En la crisis interna que atraviesa Ciudadanos y que amenaza con romper definitivamente la organización hay un mar de fondo ideológico importante. La tensión por las distintas sensibilidades políticas no es nueva en un partido que siempre se ha reivindicado de centro, pero que ha pasado por distintas etapas. Con Albert Rivera al mando se produjo la mayor tensión que había sufrido nunca la formación, justo después de las elecciones autonómicas y municipales de mayo de 2019, cuando la ejecutiva tuvo que debatir sobre su política de pactos. La decisión de acordar gobiernos solo con el PP llevó a dimisiones relevantes como la de Toni Roldán y a una fractura que nunca terminó de remediarse.

Con la llegada de Arrimadas, el partido inauguró una nueva senda pactista con el Gobierno de Pedro Sánchez, que tuvo su máxima expresión en los estados de alarma durante la pandemia, una intentona de hablar de Presupuestos Generales y algunas leyes posteriores. La moción de censura en Murcia para romper el Gobierno de coalición con el PP y llegar a la presidencia autonómica de la mano del Partido Socialista fue otro ejemplo que terminó muy mal para Ciudadanos.

En lo que respecta a los acuerdos con el Ejecutivo, no todos en el grupo parlamentario compartían en cada momento las posiciones, y las dudas en más de un diputado se hicieron visibles en distintos momentos. En la sede nacional había dirigentes como Begoña Villacís, vicealcaldesa de Madrid, que no está en el Congreso, que fue manifestando su disconformidad con el acercamiento al Ejecutivo.

Y en el momento actual, los dos sectores enfrentados de cara al congreso de enero también tienen posicionamientos ideológicos distintos. Aunque los dos defienden las etiquetas de liberal y progresista, la realidad es que Edmundo Bal es más proclive a pactos con el Gobierno frente al lado de Inés Arrimadas que se opone a esa opción. 

El abogado del Estado se ha quejado públicamente de lo que considera una derechización de su partido, criticando que prácticamente coincida en todas sus votaciones con el PP

Su grupo de apoyos coincide en que el objetivo de Ciudadanos debería ser en todo momento estar en medio de socialistas y populares, y no pertenecer al denominado bloque de la derecha donde están PP y Vox. Y entienden que la única fórmula es tomar distancia de los conservadores y discrepar en algunas votaciones, aunque eso implique estar al lado del PSOE de Sánchez. 

En el caso de Arrimadas, nada partidaria de alinearse con el presidente del Gobierno y que defendió en su momento una política de acuerdos con la que en realidad no se terminaba de identificar, ve imposible acceder a pactos con Pedro Sánchez ahora que su relación con ERC está completamente consolidada, con leyes encima de la mesa muy discutibles y con la reforma del Código Penal a medida de los independentistas del procés.

La ley del solo sí es sí y la ley trans

La situación es compleja pero puede complicarse todavía más. Como se ha publicado en las últimas semanas, la posición de Ciudadanos con la ley del solo sí es sí supuso un antes y un después en la relación de Arrimadas y Bal. El grupo parlamentario al completo (incluida la presidenta) votó a favor de la ley de Irene Montero. Cuando comenzaron a conocerse las rebajas de penas a agresores sexuales Arrimadas pidió explicaciones a Bal por no haber advertido del agujero jurídico que está permitiendo la revisión de condenas.

Es la conversación más desagradable que ambos reconocen haber tenido con el otro, cuando hace muy poco tiempo eran el principal apoyo político del otro. El abogado del Estado no sólo ha cubierto las bajas de maternidad de Arrimadas, sino que en los últimos dos años ha sido el escudero de la líder naranja y un referente para ella también. En el partido hablaban de Bal “como lo mejor que le podía haber pasado a la formación”, especialmente por el tándem que hacía con Arrimadas en momentos tan complicados para Ciudadanos. Y de eso ya no queda nada. De hecho, la desconfianza es máxima entre ellos y en los dos sectores dan por irreconciliable la situación.

En esa conversación, afirman ambos, se cruzaron líneas rojas. El principal malestar de Arrimadas, según explican, es que Bal “emprendiera una huida hacia adelante” en vez de asumir que se cometieron errores al no ver que podía producirse esa rebaja de condenas. El hecho de que el abogado del Estado no quisiera retractarse y mantenga el pulso ha hecho saltar por los aires la confianza de Arrimadas. El sector crítico que encabeza el portavoz adjunto reprocha con dureza a su jefa de filas “estar haciendo una campaña contra Bal, acusándolo de haber cometido ese error mientras la propia presidenta votó a favor de la ley: “Es increíble que tengamos que escuchar que la propia presidenta no decide el sentido del voto o que no tiene mando para tomar decisiones”, critican en ese lado.

Está por ver qué ocurrirá con la ‘ley trans’. También ha sido objeto de debate dentro del partido, hasta el punto de que Bal (que suele coordinar las distintas conversaciones del grupo hasta fijar una posición) tuvo que negociar enmiendas con distintos sectores de su partido. De nuevo, Villacís fue una de las dirigentes que también expresó dudas. La postura del abogado del Estado (y del partido naranja en teoría) es más cercana a la que plantea el PSOE en sus enmiendas (que los menores de 12 a 16 años necesiten de aval judicial para poder cambiar de sexo y nombre en el Registro Civil y el DNI, en vez de hasta los 14 años como dice ahora el texto que salió del Consejo de Ministros inicialmente).

Sin embargo, a la espera de ver cómo queda el texto final, hay dirigentes en el partido que ya auguran posibles discrepancias e incluso no descartan que pudieran reflejarse en el sentido del voto.

Todo indica a que la batalla por el liderazgo del partido se recrudecerá en los próximos días con el debate ideológico ocupando un espacio esencial. Y de nuevo el partido naranja se tendrá que mirar frente al espejo e interpretar lo que realmente quieren sus afiliados (y sus votantes, a pesar de que en las encuestas ya se percibe que es una bolsa muy pequeña). La última vez que la formación se sometió a este debate se impuso la visión de que Ciudadanos era ya un partido liberal y, fundamentalmente, de centro derecha.