Vivimos en una sociedad donde en ocasiones no nos paramos a valorar las cosas más importantes y que las tenemos al alcance de nuestra mano en cualquier momento.

Seguramente todos tenemos en el recuerdo de nuestra memoria muchos de aquellos regalos y obsequios que hemos recibido desde que tenemos razón de ser, sin pararnos a pensar cuál es el que más ilusión nos hizo desde pequeños.

Hoy escribo estas líneas en recuerdo al mejor de los regalos que unos padres pueden hacerle a un hijo y es ni más ni menos que un hermano.

Un hermano es más que un amigo, un hermano es más que un compañero, un hermano es más en todas y cada una de las cosas que desde el amor y el cariño se comparten desde niño hasta la edad adulta.

El pasado sábado se fue así, como de repente, mi hermano Sergio, un ángel que a sus 42 años de edad ha conseguido sus alas para subir a lo más alto del cielo y cuidar de todos nosotros.

Uno no sabe cuándo será la última vez que se despida de una persona; por eso mi hermano, con una sonrisa de oreja a oreja y siempre seguido de una carcajada, decía adiós a mis padres con un ‘es lo que hay’.

Los que conocían a Sergio sabían que era más especial que otras personas, y es por ello que necesitaba de la supervisión de nuestros padres para que pudiera llevar una vida normal, aunque a él le gustara ir por libre.

Mi hermano era una persona muy querida y no conozco a nadie que haya hablado mal en todas los grupos a los que ha pertenecido, como por ejemplo jugando al dominó o como radioaficionado, donde supo dejar huella en cada momento.

Con tan solo 16 años dejó el colegio José María de la Puerta para incorporarse a PROLAM –ASTUS donde ha dedicado más de 25 años de su vida. Ha sido gracias a todo el personal que forma parte de este equipo de profesionales que ha sabido formarse como persona e integrarse en esta sociedad, donde las personas con discapacidad lo tienen mas difícil.

Nuestro Sergio nos dejó el pasado sábado con esa alegría y simpatía que, como he comentado, le caracterizaba, sobre todo cuando hacía cosas que le gustaban, como salir de excursión con sus amigas por Cartagena. Las pilas de su corazón se agotaron y dejaron de funcionar de repente, quizás porque era su momento o simplemente, como me gusta pensar a mí, ahora cada uno portamos un trocito de su corazón dentro de nosotros con otra de sus frases míticas: «La vida es la vida».

Vida es lo que nos ha dado Sergio durante todos estos años, con momentos buenos y otros difíciles. Ahora, a muchos ha dejado perplejos el recibir esta mala y triste noticia.

No es fácil despedirse de un hermano y más cuando ha dejado a sus padres José Luis y Juani y a sus hermanos José Luis y quien les está escribiendo esta columna con una sensación amarga y triste de pensar que esto es solo una pesadilla que acabará si nos despertamos. Hasta siempre a nuestro ángel alado, que permanecerá en nuestro recuerdo. Sabrás apañártelas solo ahí arriba. DEP.