Tengo dos amigas perrunas, Mila y Paca, entiéndase perrunas como que tienen perro, que, entre risas y bromas, dicen que van a montar un puticlub para perros.

Cualquier lego en materia canina pensaría que semejante idea es una solemne tontería, pero es bien conocido en el mundo perruno que en las ciudades abundan más los perros que las perras. Los propietarios de un perro lo prefieren macho pues las perras, como buenas mamíferas, tienen los típicos inconvenientes que adornan a una mujer, a saber, tienen la regla y se quedan preñadas.

Esta ausencia de perras, esta alteración de la naturaleza, deriva en una abstinencia forzada de los machos, que andan, como cualquier mamífero macho que se precie, más salidos que el pico de una plancha. Esta falta de divino desahogo, agravada por la ausencia de manos, tiene como consecuencia que o bien los perros se monten los unos a los otros cual marinos en un barco, cual presidiarios en una cárcel, cual soldados en una guerra o, aún peor, que se abalancen como posesos, espada en ristre, sobre la primera perra que, ignorante ella y aun sin el celo, pasaba por allí. De ahí que mis dos amigas hayan tenido la nada escandalosa idea de montar un puticlub para perros.

Muerta de envidia ante tamañas mentes empresariales insistí en colaborar al menos bautizando el negocio. El nombre de perriclub le pareció poco erótico a Mila y el añadido de tres equis, perricluxxx, tampoco la dejó convencida.

No debería sentirme herida por mi falta de imaginación, el nombre me hace gracia, pero no puedo olvidar que si su visión para el business lo rechaza por algo será.

Me hubiera gustado que se me ocurriera a mí, pero tampoco ha podido ser. Mi amiga Rocío, ya saben, la que es más guapa y lista que yo, ha tenido la sugerente idea de montar un cátering para perros. Tanto me ha emocionado la idea que no he dudado en ofrecerme como socia poniéndole el nombre a nuestro negocio: "Rocío y Cecilia. Comme chien et chat. Catering para perros y demás mascotas".

Como perro y gato casi acabamos al aclararme Rocío que no pensaba montar un cátering para perros ni loca. De nada ha servido que le explicara que un negocio de estas características lo teníamos que montar en París, ciudad chic donde las haya, a ser posible en el mismo centro, la Plaza Vendome sería absolutamente ideal, estará llena de ricos a rabiar con perros pijos de solemnidad a los cuales les podemos organizar un cátering con pasteles de chocolate con sacarina, el azúcar los ciega literalmente, con puding de pato, el pato les encanta, y dulces de gelatina en forma de hueso, la gelatina los fascina, por su cumpleaños, por su primer celo, por su primer diente, por su matrimonio, por sus hijos, su primer ladrido, su segunda monta, su primer pipí en la calle, su segunda zapatilla roída, su tercer helecho comido y regurgitado.

Tampoco ha funcionado que me pusiera a ronronear cual gata melosa hablándole de lo buena cocinera que era, ni el hecho de que intentara que nos imaginara caminando por París con una perrita blanquita cual merengue recién rizado, adornada con su lacito rosa al cuello y una cestita en la boca llena de folletitos de propaganda, también rosa, con nuestros nombres escritos en letras color plata.

Inútil ha sido que ante su pregunta de quién puñetas -ella ha utilizado otra palabra más erótica- nos iba a comprar comida para mascotas, yo le respondiera con mi más convincente todo el mundo. Decepcionante ha resultado asegurarle que nos íbamos a cubrir de oro, pues los perros están cansados de tener entre los dientes el repetido sabor a pienso deshidratado y les salivaría la boca por cualquier gollería que sus manos cocinaran. Frustrante mi idea de contratar a unos inmigrantes para que ella no anduviera entre peroles.

Hasta me he ofrecido a vender mi casa y me he puesto a hablar de números con ella, con lo que eso me fatiga, por vernos paseando todas vestidas de Chanel por los Campos Elíseos.

Baberos para perros para que no se manchen, cepillos de dientes de regalo para después del ágape, bolsitas de organza rosa rellenas de croquetas de faisán para una comida campestre, nada, nada ha funcionado.

¿Alguien puede ayudarme a convencerla? Los perros nos necesitan y París me espera.