Perfil
María Jesús Montero: la todopoderosa en apuros
Vino por mandato de Pedro Sánchez, que siempre que puede en público la elogia, resalta que la admira y confía en sus posibilidades. Ella también, también confía en sus posibilidades, pero entre sus virtudes está el realismo. Barrunta lo que se le puede avecinar

Lucía Feijoo Viera
Jose María de Loma
Así a bote pronto, Isabel la Católica. Salvo ella, María Jesús Montero ha sido la mujer con más poder en España. Poder político. A su condición de vicepresidenta del Gobierno había que sumar la de número dos, nada menos, del PSOE federal. Cada uno de esos cargos por separado exigiría 24 horas de dedicación. Además, era ministra. De Hacienda. Pero ahora está, a sus sesenta años, a la espera de conocer si va a obtener el peor o el penúltimo peor resultado del PSOE en Andalucía. Vino por mandato de Pedro Sánchez, que siempre que puede en público la elogia y resalta que la admira y que confía en sus posibilidades. Ella también, también confía en sus posibilidades, pero entre sus virtudes está el realismo. Barrunta lo que se le puede avecinar.
Ha pasado más tiempo en los despachos de gestión de hospitales que en los quirófanos. Tiene plaza en la Junta. Separada tras un matrimonio de treinta años que acabó sin traumas y con dos hijas, nunca ha abandonado su domicilio en Sevilla ni ha trasladado a su familia a Madrid. Asidua del AVE, le van las tradiciones andaluzas, Feria incluida; nació en Triana y es hija de profesores (José María y Conchita) de colegio público, ambos personas muy queridas en Sevilla y en los ámbitos educativos. Militó en el comunismo en sus tiempos juveniles aunque también fue activa en organizaciones cristianas de base, en una de las cuales recibió una influencia formativa decisiva de un sacerdote y confesor.
Alguna vez ha hablado de esa contradicción si es que lo es. Si es que lo es para ella. Cuando se casó dio importancia a que su boda fuera cristiana, algo con lo que transigió su cónyuge, ateo y mucho más escorado a la izquierda. El gran giro en su vida fue cuando la llamó Sánchez y cuando más tarde fue nombrada vicepresidenta del Gobierno. En su desempeño, más que el dogma marxista o el cristiano, el dogma que ha llevado a gala es el de la pertenencia y defensa del PSOE. Se dispone a ser la jefa de la oposición si es que continúa en la política andaluza. Escaño y casa en Sevilla, apariciones fugaces en teles regionales, fines de semana libres y un par de días de sesiones parlamentarias. Esa es la vida que le aguarda, quizás. Sin tiempo de descompresión: de la cainita vida política madrileña, los cenáculos de la corte, el ruido del Congreso, la furia de las ejecutivas nacionales, la dureza de las sesiones de control a los plácidos desayunos de manteca colorá, los pasillos del Parlamento andaluz y la lidia no con ERC, el PNV o Tellado, sino con Juanma Moreno, los de Vox y las cuitas del PSOE andaluz. Eso sí, si el resultado es malo y suponiendo que quiera seguir, tratando además de que no se le cuestione desde el minuto uno. No faltan socialistas que confiesan que con sacar algo más de lo que sacó Juan Espadas en las últimas ya podría salvar el socialismo andaluz el expediente.
Pero además de su presente y futuro político, anotemos que su paso por Andalucía ya fue contundente. Ejerció como consejera de Salud (2004-2012), consejera de Salud y Bienestar Social (2012-2013) y consejera de Hacienda y Administración Pública (2013-2018), una pechá de años en el machito de la administración andaluza que ahora se le echa en cara. Su gestión en Sanidad fue discutible y discutida. Fueron muchísimos años en los que la sanidad púbica era su competencia y ya nos tienen dicho los cronistas más avezados, y los sociólogos, que la percepción de que la sanidad se deterioraba fue una causa principal de la desafección hacia el PSOE andaluz, que no obstante perdió el Gobierno regional pero ganó las elecciones.
María Jesús Montero, que hace gala de su acento y que no ha logrado todos los efectivos humanos y técnicos que exigió para ser candidata, para su campaña, pero que sí está logrando ser arropada por los grandes dirigentes del partido, tiene como reto movilizar abstencionistas. Y neutralizar esa idea de que Juanma Moreno representa el voto útil para así espantar a la extrema derecha. Sus colaboradores le achacan un carácter fuerte y dicen que es muy trabajadora. Singular trabajo tuvo en los días, meses, en los que se discutía el nuevo sistema de financiación. Su argumento es que precisamente por ser andaluza no iba a dejar que el nuevo sistema perjudicara a Andalucía. De hecho, con el que se llegó a diseñar, la Comunidad sería la más beneficiada, con la recepción de miles de millones. Sus adversarios han convertido este asunto de la financiación en su talón de Aquiles y le reprochan permanentemente ser el instrumento de Pedro Sánchez para realizar concesiones a Cataluña y a los independentistas.
En agosto de 2025 Junqueras llegó a desacreditar a Montero, considerándola un obstáculo para la financiación singular de Cataluña y dudando de su capacidad para aprobar los Presupuestos y eso porque en la negociación de un mes antes, Montero frenó un plan de ERC para la recaudación del IRPF, lo que generó fricciones. Las críticas de Junqueras son un buen argumento en una campaña andaluza. Aunque ella prefiera no mover mucho este asunto.
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