La luz solar se filtra por las amplias rendijas de la persiana. Una gran mesa de estudio se encuentra pegada a la ventana. Junto a ella, varias sillas dan descanso a un profesor y las alumnas ingresadas en el hospital con trastorno de la conducta alimentaria. Una pequeña biblioteca ocupa una de las paredes. Sobre sus estanterías hay libros de consulta y lecturas adecuadas a las distintas edades de las estudiantes. En la pared de enfrente se encuentra un equipo completo de informática con conexión a Internet. El aula hospitalaria dispone de un aseo con espacio para colocar el resto de material educativo. A dicho aseo las alumnas sólo pueden acceder bajo control médico. Un control clínico exhaustivo que tiene como objetivo curar, o al menos mejorar, el estado de salud de las jóvenes anoréxicas o bulímicas. Las horas de clase ayudan a pasar los largos días de estancia hospitalaria, además de mantener el ritmo escolar en todo lo posible. Cada una de las alumnas pertenece a un curso diferente, desde Primero de la ESO hasta Segundo de Bachillerato o Formación Profesional. El profesor atiende por turnos a las tres estudiantes presentes, organizando, explicando y corrigiendo sus ejercicios y temas de estudio. Se trata usualmente de chicas bastante inteligentes y con un buen rendimiento escolar. Algunas incluso son demasiado perfeccionistas. Su principal defecto se basa en la no aceptación de su propio cuerpo y la aspiración a un delgadez de la que nunca están satisfechas. Sin embargo, el hecho de aceptar una hospitalización y los cuidados médicos consiguientes ya significa el primer paso para su recuperación y vuelta a la normalidad. Una normalidad que se intenta mantener precisamente con las clases que siguen con regularidad en su aula hospitalaria o en su propia habitación.

El uso de Internet es una de sus actividades favoritas porque les pone en contacto con su propio centro escolar y les acerca a sus compañeros y amistades. Pueden visitar también otras páginas de su interés, como por ejemplo las de sus cantantes, escritores o deportistas favoritos. De todos los lugares hay uno al que está completamente prohibido acceder. Se trata de cualquiera de las 500.000 páginas proanorexia y probulimia que lanza el buscador en menos de un segundo y desde donde se hace apología de estas enfermedades. La gran mayoría, un 75% de personas que consultan estos contenidos de la red son menores de edad, contenidos que son altamente perjudiciales para su salud. Desde el año 2006 la anorexia y la bulimia han crecido un 470%, afectando principalmente a jóvenes y adolescentes de 12 a 24 años. Se calcula en un 6% las que acaban sufriendo estas enfermedades, mientras que un 11% están en riesgo de sufrirlas. De acuerdo a estos datos, urge tomar medidas para frenar los contenidos que enseñan a adelgazar privándose de la comida, además de otras informaciones nocivas que hay que suprimir de las grandes plataformas que alojan estas páginas web, tratando también que se impliquen las redes sociales en la retirada de estos contenidos, para acabar de una vez con la apología de la anorexia que se hace desde estos medios.

En un alto en el trabajo, una de las alumnas expresa su contento por su próxima salida del hospital para pasar el fin de semana en casa. Otra

se despide porque posiblemente le darán el alta mañana. La felicidad de estar dejando atrás su enfermedad se refleja en sus caras.

Afortunadamente, alrededor de un 80% se curarán con un tratamiento médico adecuado y continuarán sus vidas sin recaídas. Y sólo en un 20% de los casos la enfermedad se hará crónica o sufrirán complicaciones y trastornos derivados de su estado de inanición. Un número suficiente para que todos nos involucremos en acabar con la apología de la anorexia.