lo que digo: temas de aparente inocencia, ñoñas, pueblos y escaparates de bombillitas de luces en casas y árboles contiguos, y cositas bobas, que llegan hasta en el mismísimo lenguaje, contaminando todo de esas idioteces muy yankis, infantilizándose todo. ¿Y esto de dónde viene? ¿De una tradición nuestra? No, nada de eso, viene de Estados Unidos, todo de aquel enorme país, que ahora parece gobernado, en navidades, por algún idiota que hiciera solo cine aunque nosotros le pongamos el ´por navidad´, como cuando anunciamos ´el almendro´ o el café calentito español, el ´saimaza´ allá en Noruega.

Se encuentra así, en el cine, en las series, en todo el escaparate multimedia y en la televisión, una nueva manera de percibir la vida, la realidad y hasta los problemas de la gente. Y ahora se venden, o se publicitan, colonias carísimas, coches lujosos y cosas que cuestan una pasta, mientras en los telediarios aumentan los países y personas, sobre todos niños, de la hambruna en África.

Malditas navidades, esa realidad ensoñada en USA, no bien distinta a la de aquella gente. Ellos, los norteamericanos, son algo así también, aunque luego un salvaje tirador acabe a tiros con armas en un colegio de niños o, metido en matar, aparece en una iglesia donde van muriendo mientras sale la gente de misa, como si se tratase de una cacería.

Los Reyes Magos, tan españoles, y Santa Claus se mezclan en género navideño y con ese cine tan inocente y asesinos en serie nos hacen sentir que la vida en navidades, la que percibimos de aquel inmenso país, no tiene, como la nuestra, a Manolo Escobar, el producto nacional navideño y español, con su «pero mira como corren los peces en el río» que, aún, en ese sentido no los hemos copiado totalmente. Menos mal.

Y he aquí, eso sí, que las bombillitas de colores llegaron, y Santa Claus corriendo con los renos, pero no tienen el Belén con el ´tío cagando´, y el cine de aquel género idiota donde todo es casi pura santidad y conquista de aquella chica, o chico, del bachiller, también con el paladar de la hamburguesa. Aunque aquí aún jugamos a otros vicios: paladar también, pero de marisco carísimo, y, sobre todo, hipocresía a raudales mientras el hambre viaja a toda velocidad entre los millones de migrantes de todos los colores, y Escobar sigue en la radio, en su pleno cutrerío musical, y nosotros, pandereta en mano, tan felices viendo cómo en USA todo es felicidad en navidades, como aquí, y también con pavo.
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