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'Stranger Things' se despide de los ochenta

El tráiler del episodio final de "Stranger Things"

El tráiler del episodio final de "Stranger Things" / Europa Press

José Antonio Martínez Perallón

Fin de ciclo. La cita para despedirnos de 'Stranger Things' estaba señalada a las dos, hora española, de la madrugada de Año Nuevo. Un evento mundial, que en España tenía el aliciente de contar con la Puerta del Sol invadida de luminosos que homenajeaban la tipografía de la serie. Los noctámbulos que quisieran aguantar despiertos hasta el evento, contaban para amenizar la espera con los nostálgicos clips acompañados de los irónicos subtítulos de 'Cachitos', el programa con el que La 2 despidió el año. La poderosa franquicia de Netflix se ha despedido por todo lo alto y es de esperar que los menos impacientes vayan incrementando las audiencias a lo largo del fin de semana. Paras subrayar la importancia del acontecimiento, en Estados Unidos incluso llegó a proyectarse en cines, un dato que adquiere relevancia en estos tiempos de posibles fusiones con HBO y los temores de los escépticos de que Netflix deje de lado la gran pantalla. En España, en cambio, parece que solo se podrá ver por televisión, lo que no le resta espectacularidad al cierre, pero sí cambia la experiencia.

El final, además de ser muy palomitero, ha estado cargado de simbolismo: en las últimas escenas del espectacular episodio final hemos dado el salto hasta el año 1989. Los ochenta han terminado, igual que la infancia de sus protagonistas. En los cines se estrena 'Indiana Jones y la última cruzada', la película con la que muchos nos despedimos del arqueólogo que Steven Spielberg convirtió en uno de los grandes iconos de la década. Es cierto que el personaje volvería años después en un par de entregas más, pero nunca fue lo mismo: los años no pasan en balde. Yo vi esa película en el cine Carlos III de Pamplona, cuando me disponía a iniciar mi segundo año de universidad. Del mismo modo que los cines donde vi las películas míticas de mi infancia en Alicante tampoco existen ya. Han sido sustituidos por esos multicines enclavados en macrocentros comerciales de los que la serie nos alertaba en su tercera temporada. Me permito insertar aquí este dato personal porque ese cine ya no existe. Así que la referencia no podría estar mejor escogida para simbolizar el fin de una época. La serie nació como un homenaje al cine que marcó a toda una generación. Fue uno de los títulos bandera de Netflix, parte de aquella primera oleada de series que abrieron el fuego de la plataforma de pago, poco después de 'House of Cards', 'Orange Is the New Black' o 'Narcos'. La mayoría de ellas se fue desinflando a medida que avanzaban las temporadas y su despedida fue mucho más discreta que el ruido que había provocado su llegada. 'Stranger Things' se ha mantenido como fenómeno durante estos años y necesitaba un adiós a la altura de su legado.

Para ello ha optado por un episodio final de 130 minutos, duración ligeramente inferior a los 140 del último episodio de la cuarta temporada. Aquella vez, después de un final tan largo, parecía difícil superar la tensión y la épica; en esta ocasión, los creadores decidieron centrar el peso en lo emocional, cargando las tintas en los personajes y la despedida, en lugar de alargar aún más la acción. Aun así, toda esta quinta temporada ha servido de fin de ciclo y de despedida. El capítulo ya arranca sin dar tregua, con cerca de hora y media trepidante de batalla final contra Vecna, y se permite después un largo epílogo de despedida. Un doble cierre: el de la trama y otro, más simbólico, que certifica el final de una época.

Han pasado diez años desde que empezó la serie y en ese tiempo sus protagonistas han dejado de ser niños para convertirse en adultos. Aunque en la trama, el lapso de tiempo transcurrido es menor, casi la mitad. No es casual que el relato se cierre con su graduación en el instituto. Se han hecho mayores. A partir de ahora, fuera del colegio, los chicos de la pandilla tendrán que apañárselas solos, sin la ayuda de Once (Millie Bobby Brown), que durante estos años funcionó como un perfecto 'deus ex machina', capaz de resolverlo todo cuando la situación se volvía desesperada. De hecho, la propia serie llevaba tiempo preparando ese tránsito, obligando a los personajes a enfrentarse a las amenazas de turno cada vez con menos dependencia de su superheroína particular. El hecho de que se habían hecho mayores era algo más evidente que la salida del armario de Will Byers (Noah Schnapp) en este tramo final.

En ese contexto, la evolución de Will tampoco puede considerarse una sorpresa. El propio actor llevaba pronunciándose públicamente sobre la homosexualidad de su personaje desde antes de la cuarta temporada, por lo que su monólogo en el séptimo episodio, compartiendo esta revelación con sus amigos, no debería haber pillado desprevenido a nadie. Tampoco, claro, a los haters de turno, que se apresuraron a puntuar el episodio con las valoraciones más bajas posibles como protesta contra lo que ellos denominan inclusión forzada de Netflix. Una polémica previsible y casi rutinaria. Lo importante, es que Will pasa de víctima a héroe. También queda la duda de si esos años en los que ha tenido sus sentimientos escondidos, significaba que estaba enamorado de Mike Wheeler (Finn Wolfhard), el líder de la panda y protagonista de la serie. Ese desplazamiento del heroísmo resulta especialmente evidente en la batalla final. No es Once quien asesta el golpe definitivo, ni ninguno de los personajes más jóvenes llamados a heredar el protagonismo. Es Joyce Byers, el personaje de Winona Ryder, quien literalmente acaba con Vecna, la amenaza que ha marcado Hawkins durante toda la serie. Ryder fue el gran reclamo inicial de la serie, el rostro adulto que conectaba el relato con la iconografía del cine de los ochenta. Que sea ella quien cierre el combate funciona como un círculo que se completa: la madre que inició la historia buscando a su hijo es también quien pone fin al mal que los ha perseguido.

