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La Opinión de Murcia

Óbito

José García Martínez, la zarabanda que no cesa

El reconocido periodista jumillano, que firmó durante años una de las columnas periodísticas más longevas de la prensa española, ‘La Zarabanda’, fallece a los 81 años

José García Martínez junto a su mujer, Pepita Jiménez.

Cincuenta y ocho años de trayectoria en un mismo medio de comunicación llevaba el periodista García Martínez y, de ellos, cuarenta y ocho redactando una columna de opinión diaria ‘La Zarabanda’. Más de 17.500 artículos en los que se reflejan hechos históricos, grandes y pequeños, de un injustamente denostado periodismo de periferia, y que hacen de García Martínez un periodista único como así quedó demostrado en la tesis Análisis e Interpretación de la columna de opinión en la obra periodística del murciano José García Martínez que se defendió en la Universidad de Murcia.

Como tuve ocasión de contar en el libro Periodismo con sentido común. El caso García Martínez, al periodista lo conocí en mis tiempos de reportera de calle en la Cadena SER. Solía cruzarme con él por Murcia. Lo veía aquí y allá tomando notas para su sección del periódico y, en ocasiones, como yo ya le leía en La Verdad y me gustaba lo que contaba, y lo tenía además por una persona culta y cultivada y con mucho dominio de la ciudad, hasta le preguntaba todo tipo de dudas. ‘Señor García, ¿me puede decir dónde puedo localizar tal cosa o tal otra?’, y él me lo contaba.

Pasaron muchos años y yo seguía leyéndole y teniéndole como referencia, hasta que, en una distendida conversación entre amigos a la que tuve la suerte de asistir, el catedrático de la Facultad de Educación de la Universidad de Murcia, Pedro Guerrero, aseguró que «hay lingüistas que querrían poner un micrófono bajo las mesas de los bares y bajo los bancos de las plazas públicas, para oír cómo y de qué habla la gente». «García Martínez es así: pone el oído por las calles y luego nos dice lo que la calle cuenta», añadió. Y con esta sencilla descripción, sin él saberlo, acababa de invitarme a adentrarme en la investigación sobre un periodista singular cuya vida y obra me fue atrapando de tal manera que culminaría en una tesis doctoral.

El profesor defendía también aquel día que García Martínez encarna «el periodismo del sentido común» y lo describía como un periodista al que le gusta abordar temas sencillos, que se discuten en la calle y que, en definitiva, constituye la preocupación de los ciudadanos. Añado yo, tras conocerlo más, que estamos ante un periodista vocacional que muestra un gran apego por la Región de Murcia y más aún por su Jumilla natal, que tiene una obsesión por hacerse entender, y, como también apuntó Guerrero, que lleva a «Murcia en el corazón».

Cuando inicié la tesis nunca pensé que mi ocupación le brindaría a García Martínez la oportunidad de ver reunido todo su trabajo y comprobar que había valido para algo (para tanto, diría yo). El propio García Martínez tuvo la ocasión de leerla, poco antes de su defensa, y opinó lo siguiente: «¿Que cómo me veo a mí mismo leyendo sus conclusiones sobre mi ‘Zarabanda’?.

La verdad es que me redescubro justo como creo ser, que es también como espero que me contemplen los lectores, si los hubiere. Digamos que me tengo por un periodista de diario, practicando una literatura que, para bien o para mal, se aparta siquiera un poco de lo que se lleva en la prensa española. Algo es algo».

Pero no solo me atrapó su voluminoso trabajo porque su obra no son solo los artículos, hablamos de todos los géneros periodísticos, de innovación y de libros. Estudiarle fue mi suerte y conocerle mi aprendizaje. Hoy, cuando las llamadas y los mensajes se agolpaban para preguntarme cómo me encontraba al saber del fallecimiento de García, he sido consciente de que he sabido trasladar el respeto y cariño que por él he sentido, siento y sentiré de por vida.

Sigo defendiendo que debemos un respeto a quienes nos han antecedido en una profesión como la nuestra, con periodistas como García Martínez, a quienes les costó tantísimo asentar las bases de su particular periodismo y que siguen abriendo camino al seguir trabajando con tanta ilusión e incluso innovando a pesar del paso del tiempo y del avance de la edad.

Y pienso en su mujer Pepita, en sus hijos, Jesús, Tati y Nuria, en sus nietos, familia, amigos y en sus paisanos, los jumillanos y jumillanas por los que él siempre demostró su pasión y su pueblo se lo reconoció otorgándole la máxima distinción, la de Hijo Predilecto.

Lo más increíble es que él pensara que no lo merecía, pero lo más grande es que recibiera el reconocimiento en vida como hoy, seguro, va a recibir el cariño de todos los que un día le leyeron.

Leo uno de sus innumerables correos en el que me dice: «Le he arreglado, maniático hasta el final, el espacio en blanco que le quedaba antes de algunas comas. Y he dejado un sólo José García Martínez, porque demasiado José, quieras que no, molesta».

Siento que no puedas corregirme esto que te dedico. No te enfades si he repetido tu nombre y he dicho todo lo que representas para el periodismo.

Y espero que me digas: «Lo veo bien. Condiós».

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