Algunos famosos usan Twitter para mantener a sus seguidores informados de minucias de su vida y darles la sensación de que comparten algo personal con ellos. Me recuerdan esos amigos que en la conversación de la cena o en la charla del vermú se levantan y proclaman: «Voy a mear». ¿Hace falta esa información?

Twitter podría ser un cuaderno de opiniones argumentadas en corto para ir al grano pero se usa masivamente más para un parloteo rápido que es todo paja. No es nada que no hagamos desde siempre en la vida real, pero la diferencia es que en ella se daba un valor a lo escrito que está desapareciendo. Cualquiera puede decir «vaya zapatos más horteras lleva» pero, salvo en la edad de las notitas escolares, la cuore o alguna web cotilla, nadie pierde el tiempo en escribirlo.

Anda el español urgente con la prisa de recoger quién escribe «twit», «tuit», «tuitear» o «tuiteo», quién lo traduce por parloteo, quién explica lo de piar en inglés… La mayor parte de las veces, la acción se podría traducir vulgarmente como «decir pijadas». La pijada de Bisbal, apenado de lo vacías que estaban las pirámides sin turistas por culpa de las revueltas ciudadanas en pro de la libertad en Egipto es un buen ejemplo de escribir lo primero que se te viene a la cabeza. Lo primero que se te viene a la cabeza no conviene decirlo pero está aceptado en el lenguaje oral. No es igual en el escrito porque el bote pronto se agostaba o, al verlo negro sobre blanco, el comentario parece trasplantado a un mundo que no es el suyo y donde luce impropio.

En el ejercicio del periodismo y otras formas de comunicación escrita conviene escribir lo tercero que se te viene a la cabeza sobre un tema porque lo primero es más fácil que sea un prejuicio que un juicio y lo segundo ya se les habrá ocurrido a cualquiera. Eso debería regir para el «blog» y para su hermano pequeño el hiperactivo «tuiteo».