Ahora que nos falta uno de los personajes más interesantes de la historia contemporánea, Jorge Semprún, conocido en la clandestinidad como Federico Sánchez, aunque yo le conocí en los años 60 como El Pájaro, que tanto amaba la libertad y fue de los primeros que dijo (junto a otros grandes políticos como Fernando Claudín, quien estuvo varias veces en Murcia) «dictadura ni la del proletariado» y que fue expulsado del PCE, como tantos otros militantes que quisieron democratizar aquel partido de Carrillo y sus fontaneros; precisamente ahora, digo, los jóvenes del 15-M debieran de leer su vida, su heroica vida, y sus sabias palabras en una época turbulenta y confusa.

Desde esa confusión de hoy que nos conduce, como a Cohn-Bendit, al euroescepticismo, prefiero nutrirme en la relectura de aquellos políticos que llenaron de ideas nuevas la mejor historia de España. Muy distintos a Semprún son los que ahora gobiernan Europa. Este es el caso de Tony Blair, llamado por la UE para que arregle los conflictos internacionales (¡qué desfachatez!), uno de los políticos más reaccionarios del pasado reciente que hace unos días llamó la atención a Zapatero en relación con las acampadas reflexivas del Movimiento 15-M. Blair dijo al presidente del Gobierno español que en una democracia conviene «escuchar las protestas que hay en la calle, pero no puedes dejar que te gobiernen». Lo que es tanto como decir que hay que oír a la calle, pero gobernar sin ella.

Este laborista de la tercera vía, que es la socialdemocracia apagada desde la reunión facciosa de Las Azores, ha declarado: «Mi problema con las protestas callejeras es que, si no tienes cuidado, los medios acaban creando una situación en la que [los manifestantes] tienen legitimidad no sólo en su derecho a protestar, sino en lo que están diciendo». Valiente necio. Sobre todo cuando señala que «las pancartas no son políticas». Pues si las pancartas no son políticas ¿dónde la política? ¿en los salones de terciopelo de los bancos y en los despachos de Bruselas? Porque las pancartas y las protestas de miles de jóvenes, y no tan jóvenes, de toda España en los momentos actuales y en relación con el 15-M, son reflexiones de calidad democrática, hechas desde actitudes pacifistas y con la firme decisión de ir perfilando un programa político de envergadura incalculable para las mejoras sociales, políticas y económicas, pues la Spanish Revolution sabe que sin democracia económica no hay justicia distributiva.

Por eso, leer a Semprún hoy es ampliar el discurso de los breves, pero intensos, mensajes juveniles anclados en las plazas españolas y volando por las redes sociales como viento de libertad.

Salvo declaraciones de políticos de derechas y algún ataque violento de la Policía, se viene, por ahora, respetando el derecho constitucional de reunión que no necesita permiso gubernativo cuando es pacífico. Esperemos que esto continúe porque el movimiento de indignada rebeldía parece que va para largo. En este sentido, las acampadas llevan muchos días de expresiva indignación, aunque parece que ya viene el momento de pasar de una fase expresiva a otra referencial (19 de Junio: Toma las Calles) para saber la nueva capacidad de movilización. Esta nueva manifestación podría dar la dimensión del afecto al movimiento popular y determinará el grado, no sólo inclusivo emocional sino el ideológico, de personas que están por ese cambio de sistema referido a la conquista desde la calle de la democracia global.

Estos movimientos, de una manera u otra, ocurren desde siempre. Y forman parte del protocolo de todo cambio, siendo los jóvenes quienes lo han llevado a cabo, liderando la insumisa ruptura política. Valiéndome del eslogan leído en las redes sociales y en acampadas, como el de «Pienso, luego insisto» (ya es un éxito el haber llegado hasta aquí), parece que el camino emocional e ideológico conseguido pudiera tomar un nuevo camino a partir de las manifestaciones que se pudieran celebrar en las grandes ciudades para el 19-J.

De ellos, de estos jóvenes, que pertenecen a la generación más culta de la reciente historia de España, que saben lo que anhelan y exigen, vendrá el cambio profundo del sistema o no lo habrá de otra manera. Ellos lo saben, como lo supieron aquellos heroicos hombres y mujeres que son referencia indiscutible de la historia de España, como es el caso de los españoles autoexiliados, como lo era Jorge Semprún.