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Foro La Toja-Vínculo Atlántico

El rey reinvindica la multilateralidad frente a la coacción

Felipe VI reclama, en la apertura del Foro La Toja, una papel activo en la defensa de los valores éticos como bases del nuevo mundo

Felipe VI en la inauguración de una pasada edición del Foro La Toja.

Felipe VI en la inauguración de una pasada edición del Foro La Toja. / Iñaki Abella

X. A. Taboada

El Foro La Toja-Vínculo Atlántico arrancó este jueves con la intervención del rey Felipe VI la séptima edición de este espacio de debate y análisis que se ratifica, más que nunca y en un momento muy convulso en la escena mundial, en los valores de las democracias liberales y de un orden internacional basado en la cooperación multilateral, la solución negociada de los conflictos y el libre comercio como factor de desarrollo y riqueza.

El rey reivindicó el «multilateralismo» como una herramienta esencial para resolver conflictos por la vía pacífica, algo que se perdiendo en la transición entre el viejo mundo salido de la II Guerra Mundial y el nuevo que todavía no se ha mostrado, pero que mientras el espacio lo ocupa una «época claroscura» donde el diálogo ha sido sustituido por la «coerción y la violencia». No dibujó Felipe VI un panorama onírico, sino un orden mundial que se está desmoronando y para el que reclamó un mayor protagonismo de la Unión Europea para asuma la responsabilidad de defender los valores éticos que hasta ahora han servido de guía para la humanidad y que se corre el riesgo de perderlos.

«Debemos reafirmar los valores éticos como la base firme sobre la que crear un nuevo futuro y la UE tiene la necesidad de hacerse escuchar», arengó el rey, ante un auditorio en el que estaban, entre otros, el ministro de Transportes, Óscar Puente; los presidentes de la Xunta, Alfonso Rueda, y del Parlamento, Miguel Santalices; Mariano Rajoy, Antón Costas o Pedro Blanco, además de los ponentes que participarán en el foro durante los tres días. Consciente del cambio del orden mundial, el monarca advirtió de que el lenguaje de la concertación «es reemplazado por el de la coerción y la violencia», con ejemplos como Ucrania, Gaza, Sudán o en el Sahel.

En este escenario, hasta la ONU ha perdido fuelle, sometida como está, dijo, a una «intensa campaña de descrédito», incluso por quienes la impulsaron en sus inicios, pero también debilitada por una fatiga institucional interna que limita su capacidad de respuesta. El caso es que el mundo está ahora en una situación más comprometida, «en una época en la que el multilateralismo se ve reemplazado por la multipolaridad, aparecen nuevos centros poder, proliferan actores y discursos que relativizan los valores universales, cuestionan los derechos humanos e instrumentalizan la interacción económica como simple mecanismo de presión». Frente a esta época claroscura, el rey aportó su receta: «Algunos podrían pensar que defender los valores que inspiraron el multilateralismo es una debilidad en tiempos inciertos. En realidad son nuestra mayor fortaleza.

Premios a los padres de la Constitución

Ni la radicalidad ni la división aportan soluciones, como tampoco lo hace un liderazgo que se queda en la retórica». Felipe VI también tuvo palabras para los «padres» de la Constitución española, dos de los cuales, Miquel Roca y Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, fueron ayer precisamente galardonados con el Premio Foro La Toja-Josep Piqué.

«Supieron alumbrar un texto que acogiera a todos y no excluyera a nadie», puso en valor, antes de remarcar el «espíritu de concordia» del texto y el logro conseguido en 1978 que todavía hoy «despierta admiración». Añadió que la «lección» que dieron los ponentes de la Constitución es «especialmente oportuna en tiempos de incertidumbre», ya que «las soluciones más sólidas y duraderas son siempre las que nacen de la generosidad, el diálogo y la cooperación».

Antes de la intervención del rey, tomó la palabra el presidente de la Xunta. Alfonso Rueda sacó pecho por la situación política de Galicia, en contraste con las tensiones internacionales e incluso las que se viven en España. «Galicia se precia de ser una isla de estabilidad en un debate político internacional y nacional cada vez más convulso y tensionado.

Podemos presumir de ser una pequeña excepción donde todo se discute, pero donde la confrontación no va más allá de lo estrictamente necesario», sostuvo el presidente gallego. Reivindicó la fuerza de la palabra política, esa que «denostan», dijo, los que están intersados en que «la política de verdad no funcione», cuando la realidad es lo contraio, que sí funciona y que sí sirve para resolver problemas, aunque para eso hacen falta «buenos políticos en el sentido amplio d la palabra».

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