29 de junio de 2017
29.06.2017
La Feliz Gobernación

El tercero en discordia

29.06.2017 | 00:07
El tercero en discordia

Hace unos días, con motivo de su cumpleaños, Diego Conesa publicó en Facebook una foto en la que aparecía junto a su esposa y sus hijos, y en algún apunte posterior señaló que era a esas personas a quien se proponía consultar una decisión trascendente que estaba meditando tomar. Pues bien, en esa consulta a su familia debió obtener plena aceptación, pues el anuncio de que se disponía a optar al liderazgo regional del PSOE no era necesario leerlo entre líneas, aunque ayer se hizo finalmente oficial por los medios convencionales. Se ve que en Murcia todavía no es posible proclamarse por Twitter y derivados, como ya es costumbre en la política internacional. Y por ahí, por esa referencia a la consulta familiar, le llegan a Conesa los primeros reproches desde el interior de su organización, pues hay quienes opinan que para tomar ese camino es preciso consultar con alguien más que con el entorno íntimo. No para recibir el plácet de nadie, sino para constatar el suelo que se pisa.

Pero es que Conesa debe entender que su carrera hacia la calle Princesa ha de hacerla a pie y ligero de equipaje, emulando la gesta de Pedro Sánchez en las primarias nacionales, a quien pretende emular, pues fue uno de los escasos cargos institucionales del PSOE murciano que apostó desde el principio por quien finalmente triunfó en las urnas. El hecho de que no haya entrado a formar parte del comité federal en el reciente congreso socialista ha sido presentado entre los suyos como un gesto en positivo, pues se han integrado otros políticos murcianos que apoyaron a Sánchez mientras él quedaba en la reserva a la espera de ejercer otro papel. ¿Qué papel? Pues hacerse con la secretaría regional. En realidad, el ´hombre de Sánchez´ en Murcia es su colega de Calasparra, José Vélez, quien aquí hará previsiblemente la función de jefe de campaña y a quien le tocará negociar con unos y otros. Y esto aunque ´negociar´ no sea la palabra que más gusta en ese ámbito, pues Conesa está siendo jaleado a que se lance sin componendas, confiando exclusivamente en la dinámica inaugurada por las bases del partido en las primarias nacionales. Un militante, un voto, todos contra el aparato, y esto con la intención de convertir al sobrevenido líder en jefe de un nuevo aparato. A cuerpo, libre de pactos y frente a todos los que se le planten, con la cobertura de las grupos y plataformas que se crearon para sacar adelante la candidatura de Sánchez, si bien éste es improbable que apueste directamente por él, pues como señalé ayer aquí el pedrismo, en su traducción local, se fracciona en distintas opciones, y esto sin olvidar que quienes apostaron por Susana Díaz obtuvieron un resultado muy apreciable respecto a otras Comunidades.

La candidatura de Diego Conesa, que estaba cantada, es en primer lugar una muy mala noticia para María González Veracruz, decidida por fin a postularse para la secretaría general, un intento que hace unos años no habría encontrado demasiados obstáculos, pero que ahora se presenta muy complicado. Una parte de los apoyos que se le suponen a Conesa serían fundamentales para González Veracruz, pero ambas personalidades son incompatibles, no por algo personal, sino por lo que representan. Conesa sale como el líder de las bases, mientras la diputada sufre el estigma de constituir la continuidad del tovarismo. Y el rechazo a éste es muy amplio, como se vio en las primarias nacionales: el germen del susanismo en Murcia tenía como origen la discrepancia con González Tovar, y una parte básica del pedrismo, también. Por tanto, parece imposible cualquier tipo de acuerdo o convergencia entre Conesa y Veracruz.

Pero es que, además, hay que contar con un tercero: Joaquín López, sobre quien tampoco caben dudas, al menos en su entorno, acerca de que va a presentar su candidatura. Lo hará, dicen, con la bandera de la unidad, al menos de partida (en ese sentido sería el ´tercero en concordia´, más que en discordia), pero, claro, la unidad debería crearse en torno a él, de modo que no cabe esperar que tenga éxito en ese aspecto de la cuestión. En realidad, Joaquín López es de entre los dos aspirantes ya señalados y de cualquier otro que pudiera aparecer por el flanco del ´viejo aparato´ (el anterior al de Tovar) el mejor situado para que el PSOE fortifique una política de oposición estable, y es que el abogado es ya diputado regional, y adquiriría la función de portavoz y líder parlamentario. Esto significaría una diferencia respecto a la situación nacional, en la que Pedro Sánchez ha de merodear por el exterior de las Cortes y manejar grupos parlamentarios que no le son afines en un porcentaje amplísimo de sus respectivas composiciones. En ese sentido, López significaría un cambio sustancial a distancia del tovarismo (en el que es cuota de integración tras disputar a Tovar la secretaría general en el anterior congreso) pero sin crear un bache institucional. Por otra parte, López quizá tendría más fácil el apoyo de ´las alcaldesas´, pues ya se le señaló hace tiempo como la baza que podrían emplear ellas en caso de que ninguna se lanzara a la competición. Es claro que no lo harán: Castejón está de estreno en la alcaldía de Cartagena; Clavero (Molina) se ha despegado de sus propias bases, y Moreno (Águilas) «no quiere de ninguna manera», según aseguran sus intérpretes. Así que Joaquín López tiene tajo esta vez para hacerse un lugar. Y más si el núcleo básico del apoyo a Tovar en otro tiempo se divide entre una percepción ´candidato de los militantes´, ´candidata del aparato´. Una imagen que un tercero en concordia (al final, en discordia) podría rompen quién sabe si a su favor.

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