13 de octubre de 2010
13.10.2010
La Opinión de Murcia
In memoriam

Eduardo Bello un ilustrado amable

"Ha sido muy apreciado por todos como un hombre de consenso y como una buena persona. Era difícil estar disgustado con él mucho tiempo. Siempre estaba dispuesto a la reconciliación y al entendimiento"

13.10.2010 | 06:00
Eduardo Bello un ilustrado amable

Ayer, 12 de octubre, a media mañana, ha fallecido en el hospital Virgen de la Arrixaca de Murcia el profesor Eduardo Bello Reguera, catedrático de Filosofía de la Universidad de Murcia. Ante la súbita pérdida de un amigo y compañero de tantos años, con la pena y el desconcierto atenazándome todavía la garganta, me siento a escribir estas líneas.

Conocí a Eduardo en 1979, y desde entonces hemos compartido toda clase de tareas y responsabilidades académicas. Nos unía, sobre todo, la
pasión común por la filosofía y por la justicia. Cuando yo llegué a la que entonces era facultad de Filosofía y Letras, él ya estaba allí. Fue el primer profesor al que llamó Joaquín Lomba para poner en marcha la licenciatura de Filosofía en 1975. Había cursado estudios en Lovaina y había defendido su tesis doctoral en Barcelona. Y enseguida hizo buenos amigos entre los compañeros de Letras y, más tarde, también entre los de Educación.

Fue el primer decano de la facultad de Filosofía, durante los años 1992 a 1994. Más tarde, fue también director del departamento de Filosofía, cargo que ocupó hasta comienzos del presente 2010. Y durante más de veinte años ha sido el director de Daímon. Revista de Filosofía, una publicación que ha llegado este año al número 50 y que gracias a su gestión se ha convertido en una de las más prestigiosas de España.

Eduardo siempre ha estado disponible para todas las tareas que el departamento y la facultad le han encomendado. Ha sido muy apreciado por todos como un hombre de consenso y como una buena persona. Era difícil estar disgustado con él mucho tiempo. Siempre estaba dispuesto a la reconciliación y al entendimiento.

Además, ha dedicado toda su vida a la docencia y a la investigación, y muchas generaciones de alumnos y alumnas de Filosofía se han formado con él y han realizado bajo su dirección numerosas tesis de máster y de doctorado.

Durante más de treinta años, se ha ocupado de algunos de los grandes autores de la filosofía moderna y contemporánea: desde Descartes, Rousseau y Kant, hasta Sartre, Merleau-Ponty y Rawls. El hilo conductor de su actividad intelectual y de su compromiso como ciudadano ha sido siempre la defensa de la tradición ilustrada, y en particular de la razón, la democracia, la justicia y los derechos humanos.

El pasado 17 de septiembre, el profesorado y el personal administrativo de la facultad de Filosofía celebramos una comida para homenajearle, con motivo de su jubilación. Era una despedida a medias, porque ya había sido nombrado como profesor emérito y tenía previsto seguir trabajando en la revista Daímon, en varios másteres y en mil cosas más. Cumplió setenta años el 26 de septiembre. Al día siguiente, ingresó en el hospital para una revisión que creía rutinaria. El desenlace ha sido tan rápido e inesperado que nos ha cogido a todos desprevenidos, sobre todo a su mujer, Encarna, también profesora de Filosofía, y a sus dos hijas, Irene y Elena.

En nombre propio y en el de todo el profesorado, alumnado y personal administrativo de la facultad de Filosofía, quiero rendir homenaje público a la memoria de Eduardo Bello Reguera, cuya amable compañía permanecerá siempre entre nosotros.

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