27 de diciembre de 2016
27.12.2016
La Feliz Gobernación

Los alcaldes se automedican

27.12.2016 | 04:00
Los alcaldes se automedican

La Federación de Municipios, presidida por un alcalde socialista, ha resumido en su código, recién elaborado, que la imputación en un delito no es causa suficiente para exigir la dimisión de la autoridad política sospechosa de haberlo cometido. En el actual contexto, la lectura de este 'manifiesto' sugiere un espaldarazo a las tesis al respecto mantenidas por el presidente de la Comunidad, Pedro Antonio Sánchez, y a renglón seguido, una enmienda a la actitud del PSOE murciano, que está a la espera de la imputación de PAS para exigir su dimisión o ya se ha adelantado a pedirla tras la publicación del auto de la juez instructora del ´caso Auditorio´.

Que el número de alcaldes socialistas en la Región (bien por haber obtenido ellos mismos la mayoría absoluta, bien por superar con pactos con otros partidos la mayoría relativa del PP) sea sustantivo durante el actual mandato le añade más morbo al contenido de este código, pues queda claro que la dirección socialista no dispone de autoridad para modificar los planteamientos de sus propios alcaldes.

Pero una lectura menos espontánea nos ofrece una clave más aproximada acerca de los motivos de los alcaldes para eliminar el concepto de imputación como punto decisivo para descansar del cargo. No se trata de ´salvar a PAS´, sino de diseñar para ellos un marco preventivo. Se ofrecen a sí mismos un margen para circunstancias en que pudieran verse en una situación parecida a la de PAS, quien, no olvidemos, está afectado por un caso que proviene de su etapa como alcalde. Lo que han hecho los alcaldes es algo tan sencillo como automedicarse y, de paso, le han hecho un importante favor político a PAS, incluso enmendando su pacto con Cs, que establecía con su firma la imputación como la hora del adiós.

La vida política necesita menos códigos éticos y más decencia. Al final, cada institución va a disponer de su propio código ético, adaptado a los intereses de quienes los elaboran. No olvidemos que el PP dispone de un reglamento interno de esas características, lo que no le impidió tener a Bárcenas o a Sepúlveda en nómina o mantener a Martínez Pujalte en el Congreso, por ejemplo.

Muchos colectivos profesionales suelen autorregularse mediante estas normas que intentan fijar conductas que no puede determinar las leyes, pero los políticos no integran, aunque a veces lo parezca, un colectivo profesional. La política no es una profesión. Y la proliferación de codigos éticos constituye ya una burbuja que, en el fondo, elude más que previene. Los políticos son el único grupo que decide sobre sus propios sueldos, sus dietas, sus pensiones, sus derechos y protocolos y ahora también, a la vista de que tanta endogamia les ha explotado en las manos, acuerdan entre ellos los topes que condicionan sus normas de conducta.
La automedicación no es buena.

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