11 de diciembre de 2017
11.12.2017
Pensando en voz alta

Merece la pena

11.12.2017 | 04:00
Francisco Marín

Llevo muchos años en contacto con el mundo editorial: editores, agentes literarios, autores, libreros y público lector, amén de autoridades responsables de eventos varios relacionados con el mundo del libro. Pues bien, a pesar del tiempo transcurrido, aún no entiendo muchas actitudes y acciones de las editoriales. ¿Qué criterio siguen a la hora de publicar? ¿La calidad literaria o el rendimiento económico esperado?

Está claro que cuando un escritor está consolidado y tiene un nombre en la ´galaxia literaria´ goza de bula para que le publiquen, escriba lo que escriba, bien sea una novela que más parezca una guía de teléfonos, una obra que intenta remedar la de un autor clásico o un plagio, dejando bien claro que el público la comprará sea lo que sea€ posteriormente se arrepienten. Por otro lado, hay escritores poco conocidos, o conocidos en su lugar de trabajo o convivencia, pero que escriben con gran dignidad, calidad y categoría que son publicadas por editoriales modestas.

Algunos de estos literatos, a veces, por algún motivo no confesado, se sienten inquietos o incómodos y lanzan una especie de llamada de socorro o un lamento generalizado a sus más próximos. Hace unos días apareció lo siguiente en las redes sociales: «He publicado hasta ahora libros con varias editoriales, curiosamente no he repetido con ninguna (no se busque en ello premeditación porque no la hay, o igual es que no hacía méritos suficientes como para hacerlo), y después de todo este tiempo de vez en cuando me asalta la sensación de no ser tratado con el mismo rasero que otros compañeros con los que comparto sello (en lo referente a difusión, presencia, etc.) En algunos casos esto ha sido reconocido por algún editor voluntarioso: ´Ha habido mala suerte, es verdad que no hemos tratado tu libro con la atención que merecía, etc.´. El caso es que esa sensación de ser transparente o casi invisible me asalta de vez en cuando, incluso aunque el libro de turno haya recibido alguna que otra crítica positiva. En fin, será el frío, o los años...».

Soy testigo de primera línea de este hecho, admirador del autor€ Ojo, no sólo yo, por ser amigo, pues la reacción ha sido impresionante. Algunos ejemplos: «Eres un escritor buenísimo, dominas el lenguaje, tu prosa es cuidada y elegante, creas intriga, atrapas. Tus personajes tienen enjundia. En definitiva, hay talento y trabajo», y otros muchos de ese tipo. Los mensajes de apoyo han sido numerosos; es por lo que digo que merece la pena seguir luchando caiga quien caiga. Entiendo que uno se sienta incómodo cuando ve que no todas las varas son iguales y de la misma intensidad. Pero, insisto, hay que seguir en la línea de trabajo emprendida y que sea el público quien quite y ponga honores.

Hay otras cuestiones que hacen que el desánimo te embargue, puede ser que con el frío que hace estos días te traiciones y te pille con las defensas bajas y caiga la moral. Esas otras cuestiones están relacionadas con el tratamiento que te dan ciertos responsables políticos o relacionados con la política y de los que dependen la realización de eventos diversos. Hemos observado que algún acto realizado en la ciudad portuaria ha tenido un seguimiento y mimo que ya hubiesen querido tener otros de los celebrados también en la trimilenaria. ¿Celos? En absoluto. El que esto escribe seguirá realizando para el público en general y la ciudad de Cartagena, en particular, todo lo que pueda, esté en mi mano y le permitan. Creo que quien me acompaña en este cometido estará de acuerdo en lo que redacto y digo. Es curioso que amigos que jamás nos acompañan en lo que realizamos, en otros están en primera línea y acompañando al elenco oficial, esos otros están organizados por otras manos. A pesar del esfuerzo que nos tomemos, parece que no va a servir de nada y que vayamos camino de la invisibilidad. Pero por encima de todo, por los cartageneros y Cartagena, nuestro grano de arena merece la pena.

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