Tanto en la vida real como en la ficción me gustan los personajes con muchas aristas; esos que huyen de lo plano, de ser blanco o negro€ como lo fue, por ejemplo, nuestro gran Paco Rabal. Como muestra de esa condición poliédrica, descubrir como el actor, durante la dictadura franquista, era uno de los encargados de recoger dinero entre la gente del cine para entregarlo a la bolsa de resistencia con la que se mantenía a las familias de presos del Partido Comunista; pero a la vez „gran seductor dentro y fuera de la pantalla„, no ponía reparos en ser amante de la Duquesa de Alba, la aristócrata con la sangre más azul de toda Europa.