Uno de los mejores y más eficaces inventos de la política turística regional de la última década han sido los Consorcios Turísticos.

Este modelo de gestión y de promoción, en el que participan la administración regional y las correspondientes administraciones locales, permite con muy poco presupuesto una dinamización turística más repartida en el territorio, más incidente en las empresas de los propios lugares, más consensuada entre administraciones y más eficazmente anclada en la realidad local.

Los Consorcios han sido y son motores enormemente eficaces de proyectos que intentan, y están consiguiendo, diversificar el recurso turístico en una región con tan clara vocación para ello, promocionando el turismo cultural, restaurando y poniendo en valor recursos visitables que hasta entonces estaban dejados de la mano de Dios, generando empleo local -aspecto enormemente importante y no sé si suficientemente valorado- y dinamizando un modelo turístico anteriormente excesivamente centralizado y jerárquico. Ahí están los ejemplos de las excelentes iniciativas de los productos turísticos culturales de Cartagena Puerto de Culturas, Lorca Taller del Tiempo, Caravaca Jubilar o Medina Nogalte, y las muy interesantes acciones promovidas por Consorcios como los de la Vía Verde, el Noroeste, Sierra Espuña, Mazarrón o el Valle de Ricote, entre otros.

Me consta que el modelo de los Consorcios Turísticos de la Región de Murcia se pone como ejemplo en congresos, universidades y masters, tanto nacionales como internacionales, resultando una novedad en el panorama turístico que muchas instituciones de otros lugares pretenden reproducir. En estos foros se resalta que el modelo de gestión implantado con los Consorcios Turísticos en la Región de Murcia constituye un referente desde el que promover la identidad de los destinos turísticos, impulsar y agilizar la gestión, y promover escenarios de colaboración entre el sector público y privado hacia objetivos turísticos y territoriales convergentes.

No en tantas cosas somos en la Región de Murcia tan pioneros, imaginativos y profesionales, y no sé si nos podemos permitir el lujo de cortocircuitar una política que en otros sitios están comenzando a emprender a través de nuestro ejemplo. Por eso creo que no sería coherente que a resultas de la lógica preocupación por el gasto público, la racionalidad administrativa y la crisis, los Consorcios Turísticos fueran a desaparecer del panorama de la Región de Murcia. La contención del gasto -imprescindible objetivo para cualquier administración sensata- debe tener sin embargo en cuenta lo que perjudique inducidamente cada euro que hipotéticamente se ahorra, sobre todo cuando los montantes son comparativamente muy inferiores a los de muchas otras líneas de actuación desde el ámbito de lo público.

No mantener los Consorcios Turísticos sería un error y un paso atrás en la progresividad, la calidad y la profesionalidad de la política turística de una región que apuesta por un futuro en el que el turismo sea una de sus principales señas de identidad y unas de sus principales fuente de ingresos y de consolidación territorial.