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La Opinión de Murcia

Crítica

'La ciudad es nuestra': directa al grano

Se trata de una serie tan directa y fría que, a veces, casi parece un documental dramatizado

'La ciudad es nuestra': directa al grano L.O.

Cuando una distribuidora manda una serie para que sea valorada por los críticos de los diferentes medios, generalmente se suelen pasar dos, tres, a lo sumo cuatro episodios. Se supone que, con esas referencias, un crítico debe aventurarse sobre si la serie será buena o mala o, en todo caso, augurar sobre lo que se puede llegar a esperar de ella. Pues bien, vamos a aventurarnos un poco.

El otro día vi los dos primeros episodios de La ciudad es nuestra. Tenía previsto ver solo uno, pero al final terminé viendo dos. Esto ya es un avance de por dónde van a ir los tiros. Detrás de esta serie de HBO está un gigante de la televisión, David Simon, responsable de títulos como The wire (2002), Show me a hero (2015) o The deuce (2017).

Pero, sobre todo, y esto es lo que a mí más me interesa, Simon es un periodista que estuvo trabajando durante 14 años en el The Baltimore Sun, cubriendo sobre todo sucesos e información policial, lo que implica varias cosas que veremos a continuación.

La ciudad es nuestra nos cuenta la historia de los suburbios de Baltimore en donde la policía no es, precisamente, la principal garante de la ley. La serie de Simon toma como excusa el libro de Justin Fenton para retratar las alcantarillas de la policía de la ciudad del estado de Maryland, algo que Simon conoce a la perfección.

Cuando uno comienza a ver La ciudad es nuestra lo primero que viene a la cabeza son cintas de los 80 pero con aroma a los 70 como Distrito apache. El Bronx (Daniel Petrie, 1981), El príncipe de la ciudad (Sidney Lumet, 1981) o Distrito 34. Corrupción total (Sidney Lumet, 1990). Es evidente que la serie huele a Lumet o, por lo menos, a lo que el cineasta pretendía con sus películas.

La respuesta de Simon es un retrato muy poco esperanzador y enmarañado sobre la policía de Baltimore y sobre quienes la componen y la rodean. De hecho, La ciudad es nuestra es una de esas propuestas en las que conviene tener a mano papel y bolígrafo, porque las referencias a otros personajes y a otras situaciones son continuas, por lo que más vale estar atento si uno no quiere perder el hilo.

Ahora bien, también les digo una cosa: hacía tiempo que no veía una historia que fuera, de forma tan directa, al grano. La serie de Simon no se pierde en descripciones lacónicas o redundantes sobre los personajes como si esto los humanizara.

Este concepto está o debería estar pasado de moda. Un personaje no lo define su pasado (en buena medida sí, pero no vamos a entrar ahora en esto). Que haya matado a un niño o que sus padres le pegaran son excusas dramáticas que ya deberían estar superadas (y dicho sea de paso, esta es una de las razones por las que Joker no me pareció una película tan extraordinaria). A un personaje también (o sobre todo) lo definen sus acciones y de esto es un palmario ejemplo La ciudad es nuestra.

La serie está protagonizada por Wayne Jenkins (Jon Bernthal, actor que interpretó a uno de los antihéroes más memorables de las primeras dos temporadas de The walking dead), un sargento de la policía de Baltimore fagocitado por un sistema adulterado ya desde el principio. En La ciudad es nuestra veremos cómo, en efecto, la ciudad, en este caso Baltimore, tiene unos propietarios, aunque no sean del todo legítimos.

En cualquier caso, como les decía al principio, solo he visto dos episodios, pero oigan, han sido memorables. Hacía tiempo, muchísimo tiempo, que no veía una serie tan certera. Tal vez por esto me aventuré con el segundo episodio, creyendo que en algún momento bajaría el ritmo.

Pero para nada. La ciudad es nuestra tiene toda la pinta de convertirse en una serie de culto, con aroma al cine policíaco de los 70 y 80 (su música de cabecera es ya muy sintomática de esto), por no hablar de que se trata de una serie tan directa y fría que, a veces, casi parece un documental dramatizado.

De hecho, no hay prácticamente banda sonora en La ciudad es nuestra, no hay tiempo para transiciones musicales, la serie de Simon va al grano. Y qué quieren que les diga, esto para mí es oro puro.

Ya hablaremos cuando la termine de si está mejor o peor en conjunto, pero, de momento, es una serie excepcionalmente recomendable con tan solo dos episodios vistos. Y, créanme, esto es realmente extraño.

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