Aquí estoy, sentada frente al ordenador y con 43 grados entrando por la ventana. Y qué creen ¿que voy a ponerme un ventilador? Noooo... Estoy en pleno acto de solidaridad con los sufridos sevillanos y si hay que sufrir de calores pues se sufre. Más que nada porque, de aquí a nada, me veo que la zona levantina no se libra y me estoy entrenando por lo que pueda pasar, por lo pronto ya tengo la linternita.

Para darle un toque de humor a esta patética existencia en el cuartucho abrasador en el que me encuentro llevo en mi cabeza la diadema verde de Shreck y sus orejas trompeteras, como todo el mundo que esta semana haya acudido a la presentación de la película. Ese Antonio Banderas que no puede estar más guapo de lo que está este hombre, aunque, a su lado, aparezca continuamente una peliteñida con unos chorizos rouge por boca. Melanie es aquella mujer que acude a hacer el papeleo a la Administración por la mañana (fue a la embajada para el pasaporte) vestida como si fuera al estreno más glamuroso, y es que dirá ella que siempre ha habido clases.

En España esta semana asistíamos a la combinación entre los dos principios del universo, los elementos fuego y agua a partes iguales nos sacaban a todos de nuestras casillas. El fuego salía, y sale, del asfalto de nuestras ciudades por las desorbitadas temperaturas que abrasan nuestros cuerpos y, como decía un sevillano esta semana, "es que no puedes ni pensar". Yo habría dicho otra cosa, pero acepto esta excusa, más que nada por las contras que surjan sobre este artículo (recuerden que estoy con una diadema de Shreck en la cabeza a 43 grados, muy bien no puede salir esto). Y el agua resurge de nuevo (y lo que nos queda) de parte del trasvase. El trío antiderogación se reúne en Murcia con un Arenas que aparece desblanquío, extrañamente ha perdido el moreno que lucía cuando era ministro y ahora en verano luce una pálida tez, y un Camps que suelta una lindeza de amárrame esos pavos. Resulta que él tiene la teoría de que el PP, de aquí a tres horas, vuelve al poder y por ello blindan y conservan el trasvase hasta esa fecha. Podemos entenderlo de dos maneras: 1. El PP aún no ha salido de ese estado de shock que le supuso la derrota y en esa ensoñación pronostica la vuelta por sus fueros, 0 2. Creen que el sufrido pueblo se toma en serio las agónicas promesas y teorías gastadas que una y otra vez repiten unos y otros.

Recién descubierta la teoría sobre que los de Atapuerca poseían la facultad del lenguaje pero que aún está por descubrir que supieran cómo utilizarlo me salpica, desde la pantalla, la exquisita oratoria a la que nos están acostumbrando los actuales protectores de la patria. Si hace un tiempo una diputada llamó marrano a Aznar, ahora Labordeta se pone gallito (otra vez) y dice gilipollas a un diputado del PP (no se pierdan los 'tiioo' que suelta para terminar), ahí no acaba la cosa y, el jueves, el abrumado