Liberados. Cuando escribo estas líneas, acaba de conocerse la liberación del pesquero vasco Alakrana. Celebremos que toda la marinería se encuentre en buen estado y rumbo a casa para encontrarse con los suyos, después de sufrir un calvario de incertidumbres, privaciones, amenazas, vejaciones y riesgo cierto para sus vidas. Luego será el momento de analizar qué se ha hecho mal. Todo el mundo parece estar de acuerdo en que no es momento de analizar lo sucedido a lo largo de estos 47 días en los que el buque y su tripulación han permanecido en manos de los piratas somalíes que los secuestraron. Así sea. La liberación se ha producido mientras los dos piratas apresados por la Armada y entregados a la Audiencia Nacional para su juicio están todavía en la cárcel. Es de suponer que, además del rescate, para conseguirla habrá habido algún tipo de trato sobre la suerte de estos piratas presos y pendientes de juicio. Ojalá no tengamos que soportar el espectáculo de soluciones imaginativas que pongan en almoneda el Estado de Derecho como consecuencia de actuaciones imprudentes y de la necesidad de conseguir la liberación de los marineros del Alakrana. Permaneceremos atentos.

n La ministra no se vacuna. Ha comenzado la vacunación contra la gripe A de las personas pertenecientes a grupos de riesgo y de las encargadas del mantenimiento de los servicios esenciales. Trabajadores de la Sanidad, policías, bomberos y otros colectivos recibirán sus correspondiente dosis a fin de asegurar que los servicios que prestan, esenciales para la comunidad, no se vean afectados por la posible extensión de epidemia. La ministra de Sanidad, Trinidad Jiménez, ya ha dicho que no se va a vacunar. La ministra es joven y sana, no forma parte de ningún grupo de riesgo, según ella misma se ha apresurado a contestar cuando le han preguntado si se iba a poner la vacuna. Se deduce que considera que el servicio que como ministra presta a la sociedad española no es esencial, puesto que de lo contrario sí se vacunaría. Está muy bien que ella misma reconozca lo que muchos ya sospechaban, que el país puede funcionar perfectamente sin el Gobierno. O, al menos, sin alguno de sus miembros.

n Espectacular. El New Oxford American Dictionary acaba de elegir como la palabra del año en el ámbito de las nuevas tecnologías el término 'unfriend' -que significa la eliminación, en una red social, de una persona que antes era considerada como un amigo-. Si hiciésemos lo propio en el ámbito de los medios de comunicación españoles, sin duda la palabra no del año, sino del lustro, sería 'espectacular'. Hagan una prueba, anoten cada vez que leen o escuchan la palabra 'espectacular' en la prensa escrita, en la radio o en la televisión. Seguro que es el adjetivo más usado en los últimos tiempos para referirse a algo que sería más apropiado calificar según el caso con adjetivos como 'grande', 'magnífico', 'llamativo', 'vistoso', 'extraño', 'impactante', 'lujoso', 'impresionante', 'complicado', 'sobrecogedor', 'bello', 'difícil', 'inesperado', 'desproporcionado', 'sorprendente', 'admirable', 'elevado', 'exagerado', 'importante', 'aparatoso', 'perfecto', 'suntuoso', 'abultado', 'terrible', 'desmesurado', 'asombroso' y muchos otros que ahora no se me ocurren. Da igual que se use para referirse a un accidente de tráfico, al resultado de un encuentro deportivo, a un paisaje, a un evento, a un edificio, a una sentencia judicial, a un despliegue policial o una intervención de los bomberos, a una fiesta patronal o un desfile, a la corrupción rampante en los ayuntamientos de la costa o del interior, a un coche deportivo o a un puente, a un despido masivo, a la subida o a la bajada de la Bolsa, a una obra de arte y a cien mil cosas más. Ese uso tan cargante y reiterativo del adjetivo 'espectacular' revela dos cosas. En primer lugar, la pereza de los periodistas que utilizan la primera palabra que se les viene a la cabeza sin buscar otra más ajustada y precisa para describir lo que relatan. En segundo lugar, el mismo hecho de que sea 'espectacular' precisamente la primera que se les viene a la cabeza indica que el espectáculo es para ellos algo muy valioso en sí mismo y que por eso cuando quieren realzar el valor de algo no se les ocurre nada mejor que calificarlo de 'espectacular'. El ciudadano como espectador del mundo y el mundo como espectáculo. Si yo fuera director de un medio de comunicación castigaría implacablemente a todo redactor que utilizase la palabreja, sin referirse sensu stricto a un espectáculo, a redactar los pies de foto durante un mes. Ahora que caigo, me temo que ya lo han hecho y que por eso leemos los pies de foto que leemos últimamente en la prensa.

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