Historias para no dormir (1966) supuso un trauma para el público español. Cuando los telespectadores creían haber superado el mal trago que había supuesto superar Alfred Hitchcock presenta (1955), llegó el genio de la televisión española durante casi tres décadas, Narciso Ibáñez Serrador (más conocido como Chicho) para marcar un antes y un después en el medio. Y el principal escollo al que se enfrentaban estas nuevas Historias para no dormir (2021) es que, por buenas que fueran, no iban a suponer ningún trauma para nadie.

El público actual está demasiado acostumbrado a contemplar atrocidades sin parangón en cualquier momento. Años atrás diríamos que la culpa la tienen los informativos o los reality shows, pero lo cierto es que la cosa se está yendo de madre. Ahora solo hace falta desbloquear el móvil, entrar a una red social o teclear las palabras mágicas en YouTube.

En el pasado Festival de Cine Fantástico y de Terror de Murcia, el Sombra, el propio Alejandro Ibáñez, hijo de Chicho, me enseñó en escandalosa primicia el teaser de estas Historias para no dormir. La cosa pintaba de fábula. Cine fantástico sin concesiones y un elenco de directores casi inmejorable: Rodrigo Sorogoyen (El reino), Paco Plaza (Verónica), Rodrigo Cortés (Enterrado) y Paula Ortiz (La novia). ¿Qué podría salir mal?

No nos vamos a engañar, Historias para no dormir versión 2021 no se parece en casi nada a la de 1966. No podía parecerse. De haberlo hecho habría sido una idiotez. Se tenía que diferenciar, y, más aún, cuando ha tomado como referencia episodios de la serie original. Es decir, que estas Historias para no dormir son esencialmente ‘remakes’ de una serie de episodios seleccionados de la propuesta original de Chicho. Esto, que, en esencia, no tendría por qué ser ni bueno ni malo, aunque sí sospechoso, hace que cuando uno vea los nuevos episodios no pueda evitar comparar el efecto que aquellos capítulos causaron en comparación con los actuales.

A mí, lo que más me llamó la atención es que de los cuatro episodios no hay ninguno abierto y decididamente terrorífico que abrace el fantástico sin concesiones. El único, El asfalto, que no es estrictamente terrorífico. De todos modos, puede que sea el más horrible y, tal vez, y contra todo pronóstico, sea de los mejores.

Quizá tenga algo que ver su duración, es el más corto de todos, solo 41 minutos. Paco Plaza empieza como el más original y nostálgico de todos (su episodio arranca en el rodaje de una película del propio Chicho), sin embargo, conforme va avanzando se va tornando menos fantástico y más extraño, aunque su conclusión no deje de ser un tanto previsible. 

Por su parte, creo que finalmente el mejor tajo se lo lleva Cortés. Firma el guion de El asfalto, y dirige el episodio que creo que arrastra menos complejos. La broma es un relato conciso y que va directo al grano. No tiene concesiones ni se pierde en vaguedades. Y sin ser estrictamente fantástico, sí que me parece el episodio más entregado a su género, en esta ocasión, el suspense.

El episodio de Cortés es una especie de variación adulterada de Perdición (1944), con giro final, que convierte la historia en una propuesta abiertamente posmodernista, pero que tal vez es la que más descolocada deja al personal. En cuanto a Sorogoyen y su episodio, a pesar del detallito de las mascarillas que parece que ha gustado mucho, tengo que admitir que, como al resto, según me han contado, es el que menos ha entusiasmado.

De todos modos, en conjunto creo que vale la pena ver estas Historias para no dormir. No se pueden comparar con las otras, más que nada porque no debería hacerse. Pero son propuestas entretenidas. Eso sí, que nadie vaya más allá. No hay trascendencia, ni puntos y aparte en la historia de la televisión, ni grandes apuestas, ni tampoco grandes riesgos. Son solo cuatro historias inquietantes. Unas más que otras, pero todas entretenidas, lo que ya es mucho.

Porque a pesar de lo ingente de la oferta televisiva actual, sigue siendo muy difícil encontrar productos que sean verdaderamente entretenidos de principio a fin, y ya no digamos que nos provoquen malos sueños. Historias para no dormir, la original y la actual, no pretendían tanto evitar que ‘conciliáramos’ el sueño como invitarnos a tener ‘malos sueños’. Y esta nueva versión también aporta sus granitos de arena. Aunque sean puntales y diseminados, están ahí. Solo hay que darles un par de vuelas a posteriori. Y esto también es bueno.