Los ineficaces sindicatos han convocado, dada la falta de acuerdo con patronal y Gobierno, con la boca más o menos pequeña, una huelga general para pasado el verano. Largo lo fían. Vienen de un fracaso en la parcial de funcionarios. La masa es fácil y difícil de movilizar, según se mire.

Esta tarde juega España en el Mundial su primer partido. El país está a punto de paralizarse; es la otra 'huelga', la de mayor participación. La España institucional ha eliminado compromisos políticos entre las 16.00h y las 18h; en nuestra región, el debate sobre el Estado de la Región ha planificado un receso para que los diputados -todos- puedan ver el partido; se continuarán las sesiones a partir de las seis de la tarde, aunque me temo que habrá que dejar lugar a comentarios y conversaciones sobre lo ocurrido en el encuentro y su resultado.

Para este mes se anuncian dos 'huelgas' más de ausencia laboral para las citas de los dos partidos que restan de la primera fase. Si la clasificación del equipo nacional es positiva, vendrán nuevas jornadas de paro, de letargo general, ante los televisores, en octavos, cuartos y semifinales, con un poco de suerte. Tres nuevos espacios de brazos caídos y emoción ante la actuación de 'la roja' que, en los últimos tiempos, alienta y consigue todos sus propósitos. La envidia de los sindicatos.

Este paro al que me refiero es un paro dulce y voluntario; alimenta el ánimo y hace olvidar las pesadillas de la crisis y la actuación de sindicalistas, empresarios y políticos en el poder. Es la mejor de las huelgas posibles.

Si llegado el caso España se clasifica de modo que disputase la gran final del campeonato del mundo por primera vez en su historia deportiva, el Gran Paro sería generacional; ninguna huelga laboral o política podrá igualarse en datos y participación. Nuestro país quedará desolado en calles y ciudades, en pueblos y aldeas; sólo un rumor de retransmisión deportiva dará fe de que el mundo sigue vivo y que la cuestión no responde a ninguna hecatombe colectiva. Si España disputa la final los semáforos harán sus guiños en práctica soledad durante unas horas. Todos viviremos un paréntesis en nuestras vidas ante los plasmas o la radio; será el efecto de una devoción que no termina de entenderse al ciento por ciento, pero que está ahí de forma cuantificada y evidente. La selección de fútbol se mostrará más poderosa que cualquier otra iniciativa de movilización de masas; será la verdadera huelga general, la que espera el país, esta sí, con alegría; y no aquella otra, producto del fracaso y la ineficacia.