29 de octubre de 2011
29.10.2011
Espacio Abierto

EL OLVIDO DE ELISA SEIQUER

La artistas murciana Elisa Seiquer fue una persona que jamás se traicionó a sí misma, jamás se vendió por nada, y eso para las nuevas generaciones es una antorcha que no debe dejarse caer y por ello su obra es inmortal. La importancia de su obra y de su trayectoria nos obligan a preservarla del olvido

29.10.2011 | 06:00

La historia está plagada de grandes artistas, que han sido ´ninguneadas´ olvidadas o silenciadas por los historiadores, ejemplo de ello los tenemos en las mujeres escultoras españolas, Helena Sorolla, María Pérez Peix, Elvira Medina, todas ellas desarrollaron su trabajo en la primera mitad del siglo XX. Entre las escultoras murcianas, hay que destacar a Elisa Seiquer, cuya obra ha merecido hasta ahora poca atención en el mundo de la cultura oficial, pese a que es una de las escultoras de mayor relevancia artística en el panorama de la Región de Murcia.

Nace en 1945 en la Plaza de Santa Catalina, y desde muy joven mostró su inclinación por la escultura. A la edad de 15 años, cuando en Murcia todavía era una excepción que las mujeres se dedicaran al arte, conoció al pintor Jose María Párraga, incorporándose al núcleo de artista murcianos que combinaban la política, las ideas de izquierdas con el mundillo de las artes. José Hernández Cano, Manolo Avellaneda, la joven Elisa Seiquer y José Luis Cacho, un núcleo muy unido que aportaba a Murcia savia e ideas nuevas.

A lo largo del proceso de aprendizaje tuvo varios maestros: De José Jardiel adquirió la disciplina del dibujo. Igualmente fue importante el tiempo de trabajo en el taller de González Moreno; él sería el maestro en el arte de esculpir.

Se presenta a la Exposición Nacional de Bellas Artes con una escultura que personifica a un hombre andando sobre sus manos –El acróbata– que es rechazada y con la que se presenta a la beca de estudios del Gobierno francés consiguiendo la misma en la especialidad de escultura. París no era nuevo para Elisa, pero ahora, con más tiempo, es cuando puede extraer la fuerza suficiente y necesaria, para romper y lanzarse a la creación de su propia obra. En la capital del Sena, trabaja en el taller de Etienne Martín bajo su tutela. A partir de ese momento se movió en dos vertientes: por una parte, un expresionismo agresivo que obtiene al dividir la materia, abrir los torsos y mutilar la figura humana y, por otra, una escultura ligera y ágil, donde busca el movimiento.

Entre sus esculturas destacan las figuras humanas, los torsos. El desnudo es uno de los motivos característicos empleados por la artista. En 1971 Elisa Seiquer ya casi ha fijado sus modos de hacer y, lo más fundamental, su idea de «hacia dónde ir la escultura», envía al Premio Nacional Salzillo de la Diputación de Murcia, una escultura que resulta ser la ganadora: ´Saltando´ o ´El Salto´. El premio está dotado económicamente con 100.000 pesetas. La noticia es recogida con gran profusión por todos los medios locales, las entrevistas se suceden en todos ellos, hay preguntas capciosas dirigidas a una mujer que rompe los moldes de la feminidad al uso.

A partir de este momento empieza su máximo esplendor, llega a los volúmenes, su obra tiene más importancia anatómicamente. La huella del modelado a la que tan proclives son los escultores murcianos se transforma en Elisa en penetración violenta de sus dedos en la materia, empieza a abrir huecos, aparecen las mutilaciones, la indagación en la médula del ser humano.

Sus retratos la colocan en un destacado lugar dentro de este género escultórico. Entre 1975 y 1992 alcanza los principales logros; combinando su sentido clásico de la superficie, el volumen y la fidelidad con el puro expresionismo del hueco, la fisura y el modelado atormentado. Todos sus retratos tienen una calidad técnica extraordinaria y algunos de ellos muestran una exquisita sensibilidad.

Participa en dos de las exposiciones organizadas por el Pabellón de Murcia en la Exposición Universal de Sevilla. La primera ´XX un Siglo de Arte en Murcia´ y ´Escultura Figurativa´, compartiendo espacio con Campillo, Carrilero, Francisco Toledo, José Toledo y González Marcos.
Su obra habla de una artista sumergida en una profunda inquietud inconformista, siempre joven en el ánimo y dispuesta sin grandes gestos, a preguntarse qué había detrás del arte. Fue una escultora con garra y carácter nunca ajena a lo que acontecía a su alrededor, investiga, y observa; lee en las formas y entiende que son portadoras de algo que les hace superar la categoría de objeto.

El día 20 de junio de 1996, Elisa tuvo que retirarse de este mundo, que era el suyo porque había contribuido a su construcción, obligada por la enfermedad contra la que luchó con la misma beligerancia de la que había hecho gala durante toda su vida. Fue una persona que jamás se traicionó a sí misma, jamás se vendió por nada, y eso para las nuevas generaciones es una antorcha que no debe dejarse caer y por ello su obra es inmortal.

La desaparición de Elisa ha sido sólo física, al quedar su recuerdo entre los que la trataron, y su obra, testimonio vivo y perdurable. Escribió una página de la historia del arte en Murcia, llena de luces y sombras de realidades y sueños imposibles, pero tan importante como para preservarla del olvido.

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