23 de mayo de 2013
23.05.2013
La Opinión de Murcia

Una de memoria histórica

23.05.2013 | 04:00
Una de memoria histórica

La indignación era de esperar porque en este país la ignorancia y los prejuicios siempre van de la mano y porque la proporción de este tipo de garrulos es bastante mayor en Cataluña que en el resto de España. El caso es que, como era previsible, se ha montado polvareda con motivo de la entrega de diplomas conmemorativos a varias asociaciones militares de veteranos el pasado día 11 de mayo en el cuartel de la Guardia Civil de Sant Andreu de la Barca durante los actos del 169º aniversario de la Benemérita. Concretamente porque una de esas asociaciones ha sido la Hermandad de Combatientes de la División Azul. El Gobierno catalán, así como CiU, ERC y las franquicias del PSOE e IU, exigen la dimisión de Llanos de Luna, delegada del Gobierno en Cataluña, por haber hecho entrega del reconocimiento a la Hermandad, con argumentos ramplones que destilan esa ignorancia y esos prejuicios arriba mencionados. Hagamos, por tanto, un poco de pedagogía histórica.
La llamada División Azul (División Española de Voluntarios en Rusia a efectos españoles, y 250 División de Infantería a efectos alemanes) fue el contingente enviado por España al Sector Norte del Frente Oriental durante la Segunda Guerra Mundial para participar en la lucha que no sólo Alemania, sino también gran parte de las naciones de Europa (Finlandia, Eslovaquia, Hungría, Italia, Rumanía, así como voluntarios de una docena de países más), estaban librando contra la Unión Soviética y el comunismo. Menos conocida es la denominada Escuadrilla Azul (15 Escuadrilla del Ala 27 de Caza, a efectos alemanes) que el Ejército del Aire mandó a ese mismo frente, y las comisiones que la Armada envió al Báltico para adiestrarse en misiones de minado, dragado y caza de submarinos en buques de la Marina Alemana.
Esta aportación nacional a la lucha contra Stalin (nunca se organizaron unidades para combatir a británicos o estadounidenses), además de constituir una de las causas más nobles en las que se han visto inmersas las armas españolas, es también el último capítulo de nuestras grandes gestas militares. La cadena que comienza en los años de la Reconquista y que tiene por eslabones a Pavía, San Quintín, Nördlingen, Cartagena de Indias, Pensacola, Bailén o Alhucemas, concluye precisamente en Rusia; en la Bolsa del Voljov, en el cruce del Lago Ilmen, en la carnicería de Possad, en el asedio de Leningrado o en la epopeya de Krasny Bor, donde 5.900 españoles hicieron retroceder una ofensiva de 44.000 soldados soviéticos.
Cuando en febrero de 1944 se produce la retirada de la Legión Azul, la última unidad española en el Frente Oriental, se cierra para siempre una historia secular de glorias militares españolas que son patrimonio y herencia de todos. No merece la pena insistir aquí en el ejemplar comportamiento de nuestros soldados en Rusia con la población civil, que permanece en el recuerdo de los que aún viven allí. Tampoco merece la pena responder a los insultos ramplones de los nacionalistas catalanes, la extrema izquierda o el PSOE, que califican al acto de una exaltación del fascismo y el genocidio, y de un insulto a las víctimas del Holocausto y a Cataluña.
Lo que de verdad merece la pena es repetir estos gestos de reconocimiento a los pocos veteranos que quedan entre nosotros y recordar a los casi 5.000 compatriotas que se quedaron en Rusia, entregando su vida a la lucha contra la mayor bestia ideológica de la Historia de la Humanidad.

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