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Comercios

El quiosco de Murcia que muchos han visto mil veces baja la persiana para siempre este lunes

La despedida de Mari Carmen abre la incógnita sobre qué pasará con uno de esos rincones de la ciudad que solo se valoran cuando desaparecen

Mari Carmen, tras el mostrador de su quiosco.

Mari Carmen, tras el mostrador de su quiosco. / @carmenceldran

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Juanjo Raja

Juanjo Raja

La ciudad de Murcia va a perder algo más que un quiosco. Va a perder una costumbre. Y las costumbres, cuando desaparecen, dejan un hueco que el hormigón y las pantallas no saben rellenar.

El próximo lunes, Mari Carmen bajará la persiana de su quiosco por última vez. Lo hará después de toda una vida detrás del mostrador, rodeada de periódicos, revistas, cromos de Panini, sudokus y entregas de obras por fascículos. Se jubila. Y con ella se va un oficio que la ciudad ya no sabe muy bien cómo sostener.

No hay relevo. Nadie esperando al otro lado para coger el testigo. Solo el silencio de una persiana metálica y el hueco que deja en la acera, entre El Corte Inglés y el hotel Sercotel Amistad Murcia, uno de esos rincones de Murcia por los que pasa todo el mundo, pero en los que casi nadie repara hasta que ya no están.

La revolución digital se cobra otra víctima

Puede que desde fuera pareciera poca cosa. Un tenderete con prensa, revistas y un gran surtido de snacks para picar. Pero quien alguna vez se acercó con unas monedas en la mano sabe que volvía con algo más: una revista de historia encontrada por casualidad o una nueva colección literaria que nunca acabará.

El cierre del quiosco de Mari Carmen no es un caso aislado. Es parte de una extinción lenta y silenciosa que está vaciando las ciudades de sus comercios con nombre propio. La revolución digital y el cambio de hábitos de lectura llevan años retirando quioscos de las aceras españolas, uno a uno, casi sin que nadie lo anuncie y Murcia no es una excepción.

El kiosco de Mari Carmen, en una captura de Maps.

El quiosco de Mari Carmen, en una captura de Maps. / L. O.

¿Habrá alguien que recoja el testigo?

Cuando cierre, quizás la persiana del quiosco de Mari Carmen amanezca cubierta de notas, fotografías y despedidas, como pasó el año pasado cuando cerró el quiosco Brigitte, la querida quiosquera de Gran Vía. Sería una despedida justa para alguien que llevó años siendo, sin saberlo, parte del paisaje cotidiano de los murcianos.

Pero más justo aún sería que alguien se animara a no dejar que ese rincón de San Esteban muera del todo. Que hubiera una segunda Mari Carmen. Murcia se lo merece. Y su barrio, también.

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