Kiosco

La Opinión de Murcia

Crítica

'El hombre contra la abeja': vuelve Rowan Atkinson

No es la serie más divertida de la historia, pero funciona. Para empezar, porque cada episodio no supera los diez minutos. Primer logro. Evidente, por otro lado. Lo bueno, si breve, dos veces bueno

'El hombre contra la abeja' está disponible en Netflix. L.O.

Yo entiendo que haya quien vea a Rowan Atkinson y le produzca un desprecio inexplicable. Puro rechazo. No se trata de que sea gracioso o no, sencillamente es que no pueden ni verlo. Están en su derecho. Pues bien, queridos lectores con un antojo de misantropía específica hacia el señor Atkinson, dejen de leer aquí. Nos vemos la semana que viene.

Los que quedan, suponiendo que quede alguien. Tengo que admitir cierta simpatía innata hacia Rowan Atkinson. Y no solo por su célebre personaje, Mr. Bean (una serie de la televisión británica que a pesar de su abrumadora popularidad contó únicamente con una sola temporada compuesta por 14 episodios y un puñado de capítulos extra), sino porque en el resto de sus interpretaciones, Atkinson ha desarrollado lo que quizá era la mejor virtud del ya lejano Bean, el carácter de mimo que tenía aquel.

La ausencia de palabra lo reducía todo a la imagen y al hecho de que, sin la necesidad de tener detrás a un Orson Welles, quien estaba detrás, dirigiendo a Atkinson, tenía que disponer de un sentido visual muy bien desarrollado.

Esta miserable nimiedad, créanme, no es algo que abunde. Porque sí, tenemos a grandes cineastas componiendo verdaderos cuadros pictóricos de gran presupuesto, pero ahora, cuéntenme una microhistoria, un gag, un chiste, solo con un tipo delante de la cámara. Aquí hay que tener algo más que un desarrollado sentido de la narrativa audiovisual, sobre todo si hablamos de comedia, hay que tener olfato para la comedia y esto no lo tiene cualquiera. De esto pueden estar seguros.

Y digo todo esto porque por sorpresa (al menos para mí) Rowan Atkinson ha aparecido nada menos que en Netflix, en una inesperada y delirante serie titulada, El hombre contra la abeja. Así, como lo leen. Y no habría que dar muchas más explicaciones sobre lo que trata la serie en cuestión. En efecto, un hombre se las tendrá que ver con una abeja que se dedicará a hacerle la vida imposible hasta extremos absolutamente demenciales. En El hombre contra la abeja, Atkinson interpreta a Trevor, un hombre al que dejan encargado de una lujosa mansión mientras sus dueños están fuera, y que se las tendrá que ver con un simple, ridículo y puñetero antófilo.

Bien es verdad que el tal Trevor, en realidad, casi que no necesitaría insecto alguno para liarla parda, porque él solo se las pinta divinamente para montar un auténtico pifostio en casi cualquier estancia de la casa en cuestión.

Tal vez por esto es evidente que a la serie protagonizada por Atkinson no hay que pedirle demasiado. Quiero decir. Hay que pedirle humor. Nada más. Pero que nadie busque trascendencia. Parece que los productos sin trascendencia están condenados al ostracismo cuando narrar, sencillamente narrar, de forma correcta, lo que está ocurriendo, ya es un logro en sí mismo. Y más aún, si es comedia de lo que estamos hablando.

Llegados a este punto hay que admitir una cosa. El hombre contra la abeja no es la serie más divertida de la historia, pero funciona. Para empezar, porque cada episodio no supera los diez minutos. Primer logro. Evidente, por otro lado. Lo bueno, si breve, dos veces bueno. Esta es una verdad absolutamente platónica cuya evidencia es patente en El hombre contra la abeja. Puede que sus episodios no sean la brillantez hecha comedia, pero son divertidos y ocurrentes, y duran tan poco que casi no da tiempo a sacarle defectos.

Por si fuera poco, detrás de El hombre contra abeja, además de Atkinson, creador de la serie junto con Will Davies, está David Kerr, para mí, junto a su actor protagonista, el verdadero diamante en bruto de la propuesta. Kerr es un nutrido director de cine y televisión inglés que, entre otros logros, tiene en su currículo haber participado en una de las mejores series de televisión de todos los tiempos, Inside nº9 (búsquenla y véanla y, si no les dice nada sus dos primeros episodios, abandonen toda esperanza). El hecho de que el nombre de David Kerr aparezca en esta última serie ya es garantía más que suficiente para que al menos El hombre contra la abeja sea una propuesta digna de ver. Como poco, de intentar. Vamos, de darle una oportunidad.

Eso sí, uno debe ser un defensor del humor a toda costa, cueste lo que cueste. Digo esto por algo de lo que ya hemos hablado en alguna ocasión, eso de que hay más gente prevenida para ofenderse que verdaderas ofensas. Y no es que El hombre contra la abeja sea una serie de un humor hipotéticamente ofensivo, pero es que hace unos días leía una entrevista a Rowan Atkinson que defendía precisamente eso, que todo, absolutamente todo, es susceptible de ser cómico. Y lo dice alguien que vive de esto, de hacer reír y que no se caracteriza precisamente por un trazo negro en su humor ni nada de eso, pero el simple hecho de que defienda un humor de puertas abiertas lo dignifica sobradamente.

Estoy cansado de decirlo, hoy La vida de Brian sería una película impensable, imposible, quizá, casi ilegal. Por lo tanto, creo que es evidente; no hemos avanzado en la tan cacareada libertad de expresión. Hemos retrocedido.

Compartir el artículo

stats