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Crítica

'Obi-Wan Kenobi', la serie: ¿qué necesidad?

Estarán de acuerdo conmigo en que 240 minutos, mínimo, para contar por qué Kenobi y Leia se llevaban bien es excesivo

Ewan McGregor interpreta a Obi-Wan Kenobi en la serie. L.O.

Lo he dicho un millón de veces, uno no puede estar en todo y, menos aún, en el momento justo. Como fan oficial que soy de Star Wars, estaba obligado por decreto divino a ver Obi-Wan Kenobi, que indaga en el personaje de Kenobi entre La venganza de los Sith y la película original, La guerra de las galaxias. De este puzle espacio temporal hablaremos más adelante si me queda espacio. La cuestión es que Kenobi iba a ser originalmente una trilogía de películas, pero el «relativo» fracaso de Solo. Una historia de Star Wars paralizó de golpe un puñado de trilogías que se estaban cocinando en Lucasfilm, entre ellas Kenobi

Hace unos meses, cuando se estrenaba Kenobi en Disney +, me preguntaba en estas mismas páginas si habíamos ganado o perdido con el hecho de que la serie que hoy conocemos hubiera pasado de largometraje a ficción seriada en capítulos. Ya conozco la respuesta. Hemos perdido.

Quizá, y esto también es importante, no hacía falta contar este lapsus de tiempo del que, sea dicho de paso, pocos nos habíamos preguntado nada. Es decir, que quizá tampoco hubiéramos ganado con una película o, peor aún, una trilogía. Se supone que los seis episodios de entre 40 y 50 minutos largos nos argumentan el vínculo que había entre Kenobi y la princesa Leia para que esta última dijera aquello de «ayúdame, Obi-Wan Kenobi, eres mi última esperanza» en la película original de Star Wars. Estarán de acuerdo conmigo en que 240 minutos, mínimo, para contar por qué Kenobi y Leia se llevaban bien es excesivo. 

La otra gran excusa de Obi-Wan Kenobi es que sale Darth Vader. Es cierto, pero no tiene la voz de Constantino Romero y, francamente, creo que ha empezado a dejar de impresionar. Gérard Lenne dijo aquello de que un estereotipo era un signo vaciado de su significado a causa de su abuso. Es decir, si acudimos constantemente al mismo signo para sugerir la misma idea, al final el signo original pierde su significado. Por mero exceso. Y de Darth Vader se ha tirado demasiado durante los últimos cuarenta y tantos años. O, dicho de otro modo, Vader empieza a andar escaso de significado. Y, más aún, si subrayamos (como se hace en Kenobi) que bajo la máscara está Hayden Christensen, el actor que a punto estuvo de cargarse un icono cultural como Darth Vader.

No lo consiguió porque los fans hicimos de tripas corazón y porque decidimos centrar nuestras miradas en otras cosas que no fueran Christensen, sobre todo cuando estaba Ewan McGregror, que, sin duda, era un Obi-Wan Kenobi ideal. Sin embargo, que McGregor fuera una buena elección de casting no justifica que, ahí donde esté, todo tenga razón de ser.

Y Obi-Wan Kenobi es un digno ejemplo. No solo cuenta un espacio de tiempo en el que había poco o nada que contar, sino que además es aburrida y lenta. Obviamente la cosa se va animando en los dos últimos episodios, pero mientras tanto ya nos hemos tragado cerca de cuatro horas de una historia que no lleva a ningún sitio. Y aún cuando se anima: ¿qué emoción puede tener un enfrentamiento entre Kenobi y Vader cuando, es evidente, que ninguno de los dos va a morir? Es más, tampoco se van a decir nada nuevo, no nos engañemos. Hay seis películas dándole vueltas al mismo tema, proponer algo diferente, distinto y/o/u original era muy difícil, eso está claro. 

Además, se advierte de que a pesar de su holgado presupuesto (en torno a los 150 millones de dólares), hay algo de precario en su producción. El inicio con el imperio matando a los jedis es malo por puro planteamiento, las escenas de acción resultan insípidas y sus personajes, aunque conocidos, parecen planos porque no aportan ni dicen nada de valor. Ni si quiera que John Williams compusiera el tema principal de la serie arregla el desaguisado porque ahí está Natalie Holt para cargarse el conjunto con una banda sonora insípida, aséptica e intercambiable como una anchoa en una marinera cualquiera.

En conclusión, que si no la ven, mejor. Yo, como fan de Star Wars, me resultó agónica terminarla y lo hice únicamente por principios. Pero con esto de estirar el chicle de La guerra de las galaxias, estoy empezando a pensar en hacer como Groucho Marx y cambiar mis principios. Total, en la maleta tengo unos cuantos. 

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