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La Opinión de Murcia

Crítica

El bofetón de Will Smith a Chris Rock: anatomía de una hostia

Como escuché el otro día en un programa de televisión en Estados Unidos, si un chiste sienta mal te mandan a Will Smith con la mano abierta; en España, lo llevamos a la Fiscalía

Will Smith le propinó un bofetón a Chris Rock en la gala de los Oscar del pasado domingo.

Vaya por delante que dedicarle tanto tiempo y espacio a una simple bofetada es síntoma de que los premios de los pasados Oscar ya los hemos olvidado por insípidos. Y no porque Will Smith tuviera a bien propinarle un generoso sopapo a Chris Rock, sino porque las películas premiadas eran, en general, bastante insustanciales.

A la espera de ver Drive my car (Ryûsuke Hamaguchi, 2021) que dicen que es la buena y dejando a un lado Belfast (Kenneth Branagh, 2021), por la que admito públicamente tener una abierta simpatía, no creo que haya grandes títulos entre las principales nominadas. Coda (SiAn Heder, 2021) -Oscar a la mejor película- no es más que un remake diseñado al dictado de la cinta original francesa, La familia Bélier (Eric Lartigau, 2014).

Y en cuanto a El poder del perro (Jane Campion, 2021) -Oscar al mejor director-, me van a perdonar ustedes, pero es abrumadoramente soporífera. Y, en cualquier caso, como la propia gala, creo que ninguna de las dos películas va a pasar a los anales de la historia del cine.

De modo que volvamos a la hostia de Will Smith. Chris Rock hace un chiste de dudoso gusto y el marido de la ofendida se levanta y le suelta un bofetón a mano abierta en plena gala de los Oscar.

Como decía un buen amigo mío, en cualquier otro acto, si una persona del público se levanta y agrede al presentador en cualquier evento, falta tiempo para que el agresor sea echado a patadas a la calle cuando no denunciado ipso facto. Pero claro, Will Smith no.

A mí, en cambio, lo que me sorprende es que haya divisiones en esto de la hostia de Will Smith, a favor y en contra. Quiero decir, que hay quien piensa que Smith hizo bien.

Yo, me quedo un poco estupefacto cuando oigo esto, más que nada porque a mi entender, cualquier forma de violencia, insisto, cualquier forma de violencia, es inadmisible. Y esto debería sonarnos de algo ahora que tenemos una guerra a menos de tres mil kilómetros de distancia. No a la violencia sin matices. ¿Hizo bien Will Smith? No.

Y, todo esto, por no hablar de Chris Rock, que se quedó literalmente a cuadros cuando un ‘hermano’ le cruzó la cara ante millones de personas. Y salió bien de la situación, no tenía muchas opciones. Lo mejor de todo es que es más que probable que los chistes de Rock estuvieran escritos por un guionista y que el presentador únicamente los interpretara.

Nadie o casi nadie ha caído en este detalle. ¿Ese chiste más o menos acertado fue cosecha de Rock o estaba en el guion? En un evento de las dimensiones de los Oscar, yo juraría que estaba en un guion. De modo que sospecho que a Rock le pasó un poco como a Dani Mateo cuando se le echaron encima cuando se sonó la nariz con la bandera española. Es muy probable que Rock, como Mateo, solo estuviera interpretando un guion. Es decir, actuando. ¿Merece eso una hostia? 

Esto me lleva a lo que, creo yo, es la cuestión de fondo y lo verdaderamente importante. ¿Debemos censurar el sentido del humor? Personalmente ni me alegra, ni me disgusta la alopecia de Jada Pinkett y, en ningún caso, se la deseo, ni a ella ni a nadie, aunque estoy convencido de que el patrimonio de Will Smith, estimado en 350 millones de dólares, le debe estar procurando los mejores y más elaborados cuidados. Pero entiendo y comparto que le sentara mal el comentario.

Pero, ¿por eso hay que censurar un chiste? Sobre todo viniendo de un tipo como Will Smith que se ha labrado una carrera haciendo chistes y que estaría bien repasarlos todos, del primero al último, para comprobar si algún colectivo podría haberse sentido ofendido. Yo estoy convencido de que sí.

No es la primera vez que comento en estas mismas páginas que nos encontramos en un momento en el que hacer determinado tipo de cine ahora sería imposible. Yo siempre pongo el mismo ejemplo. Hoy, La vida de Brian (Terry Jones, 1979) no solo sería impensable, sino que además sería perseguida, denunciada y seguramente condenada.

Como escuché el otro día en un programa de televisión en Estados Unidos, si un chiste sienta mal te mandan a Will Smith con la mano abierta; en España, lo llevamos a la Fiscalía. Uno podrá tener sus preferencias, pero al final son formas idénticas de censura, de coacción, ante la libertad de expresión.

Smith, como apuntaba el filosofo Henri Bergson, debió de sentirse apuntalado por el peor enemigo del sentido del humor, las emociones. Sin embargo, que tengamos sentimientos no nos excluye de poder hacer chistes.

Es probable que todos tengamos un chiste que no nos haría gracia por algún motivo personal, pero eso no justifica que lo tengamos que prohibir, o que lo tengamos que denunciar o que tengamos que abofetear a su principal (o aparente) responsable.

La risa es síntoma de inteligencia, como decía Bergson, que afirmó que lo cómico exige algo así como la anestesia momentánea del corazón para que surja efecto, ya que se dirige a la inteligencia pura.

Y no lo digo yo, lo dice un filósofo, y, además, francés. De modo que lo dejo ahí.

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