Way down es una de esas películas que a mí me gusta llamar ‘bipolar’. ¿Por qué? Pues porque es tan buena como mala. O, mejor aún, según los ojos con los que sea contemplada, el resultado será uno u otro. En cierto modo, títulos como el de Jaume Balagueró son la síntesis perfecta de la teoría de la relatividad llevada al arte. ¿Qué valor tiene lo que estamos viendo? Todo es relativo a los ojos que lo estén observando, a las preferencias, a las expectativas... Einstein hacía referencia al espacio y al tiempo, yo, en cambio, tiraré de conceptos mucho más mundanos, el drama y la narrativa cinematográfica.

El drama. ¿Qué nos cuenta Way down? En esencia es el robo a una de esas cajas inexpugnables. Para la ocasión, y aprovechando que la cinta es española, el Banco de España de Madrid, que aquí se parece más al Pozo de Almas de En busca del arca perdida. Yo no sabía que la caja fuerte del Banco de España soportaba semejante leyenda, suponiendo que sea cierta, aunque esto es lo de menos. Aquí, además, hay una peculiaridad, y es que el robo se llevará a cabo en plena final del mundial de Sudáfrica, cuando España ganó con su famoso gol de Iniesta y miles de personas se agolparon en la plaza de Cibeles para contemplar el partido en pantallas gigantes. 

Como podrán observar, la historia no es que sea un prodigio de originalidad, pero ya es curiosa y, como mínimo, despertará cierto interés. El robo, además, será uno de esos planteamientos minuciosos en los que entrarán en juego multitud de variables que tendrán que ser todas controladas al unísono si queremos que todo salga bien. Es muy fácil que el espectador entre en el juego y que se introduzca dentro del laberinto de intrigas y engaños que salpicarán la historia.

La narrativa. Way down tiene unas claras aspiraciones internacionales, de modo que ha sido rodada en inglés y, además de contar con algunas de las estrellas más importantes del panorama nacional (Emilio Gutiérrez Caba, José Coronado y Luis Tosar), cuenta también con algunos actores de segunda, tercera o cuarta fila. Tal es el caso de Freddie Highmore (protagonista de The good doctor), Astrid Bergès-Frisbey, vista en El rey Arturo. La leyenda o Piratas del Caribe. En mareas misteriosas, Liam Cunningahm -Davos Seaworth en Juego de tronos- y la actuación estelar (y fugaz) de Famke Janssen, en su día prometedora estrella que saltó a la fama en X-Men.

Por lo demás, su director, Jaume Balagueró ha puesto sobre la mesa todo su arsenal de efectismos narrativos para confeccionar una historia en la que el espectador no tenga un mínimo para respirar y mucho menos para preguntarse si tiene algún sentido lo que está viendo. Pero, al final, de esto se trata también y, sobre todo, en una película como esta que afortunadamente tiene muy claro para qué ha sido hecha y cuáles son sus aspiraciones. 

Way down no quiere otra cosa que no sea hacer pasar un rato entretenido al espectador y si esta es su finalidad última, hay que reconocer que la cinta no tiene una pega. El film no se pierde en vaguedades que no llevan a ningún sitio ni se pone a retratar dramas vacíos de personajes que no existen. Aquí de lo que va el asunto es de un robo y no hay la menor duda de que la película va al grano.

¿Que no es muy original? Tampoco lo pretendía. ¿Qué la vamos a olvidar nada más salgamos del cine? No buscaba otra cosa ¿Que sus cerca de dos horas pasan como un suspiro? Si uno entra en el juego y se olvida de lo insustancial que está viendo, el tiempo pasa volado.

Otra cosa es que no sea una gran película. No lo es, pero tampoco lo pretendía. Es una cinta de acción con cierto aroma clásico, pero porque todos sus recursos los pone al servicio de la historia, aunque esta sea tan simple como poner a cinco monigotes robando un banco. Se tiende a pensar que para que una historia funcione debe haber personajes, y películas como Way down demuestran que no es así, siempre y cuando, y esto es importante, no los trates como tales e intentes darles un pasado que no importa a nadie.

Si no tienes personajes y lo sabes (y esto es lo que hace Way down), utilízalos como monigotes y seguramente la cosa funcione aún mejor. Si para rematar dejas la verosimilitud a un lado y conviertes el atraco al Banco de España en una especia de En busca del arca perdida, mucho mejor. Así, como resultado final tendremos un artefacto de feria perfectamente empaquetado y listo para detonar y provocar un espectacular castillo de fuegos de artificio. Pero nada más. Pero para pasar un rato entretenido y fútil. Esta es su película perfecta.