Pero no es la única heroína adulta. Carol Byers, la madre de Mike interpretada por Cara Buono, logra también su momento de gloria. Durante toda la serie, Carol parecía ausente y anulada por su marido; en el final, sin embargo, encuentra su espacio y se convierte en heroína por derecho propio. La serie reparte así la épica de manera equitativa, reconociendo que todos los miembros del elenco, grandes o pequeños, tienen algo que aportar al cierre. En este repaso al reparto, hay que destacar la presencia de Linda Hamilton, icono de los ochenta gracias a la saga 'Terminator', convertida aquí en villana, como jefa de los militares que están detrás de los oscuros experimentos que expandieron el mal por Hawkins.

La banda sonora, con temas icónicos de los ochenta, constituye otro de los pilares emocionales de la serie. Tras haber usado canciones que fueron himnos de aquella década durante toda la serie, en este capítulo se recurre a 'Purple Rain', de Prince, para subrayar alguno de sus momentos más tristes. La música ha sido desde el principio de la serie un hilo conductor: 'Should I Stay or Should I Go', de The Clash, en la primera temporada; 'Every Breath You Take', de The Police, en la segunda; 'The NeverEnding Story' en la tercera; y 'Running Up That Hill', de Kate Bush, en la cuarta. Al mismo tiempo, ha servido para humanizar a los personajes a través de confesiones íntimas en los momentos de crisis, pensando que van a morir: Nancy (Natalia Dyer) admite a Jonathan (Charlie Heaton) que odia a The Clash, mientras Lucas (Caleb McLaughlin) confiesa a Max (Sadie Sink) que no soporta a Kate Bush. Pequeños gestos que desmontan la mitificación ochentera y recuerdan que crecer también implica asumir contradicciones y gustos propios.

A lo largo de las últimas temporadas, la serie había ido ampliando sus referencias, incorporando guiños más allá de los años ochenta o del género fantástico, consolidando su universo y enriqueciendo su narrativa. No es casual que 'Stranger Things' se haya despedido con muy poco tiempo de diferencia del episodio final de 'Welcome to Derry', la precuela de 'It': ambas series comparten muchas similitudes, y no en vano 'Stranger Things' bebe de la literatura de terror de Stephen King. La relación se refuerza aún más al recordar que Frank Darabont, responsable de algunas de las mejores adaptaciones de 'King' (como 'Cadena perpetua', 'La milla verde' o 'La niebla'), está entre los directores de esta temporada final. Darabont también fue clave al poner en marcha la adaptación audiovisual del cómic de 'The Walking Dead', aunque se desvinculó tras la primera temporada.

El cierre es emocionalmente anticlimático, y precisamente ahí reside su fuerza. La larga secuencia final funciona como despedida de unos personajes que los fans han llegado a considerar amigos. Muchos han crecido con ellos y se han emocionado con sus aventuras, en las que nunca se rindieron ante la adversidad ni dejaron que les robaran la infancia. Héroes a su pesar. Los frikis que se convirtieron en salvadores del mundo. Y, en cierto modo, algo parecido ocurrió también con los propios protagonistas de la serie, que pasaron de ser niños a convertirse en estrellas delante de nuestras cámaras, viviendo un tránsito similar al de sus personajes. La sensación de anticlímax recuerda a finales como el de 'El Señor de los Anillos', donde se prolongan largos pasajes sin conflicto aparente o enfrentándose a amenazas triviales, pero que sirven para que el espectador comprenda cuánto han evolucionado los personajes a lo largo de toda la historia. Además, estos epílogos largos han sido una marca habitual de la serie temporada a temporada, así que para el final no iban a ser una excepción. Ahora que alcanzan la adultez, la magia se acaba.

Resulta emocionante ver esa partida de rol en la que sabes que es la última vez que los verás juntos; cuando el juego vuelve a la estantería, somos conscientes de que no será para siempre. La serie deja paso a una nueva generación de jugadores, como Holly (Nell Fisher), la hija pequeña de los Wheeler, y Derek (Jake Connelly), ese gordito repelente e insoportable que, contra todo pronóstico, consigue ganarse un hueco en nuestros corazones. Ambos personajes se han convertido en las grandes revelaciones de la temporada final.

Al final, la pandilla se separa. La vida llevará a cada uno por caminos distintos; tienen la intención de seguir viéndose, pero sabemos que el tiempo irá colocando a muchos en su sitio. Durante un tiempo, es posible que acudan a esas reuniones puntuales, pero siempre quedará la sensación de que aquellos tiempos pasaron y que todos tendrán nuevas vidas. Netflix pasa página, aunque es casi seguro que, dada la magnitud del éxito de esta serie, veremos nuevos 'spin-offs'. No sabemos si estarán ambientados en otras décadas, o incluso en nuevos escenarios, pero algún día, tarde o temprano, la partida volverá a comenzar.

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